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lunes, 21 de mayo de 2012

SOBRE PREMIOS. UNOS MEJORAN Y OTROS NO (FERIA DEL LIBRO Y 4)


Desde hace un tiempo, editoriales y organizaciones en torno al libro infantil guardan sus premios para ser presentados en la Feria del Libro de Buenos Aires. No es mala idea: en dieciocho días intensos de carreras de un stand a otro, pasando siempre por una oficina de prensa que no informa de mucho en esto de la infancia, uno se hace idea del panorama de la LIJ en Argentina más allá de Buenos Aires (Capital Federal, que también existe una provincia con ese nombre mucho más poblada que la capital). Pero al asunto de los premios; este “blog” quiere otorgar los siguientes:

A LA EDITORIAL MÁS DESPISTADA: A la Editorial SM de Argentina que no sabe qué hacer con sus premios y con sus premiados. Un año apuesta por organizarlo en algún lugar de la ciudad (C.A.B.A. son las siglas de esta ciudad de Buenos Aires), que al año siguiente cambia de ubicación y barrio, que luego decide no hacerlo ese año posterior en ninguno sino esperar a la Feria del Libro (la de adultos, papi) y que en el 2012 decide otra cosa, con barco sin vapor incluido. Las dos novelas últimas premiadas de Laura Escudero y Paula Bombara merecen mejor suerte que los vaivenes de una editorial sin norte ni sur, que con cada feria mengua y que observada desde fuera no se sabe a qué juega y por donde va a salir. Quizás haya un sombrerero loco en algún lugar de la calle Belgrano que les dirige o simplemente, no hay nadie en esa editorial subsidiaria de España que tenga las cosas claras. Una lástima.

A LA EDITORIAL QUE PREMIA CUALQUIER COSA: En un lugar de Buenos Aires existe una editorial que se jacta de dar el premio de mayor cuantía económica como editorial independiente. ¿Independiente? ¿Se lo creen o se están metiendo desde las bases del premio con la editorial SM de Argentina que sí tiene el premio mejor remunerado económicamente? Esta editorial gusta de repetir jurados y elegir como premiados a lo primero que se mueve, perdón a los libros que en sus páginas más se mueven en sucesión frenética de aventuras o cuentos. Es la editorial Sigmar, cuyo premio ha sido declarado de interés cultural por el Honorable Senado de la Nación Argentina, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires y el Ministerio de Cultura e Innovación de la provincia de Santa Fe. Cuenta con el auspicio del Ministerio de Educación de la Nación, el Ministerio de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la Fundación El Libro, la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina (ALIJA), la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) y Foro 21. Esto es como en el chiste del niño que rezando se acuesta con un montón de santos que, al ser tantos, consiguen que la cama del niño se venga abajo. Todos estos avales y auspicios ¿para qué? ¿Para ofrecer cada año libros prescindibles y premiadas varias con pseudónimos de varones? Y en el 2012… más de lo mismo.

A LA JURADO QUE NO QUIERE SER JURADO, PERO SIEMPRE ES JURADO (Y MIRA QUE QUIERO QUE ME PREMIEN): Oír a la misma persona un año tras otro sus opiniones, más bien quejosas, como jurado cansa. ¿Por qué repite Norma Huidobro, una escritora notable, como jurado de los mismos premios? Zapatero a tus zapatos y escritor a tus novelas, que ya las juzgarán otros.

A LA LABOR BIEN HECHA: Los “Destacados ALIJA 2012” son unos premios que han mejorado a ojos vistas, respetando sus propias normas por primera vez, eligiendo mejores libros y autores, y con una ética detrás de los componentes de jurado pocas veces vista, que les lleva a excluir sus obras de los premios donde antes no ocurría este mínimo de “autoritas” moral. Por ello, “chapeau” a un año de galardones que se plasmó en una sala llena de un público admirador de María Teresa Andruetto, jurado de ALIJA y reciente premio Andersen, cuyas opiniones y vida se vio en un montaje lindo y con contenido. Un lujo de jurado para unas elecciones de libros más reducida, más ajustada a la realidad cultural argentina y con grandes aciertos. Se pueden ver los elegidos en http://www.alija.org.ar/?page_id=11 pero quisiera destacar su elección final como mejor libro del año a La aldea literaria de los niños: problemas, ambigüedades, paradojas de María Adelia Díaz Rönner (Editorial Comunicarte, Córdoba, 2011), un libro que es un repaso por la literatura infantil argentina y no argentina de una persona especialista de visión aguda y atinada; libro póstumo en una cuidada edición, incluida una portada o tapa donde el ilustrador Istvansch anima a abrir sus páginas.

