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lunes, 11 de junio de 2012

MAURICE SENDAK YA ESTÁ EN EL PAÍS DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS


Sendak -en el centro- con dos lectores suyos
Había una vez en Brooklyn un niño judío de origen polaco que a los doce años se quedó impactado con los dibujos y la música de la película Fantasía (Disney, 1940). Descubrió que el personaje que ejercía de brujo exorcista –Mickey Mouse- había nacido el mismo año que él (1928) y que habían crecido teniendo gustos comunes: música, un perro a su lado y pasión por el dibujo. “Mis figuras dominantes en mi infancia fueron Mickey Mouse y mi riguroso y barbudo abuelo materno”  diría ya de mayor. Este niño curioso emborronaba decenas de hojas y con 14 años publicaría sus primeros trabajos en la revista de la escuela. Poco después, a los 19 años, ilustró su primer libro donde las moléculas eran parejas de danzarines y una reacción en cadena era un desfile de baile conga: Atomics for the Millions.
Moléculas danzarinas (1947)

Siguió creciendo y dibujando y un día, ya adulto y barbudo como su abuelo, encontró que le gustaba imaginar caballos salvajes para los que bocetó un libro: Where the Wild Horses Are (Donde viven los caballos salvajes). El libro daba vueltas en su cabeza, llena de recuerdos y sueños infantiles, y en una de ellas los caballos mudaron en monstruos y el niño protagonista tomó nombre: Max. Había nacido el libro ilustrado infantil más trascendental y leído del siglo XX: When the Wild Things Are (Donde viven los monstruos). Era el año 1963 y estamos hablando de Maurice Sendak.

Sendak, Max y sus monstruos
Sendak nos dejó el pasado 8 de mayo, víctima de un accidente cerebrovascular. Sus ojos de niño nunca dejaron de observar el mundo que le rodeaba y su genio creativo dio lugar a más de un centenar de libros, auténticas obras de arte casi todos ellos. Era el más grande de los grandes ilustradores contemporáneos y siempre lo supo en un país el suyo que ha publicado centenares de artículos sobre su obra y su monstruoso libro clave. Cuando le trataban de deidad terrenal él siempre decía: “Mis dioses son Herman Melville, Emily Dickinson y Mozart. Creo en ellos con todo mi corazón”.
Max y Maurice eran almas gemelas y sus aventuras en el país donde viven los monstruos son las aventuras que imaginaban los hermanos Sendak –Maurice y Jack- sobre los tejados y terrazas neoyorquinas. Max sigue volviendo cada noche a su habitación tras liberar energías en fiestas monstruosas y siempre le está esperando un plato de sopa calentita; a Maurice le esperan actividades más plácidas: observar a sus criaturas desde los cielos de su Nueva York, tantas veces dibujados por él de día y de noche.


Maurice Sendak nació el 10 de junio de 1928 en Brooklyn, barrio de Nueva York entonces lleno de inmigrantes judíos. Su pasión por el dibujo fue tan grande que desde niño disfrutaba imaginando historias solo por el placer de verlas después en imágenes y en viñetas. Sus primeros trabajos a lo largo de los años 50 muestran ya un ilustrador con mundo creativo propio cuyos personajes reflejan sentimientos y actitudes complejas. Sus libros propios –como autor de textos e ilustraciones- son un catálogo de entusiasmos infantiles y aprensiones varias en expresivas y cuidadas imágenes. Sus trabajos para otros autores siguen el mismo patrón que llena de emociones cada página, sea esta de osos o de tortugas. Su encuentro con Else Homelund Minarik en 1957 dio lugar a un personaje de fama mundial, serie de televisión incluida: Little Bear (Osito). Un osito con seis libros escritos y dibujados entre 1957 y 1968 y que permitieron a Sendak jugar con animales en sus historias. En 1962 The Nutshell Library (La Minibiblioteca en la versión española de Gloria Fuertes) continúa el juego visual y rimado con animales en una joya de caja de cartón que contiene en su interior cuatro minilibros, donde una familia de cocodrilos crea un abecedario o un león llega a tragarse a un niño un tanto insoportable (el infante se llama Pierre y puede verse su historia en un video en el que Carole King pone la música y Sendak las imágenes:


Este libro le sirvió para ser reconocido como el “Picasso de la ilustración” por algunos críticos neoyorquinos, algo que no le consultaron  al propio Pablo Ruiz Picasso, que con 81 lúcidos años entonces seguro que pensaba otra cosa. Un año más tarde quizás el auténtico Picasso hubiera opinado de manera diferente al ver la obra maestra de Sendak: When the Wild Things Are (Donde viven los monstruos).