MENCIÓN ESPECIAL AL NO DAR PIE CON BOLA INTERNACIONAL. Al Banco del Libro de Caracas (Venezuela) que otorga cada año unos premios a Los mejores libros para niños y jóvenes 2012 donde no aciertan a cumplir ellos mismos sus bases. Todos los años repiten el mismo esquema: laureles a libros publicados hace muchos años, presencia mayoritaria de unos países de escritura en español y ausencia de otros, abundancia de autores en otras lenguas… En el siglo XX y en el 2012 también, aunque –por fín- hay 2 (dos) libros venezolanos dentro del más de centenar de obras escogidas y –por fín- reaparecen libros argentinos entre la abundancia de españoles y mejicanos. Lo más asombroso fue premiar a un libro de 2002 diez años después de ser editado en España (El ángel del abuelo de Jutta Bauer). Una jurado lo tenía claro: “El jurado fue interdisciplinario: profesores, libreros, ilustradores, personas de distintos lugares del mundo del libro que ofrecieron varias visiones”. Visiones sí, pero desde ninguna atalaya, en un país cada vez más cerrado en asuntos de LIJ, donde es fácil no dar pie con bola (no acertar).

jueves, 10 de mayo de 2012

DANIEL PENNAC EN VIVO (FERIA DEL LIBRO 3)

La figura del escritor y ensayista francés Daniel Pennac (es curioso, por haber nacido en Casablanca en 1949 algunos hablan de él como escritor marroquí) se paseo por la Feria del Libro de Buenos Aires rodeada de una pequeña escolta francesa, gente de la embajada, su librera parisina preferida y periodistas galos varios que acapararon las preguntas finales (¿tienen que venir a Buenos Aires a preguntar en francés cuando lo tienen cerca, a 65 kilómetros de París?). Fue el pasado 1 de mayo, día del trabajo para Daniel y su gente.

Autor de libros para jóvenes, de la saga más bien infantil de aventuras de Benjamin Maulossène y su familia,  de álbumes ilustrados o libros-álbum y de todo tipo de libros para todo tipo de públicos, es un ensayo sobre la lectura su obra que ha cambiado la forma de afrontar el acto de leer en buena parte del mundo desde su edición en 1992: Comme un roman (Como una novela, Barcelona, Anagrama / Bogota, Norma). Cómo no, de este libro y sus 10 derechos del lector 10, versó buena parte de sus reflexiones. Así repitió ordenadamente que estos eran:

1) El derecho a no leer.
2) El derecho a saltarnos páginas.
3) El derecho a no terminar un libro.
Derechos del lector ilustrados por Quentin Blake 
4) El derecho a releer.
5) El derecho a leer cualquier cosa.
6) El derecho al bovarismo (volvernos bobos por lecturas de color rosa o del que sea como Madame Bovary con sus novelitas románticas)
7) El derecho a leer en cualquier sitio.
8) El derecho a hojear.
9) El derecho a leer en voz alta.
10) El derecho a callarnos.

Se explayó en las cuatro primeros recordando sus comienzos lectores detrás de la nube de humo que envolvía a su fumador padre o de sus primeras clases en secundaria donde un alumno con trece años le preguntó el primer día que si en ese curso había que leer. Avanzó curiosidades animales: “Mi lengua materna es mi elemento natural, como el aire o como el agua. Escribir para mí es un trabajo de ballena, me sumerjo en el agua como elemento natural, allí abro la boca como la ballena y retengo el plancton entre los dientes. La ballena lo tritura como yo trituro el lenguaje y de esa inmersión salen frases que van conformando y animando mi vida solitaria”. Soledades del escritor y del lector: “El hombre construye casas porque está vivo, pero escribe libros porque se sabe mortal. Habita en bandas porque es gregario, pero lee porque sabe que está solo. La lectura no toma el lugar de nadie más, pero ninguna otra compañía puede remplazarla”. Le faltó el resumen final: “Estos 10 derechos se resumen en un solo deber NO BURLARSE JAMÁS de aquellos que no leen, si quieres que un día ... ellos lean”.
La coordinadora del encuentro con Daniel ejerció de maestra de ceremonias demostrando que se había leído su último libro –Journal d’un corps (sin traducir todavía al castellano)- y sobre esta obra iban y venían preguntas para aclarar que es el diario de un hombre escrito desde el punto de vista de su cuerpo y lo que le ocurre de los 13 a los 87 años. Su otra obra en prensa, un relato infantil con oso y ratitas que no se escuchan porque viven en planos diferentes, fue comentado de paso, aunque fue puesto como ejemplo de cómo se lee: el lector anticipa cosas que no suceden después, pero en este libro sí suceden en un juego de hacer visibles las estrategias lúdicas del escritor que utiliza para sus historias. El oso, Ernest, quiere ser músico y no juez como su padre y la ratita Celestin es toda una revolucionaria en su mundo: quiere ser artista. Nos quedamos sin saber el final, quizás por no atrevernos a ejercer nuestro derecho lector de saber cómo acaba un relato.
Y allí se quedó Daniel rodeado de gente y con su diploma de “Huésped de Honor de la Ciudad de Buenos Aires”, dado al comienzo del acto por el ministro porteño del ramo del libro que no pudo escuchar después la ironía de Pennac al contar que no se esperaba este reconocimiento viviendo donde vive, aislado en un pequeño pueblo a una hora de París. Cosas de la globalización.

martes, 1 de mayo de 2012

SOBRE CUENTOS: VERGUENZAS AJENAS EN MESAS REDONDAS (FERIA DEL LIBRO 2)

Alicia buscando cuentos
Las tres de la tarde debe ser una mala hora para hacer una mesa redonda en la Feria del Libro de Buenos Aires. Una hora en que hablar del tema “¿De dónde salen los cuentos?” requiere mentes más sagaces y dispuestas que las que el pasado 22 de abril presidían una mesa patrocinada por la Sociedad Argentina de Escritores y Escritoras (www.lasea.org.ar), una sociedad que en palabras de su representante “lucha por los derechos de los escritores y por los derechos humanos” (¿Los escritores no son humanos? ¿Los humanos tienen otros derechos diferentes de los escritores? ¿Los escritores tienen más derechos que los humanos?).

Una mesa redonda que parecía la de un restaurante: “Si hablo se me salen los ravioles”. Lindezas como esta que se podían oír desde todos los rincones de la sala Lugones (perdón por el pareado): “Pongámonos de acuerdo”, “Yo estoy por el consenso”, “Hagamos tema libre”, “Pero… ¡hay chicos!”, acompañados de reflexiones culinarias y preocupaciones sobre cuentas fiscales.
H.C.Andersen explicitando el origen de sus cuentos
Y empezó el acto –tarde- con cuatro escritores en el estrado y una moderadora dando vueltas por la sala.
Escritora 1: “No tengo idea de dónde vienen los cuentos”… “Prefiero no saber de dónde salen los cuentos” (¡Para que has venido entonces!).
Escritora 2: “Entiendo que el tema tiene que ver con mis cuentos”… que “tienen que ver con la casa y con las cosas que no estoy de acuerdo”. Clarísimo: los cuentos vienen de su casa, que para eso los hermanos Grimm sentaron precedente escribiendo cuentos “del hogar” (Hausmärchen).
Escritor 3: “Los cuentos nacen de los cuentos” (¡Bravo!). “Somos las personas las que damos vida a los cuentos”.
Escritor 4: “Los cuentos salen de las cabezas de las personas” (otro ¡Bravo!). Y ejemplificó: “El escritor es una especie de cartonero, buscando pedazos de realidad que le sirvan para hacer un cuento. Un escritor trabaja desde la posición del cartonero, con restos del lenguaje, con restos de la realidad”.
Caperucita preguntando al Lobo de qué cuento ha salido
Íbamos mejorando, se leyeron y contaron cuentos escritos por algunos de los escritores, y la moderadora se lanzó a cumplir su oficio con una gran pregunta clave para desentrañar el tema del origen de los cuentos: “¿Qué tienen que ver los libros con las ilustraciones?”. A estas alturas de la mesa redonda la vergüenza era algo más que ajena.
En fin, los presentes en el acto salieron como entraron, sin el menor atisbo de saber de dónde salen los cuentos. Un usuario del colectivo 47 lo explicitó en su pregunta: “Me vuelvo a casa (en el 47) sin saber lo que es un cuento, pero he pasado un buen rato con ustedes”. Un rato lleno de vergüenzas por no entender cómo se puede hacer una mesa redonda sin ninguna preparación previa y que ninguno de los presidientes haya leído a Propp (“Morfología del cuento” o “Las raíces históricas del cuento”, editorial Fundamentos, Madrid, varias reediciones), a Soriano en su edición argentina (Colihue, Buenos Aires, varias reediciones), o un buen diccionario de Literatura Infantil que incluya la palabra “cuento”. En su defecto, teclear “cuento” y “origen” en el buscador preferido de cada uno para hacerse un mínimo guión.
Abuela leyendo el origen de los cuentos a su prole
El premio mayor para un buen ponente sería haber leído a Guillermo Cabrera Infante cuando dice que: “El cuento es tan antiguo como el hombre. Tal vez incluso más antiguo, pues bien pudo haber primates que contaran cuentos todos hechos de gruñidos, que es el origen del lenguaje humano: un gruñido bueno, dos gruñidos mejor, tres gruñidos ya son una frase. Así nació la onomatopeya y con ella, luego, la epopeya. Pero antes que ella, cantada o escrita, hubo cuentos todos hechos de prosa (…) Esos cuentos serían, por ejemplo, narraciones de un día de caza perdido tras un ciervo blanco con un cuerno en la frente. Los cuentos no perduraron en los muros de la cueva, pero no se perdieron: fueron de nuevo encontrados, contados, en la memoria colectiva. Siglos más tarde otro cuentista con el mismo cuento embelleció al ciervo blanco y lo hizo mito al llamarlo unicornio”.
Y el “cum laude” citar a un poeta que se sabía todos los cuentos y que deambuló por el mundo, España y Mexico predominantemente: León Felipe. “Sé todos los cuentos”:
Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
Que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan
con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos.

jueves, 26 de abril de 2012

EDUARDO GALEANO Y LOS NIÑOS (FERIA DEL LIBRO 1)


Las Ferias del Libro tienen sus estrellas, que no siempre son los escritores. Se agradece en algunas de ellas –la de Buenos Aires en concreto- que tras las peleas dialécticas entre oradores que inauguran un acto cultural, una competición entre partidarios de uno u otro con aplausos, cantitos y gritos varios, se deje paso a los que tienen algo que decir y aportar. Por ello, tras una inauguración siempre polémica y frentista de un jueves 19 de abril (“No aprenden estos adultos” diría Mafalda) vino la palabra, la voz y la sabiduría de Eduardo Galeano.

Eduardo Galeano (Montevideo, 1940) es un escritor comprometido con el hombre (léase hombre y mujer, niño y adulto, americano y africano…) y con la época llena de injusticias que le ha tocado vivir. Periodista y escritor, entre otros oficios manuales que permiten pensar, sus pequeños relatos sobre la otra verdad de los poderosos (políticos, grandes multinacionales, colonialismos varios…) le han granjeado la simpatía de millones de lectores, admiradores de Las venas abiertas de América Latina (1973) o de El libro de los abrazos (1989). Este 2012 presenta un diario con 366 pequeños historias que denuncian situaciones de vergüenza humana en todos los rincones del mundo, una para cada hoja del calendario gregoriano: Los hijos de los días. Su charla el viernes 20 de abril pasado llevaba el título de su último libro.
Una charla con oyentes que esperaron colas de casi siete horas y que produjo tres espacios para que unas 2500 personas pudieran oír sus palabras y ver en la lejanía su rostro virado al gris (en vivo y en directo vestía de verde y marrón). Una avalancha de gente que produjo vallas caídas, empujones y gritos varios. Mientras, la prensa (“por favor, la prensa a la izquierda”) buscaba sus huecos en el salón principal y escuchaba una nefasta presentación de un tal Carlos Díaz: “Esto es impresionante. No tengo palabras. Eduardo odia las presentaciones”. Y efectivamente, con introducciones como la que tuvo Galeano es fácil odiar a quien no tiene nada que decir.
Eduardo entró despacio, muy despacio, en la sala José Hernández de la Feria del Libro de Buenos Aires, sala que le tributó una ovación de noventa interrumpidos segundos con ecos al aire libre. Sus primeras palabras, pausadas, graves, sonoras, sin prolegómenos, fueron: “Sí, si… y los libros se echaron a caminar. Y ellos nos hicieron a nosotros, los hijos de los días, los averiguadores, los buscadores de la vida. Y si somos hijos de los días, de cada uno brota una historia”. Luego fue contando días, hojas de su nuevo libro que hablaban de miedos, de bancos mundiales, de empresas mineras y de la Iglesia, del pasado y del presente, de niños. Cada día era aplaudido con pasión y muchos con rabia, rabia que tuvo su ranking, con encendidos y largos aplausos a su historia contra las mineras (que dedicó a valles y pueblos mineros en lucha, como el argentino Valle de Famatina), seguidos de cerca por la valoración de las historias contra los desmanes de Estados Unidos de Norteamérica –segundo lugar-  y de la Iglesia Católica en tercer lugar. La historia de la argentina Juana Azurduy levantó pasiones cercanas a las que produjo la lucha de la boliviana Domitila Barrios. Cada historia tenía su día y el 31 de diciembre tuvo dos, en un cierre que tras dos horas supo a “hasta la próxima”. (Puede verse su charla completa en:  http://eduardogaleano.org/2012/04/23/presentacion-bs-as-completa/ )
Galeano habló de niños y de historias tristes y no tan tristes. Una de ellas, ubicada en un pueblo de la Rioja española, hablaba de un niño de tres años que en una procesión de Semana Santa le gritaba a un doliente Jesucristo que se defendiera. Una historia que puede unirse a los varios textos que Eduardo Galeano ha escrito para niños, textos poco conocidos y todos de gran calidad literaria y visual.

El primero de ellos es La piedra arde (Salamanca, Lóguez, 1980) una historia que es toda una fábula moderna sobre el sentido de la vida donde un viejo, tras una larga vida llena de marcas profundas en su alma, no quiere ser joven y partir una piedra que le dará esa juventud. Sus palabras finales encierran toda una filosofía moral: “Si parto la piedra, estas marcas se borrarán. Pero estas marcas son mis documentos, ¿comprendes? Mis documentos de identidad. Me miro al espejo y digo: «Ése soy yo», y no siento lástima de mí. Yo luché mucho tiempo. La lucha por la libertad es una lucha de nunca acabar. Ahora hay otros que luchan, allá lejos, como yo he luchado. Mi tierra y mi gente no son libres todavía. ¿Comprendes? Yo no quiero olvidar. No parto la piedra porque sería una traición”

Ilustración: Luis de Horna
Un libro que ilustró Luis de Horna (Salamanca, 1940) con su peculiar estilo que recuerda al trabajo de los monjes en los beatos lebaniegos: minucioso y lleno de color. Galeano demostró, y se demostró a sí mismo, que se puede hablar a un niño con palabras que le enseñen a ver el mundo con otros ojos. Un relato que no tiene edades lectoras, que algunos críticos han colocado “a partir de cinco años” y que conviene leer con unos pocos años más, tres o cuatro (es decir, teniendo ocho o nueve años). De difícil adquisición actual, puede leerse entero –dibujos incluidos- en: http://www.fileden.com/files/2007/4/5/958730/Galeano%20Eduardo%20-%20La%20Piedra%20Arde.doc
Esculturas: Antonio Santos
El segundo es Historia de la resurrección del papagayo (Barcelona, Libros del zorro rojo, 2008) una leyenda del nordeste brasileño a la que Galeano da nueva vida: “El hombre recuperó el habla, / y contó que el papagayo se había ahogado/ y la niña había llorado/ y la naranja se había desnudado/ y el fuego se había apagado/ y el muro había perdido una piedra/ y el árbol había perdido las hojas”. Un relato que se hace rítmico, encadenado y que produce emociones en el lector, infantil o adulto. Esta vez sí es un relato para pequeños de seis o más años que disfrutaran con unas imágenes que son esculturas del artista oscense Antonio Santos (Lupiñén, 1955) en una conjunción con el texto bella y cautivadora. Al misterio de las palabras se une el misterio de las esculturas de madera.

El tercero, por ahora, es una obra editada en una colección juvenil y que es una recopilación de relatos dispersos en varios libros de Galeano. Se trata de Los sueños de Helena (Barcelona, Libros del zorro rojo, 2011), sueños que nos llevan a la infancia: “Aquella noche hacían cola los sueños, queriendo ser soñados, pero Helena no podía soñarlos a todos, no había manera. Uno de los sueños, desconocido, se recomendaba:
- Suéñeme, que le conviene. Suéñeme, que le va a gustar.
Hacían la cola unos cuantos sueños nuevos, jamás soñados, pero Helena reconocía el sueño bobo, que siempre volvía, ese pesado, y a otros sueños cómicos o sombríos que eran viejos conocidos de sus noches de mucho volar”.


Collage de Isidro Ferrer
Libro que se hace a ratos poético a ratos divertido, siempre interesante y atrapador. Las ilustraciones, otra vez casi esculturas en un collage que mezcla técnicas y volúmenes, son de Isidro Ferrer (Madrid, 1964), un creador que da grandes aires a los textos de Galeano, que confiesa en el prólogo que son los sueños que le cuenta su actual mujer: “Helena me humilla cada mañana, a la hora del desayuno, contándome sus sueños prodigiosos. Entra en la noche como en un cine, y cada noche un sueño nuevo la espera. Mientras ella cuenta, yo bebo mi café en silencio. Más me vale callar”. Editado con esmero es un libro que entra por todos los sentidos.
Esperamos más libros para lectores de ojos infantiles de un escritor que piensa mucho en ellos y en su mirada, la asombrada mirada que sobre el mundo tienen los niños.

miércoles, 27 de julio de 2011

UNA FERIA INFANTIL CHICA, MUY CHICA

Se está celebrando la 21ª Feria del Libro Infantil y Juvenil de Buenos Aires (11 al 30 de julio de 2011) en un recinto ferial donde las urnas de las eternas votaciones porteñas han quitado un valioso espacio a los libros. Quizás haya que preguntar en futuras elecciones primarias, secundarias, terciarias y balotajes (que de todo esto tiene el sistema electoral argentino), si el obligado elector quiere que sus hijos, nietos, sobrinos o vecinos pequeñitos puedan conocer y leer libros pensados para ellos.

Confinada la Feria Infantil en terrenos del Gobierno de la ciudad compartidos, dirigida por una fundación que parece conocer más de negocios que de libros para niños, esta edición de 2011 es la más pobre y chica que uno haya conocido desde hace años. (Pueden leerse sus actividades en: http://www.el-libro.org.ar/infantil/ )

Unos amigos centroamericanos venían de ver la Feria del Libro FILGUA 2011 ( www.filgua.com ), Feria del Libro de Guatemala, un país tres veces menos poblado que Argentina y muchas veces más pobre, que del 15 al 24 de este mes de julio ha celebrado su Feria del Libro enfocada también a los niños. El patio central de esta feria estuvo dedicado a María Elena Walsh y fueron múltiples los actos pensados para niños y dedicados a la autora nacida en 1931 en Ramos Mejía (provincia de Buenos Aires) y recientemente fallecida. Estos amigos se extrañaban de las escasas dimensiones de la Feria argentina con el notorio comentario: “Pero si es más pequeña que la nuestra”. Y sí, como dicen por acá: la Feria del Libro Infantil de Buenos Aires se ha achicado y se ha llenado de ruidos poco literarios.

Recorrer la feria en esta edición exigua es no poder ver un libro con tranquilidad, ni una exposición de ilustradores o fotográfica con lógica. Parece mentira, pero ninguno de los espacios expositivos tiene la mínima aclaración y señalización. Uno puede ver veinte originales de discos de María Elena Walsh, quince fotos de distintas épocas suyas y un centenar de libros, sin ningún orden ni concierto y sin ninguna explicación. Una exposición al lado de los baños y sin ningún cartel interpretativo, lo mismo que las dos galerías de ilustraciones, perdidas en salones sin indicaciones. ¿Para qué se dedica una Feria a Mª Elena Walsh o Hugo Midón, si uno sale de ella sin saber absolutamente nada nuevo de cualquiera de estos dos grandes personajes que pensaron en los niños?

Acudir a una conferencia o taller, intentar ver un espectáculo sin interferencias, oír a un escritor español, tucumano o peruano, es tarea casi inútil. Cualquier orador tiene que competir con trenes y helicópteros, aviones y altavoces anunciando la última invención del más gritón del lugar, sea cuentacuentos, cantante para niños o Iliana Calabró, alguien que colapsó durante una hora la entrada y salida de visitantes. Quien diseñó los salones de actos fuera del edificio central debe de ser sordo o sorda, además de ciego o ciega, para no ver y oír los centenares de trenes que circulan por el lugar a escasísimos metros de la Feria. Ha habido charlas y coloquios insufribles, cursos de los que la gente ha huido en masa, actos donde se oía más el helicóptero o avión de turno que al que intentaba explicar algo micrófono en mano.

Una feria sin actos importantes, sin ciclos de nada, sin exposiciones de más nada y llena de ruido, mucho ruido y desorganización. Si tienen intención de ir les recomiendo no vayan, centenares de niños les van a atropellar, no van a poder escuchar algo a gusto y mira por donde, Guatemala tiene más interés por María Elena Walsh que la propia Argentina. Una pena y los que la organizan no se dan cuenta; o sí y les da igual. Sic transit feria capital del mundit.

P.S.: Me han gustado el eslogan de esta Feria del Libro Infantil –“Aires de Buenos Libros”- y su ilustración principal, obra de Poly Bernatene; ambos invitan a soñar en medio del ruido.

jueves, 28 de abril de 2011

CUANDO OÍR HABLAR DE LITERATURA INFANTIL ES PERDER EL TIEMPO

De vez en cuando uno tiene esperanzas de oír a personas relacionadas con el libro para niños cosas sensatas, novedosas y con un buen bagaje de formación detrás. Tarea ardua pues en mis dos orillas –Argentina y España- cada vez se opina más de literatura infantil conociendo menos.

Y en estas estábamos cuando hoy miércoles se me ocurrió asistir a una mesa redonda titulada “La literatura infantil y la televisión” en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Patrocinado por el Ministerio de Educación de la nación los ponentes estaban coordinados por Valeria Dotro, responsable de contenidos del canal Paka-Paka, el canal educativo del ministerio educativo de toda la Argentina. ¿Hablará de literatura infantil? No. Habló de lo que sabe: los contenidos de su canal y de la pelea por colocar la señal en todos los operadores de televisión por cable. Su coordinación de mesa fue una conferencia y si no fuera por los pequeños videos explicativos de sus programas su larga exposición hubiera resultado bastante pesada. Los jardines en que se metió fueron varios, desde proclamar al niño como constructor de su propia realidad –algo a lo que ayuda por supuesto la televisión- y proponer un desarrollo integral de los chicos, supongo que más integral si son capaces de ver las 24 horas de programación de su canal.

Siguió la mesa redonda en formato rectangular con la experta ministerial Ana Siro, colaboradora del canal. Para intentar entrar en tema comenzó preguntándose para qué sirve la ficción, disertando y concluyendo que para conocerse como personas. Conociendo los libros de las siguientes ponentes –y en general casi todos los libros que se editan bajo la etiqueta de infantiles- me parece que lo último que importa es que un libro ayude al niño a ser persona. Metidos en citas, siguió citando autores (Andruetto, Patte…) pero la literatura infantil brillaba por su ausencia.

¿Las autoras que vinieron después –la ilustradora Mónica Weiss y la escritora Graciela Repún- hablaron por fin de literatura infantil? Pues no, salvo para hablar de sus libros o proponer a Gustavo Doré y sus grabados de los cuentos de Perrault (1862) como el primer álbum ilustrado infantil y enseñar la imagen primera del libro para hacer ver a una abuela amedrantadora, peligrosa, moralista y nada tierna. Uno cree que el primer libro ilustrado para niños empezó dos siglos antes y que Doré no es precisamente un ilustrador infantil. Ah, si alguien ve en la abuela que cuenta cuentos de Doré un personaje maléfico que me lo diga, que me parece que cualquiera puede decir disparates en este mundo de la LIJ y quedarse tan tranquilo.

Menos mal que en el cierre sí hubo un cuento, un trozo de Literatura Infantil, un maravilloso relato de Ricardo Mariño sacado de su libro El sapo más lindo narrado magistralmente por el actor Roberto Carnaghi. Una delicia con murciélago incluido que dice mucho del buen hacer de las gentes del programa cuando se ponen a lo suyo: crear o recrear historias para los niños de todo el mundo.