Osito (1957)

Sendak a lo largo de sus 83 años de vida publicó dieciocho libros como autor integral de textos e ilustraciones; solo seis de ellos han sido traducidos al español. Solo seis, pero cada uno único y genial: El letrero secreto de Rosie (The Sign On Rosie's Door, 1960); La Minibiblioteca (The Nutshell Library, 1962), Donde viven los monstruos (When the Wild Things Are, 1963), Héctor Protector y Cuando yo iba por el mar (Hector Protector and As I Went Over the Water: Two Nursery Rhymes, 1965), ¡Dídola, Dídola, Pon! (Higglety Pigglety Pop!, 1967),  La cocina de noche (In the Night Kitchen, 1970).


La cocina de noche (1970)
También puede verse su obra a lo largo de una veintena de títulos editados en español de autores como Isaac Bashevis Singer (Cuentos judíos de la aldea de Chelm Lumen, 1978), Robert Graves (El gran libro verde Lumen, 1988), los germanos Grimm (El enebro y otros cuentos de los hermanos Grimm Lumen, 1989) o Else H. Milnarik y su serie Osito (cinco libros en Alfaguara). Con más de quince años sin publicar libros y más de dos décadas sin dibujarlos, en septiembre de 2011 se editó su última obra: Bumble-Ardy, donde un cerdito de nueve años anda a la búsqueda de sí mismo. A ver si tenemos la suerte de que Miguel Azaola, el inmejorable traductor al español de muchas de sus obras, se anime con esta divertida parodia.  Se espera también que en febrero de 2013 llegue a las librerías My Brother`s Book (El libro de mi hermano), un homenaje ilustrado a Sendak de su hermano Jack.


sábado, 3 de diciembre de 2011

ULISES WENSELL, EL ILUSTRADOR DE LA SENSIBILIDAD

Ulises en Santander, mi  ciudad
El pasado martes 29 de noviembre falleció en Madrid Ulises Wensell. Las noticias que iban llegando de su entorno anticipaban el desenlace y desde la distancia, como a tantos seres queridos, se siente su pérdida. Era una persona sensible y volcada en su trabajo.
Nacido en Madrid el 20 de octubre de 1945, se recibió de Ingeniero Técnico Químico al mismo tiempo que ejercía la pintura y la ilustración. En 1970 publicó su primer libro y se cuentan por varios centenares sus referencias bibliográficas, con publicaciones periódicas en España, Francia y Alemania, y traducciones en una veintena de idiomas. Premiado dentro y fuera de las fronteras españolas, tuvo en 1988 el mejor escaparate del mundo para su obra en el 25º aniversario de la Feria de Bolonia (Italia). Veinte años después fue el candidato español al premio Andersen, que no consiguió a pesar de buenas recomendaciones en varios idiomas. Quizás no convencieron sus palabras de presentación: “Dedicarse a ilustrar es algo así como aventurarse a entrar en un torbellino de distintos temas, distintos objetivos, intereses, ambientes, paisajes, épocas, vestimentas, situaciones, sentimientos y emociones”.
Ulises y Gloria Fuertes
Su larga trayectoria como ilustrador empezó con textos escolares –la conocida serie española de Senda- para pasar rápidamente a dibujar historias de todos los colores, pues tanto se aventuraba con una Caperucita como con un clásico ruso, con un libro de un amigo como con una petición de las editoriales que más le publicaron: la francesa Bayard y la alemana Ravensburger Buchverl. Ilustró libros de Gloria Fuertes que han quedado como clásicos y se aventuró a ilustrar los cuentos que su mujer Paloma Martínez le iba escribiendo. Puso imágenes a los cuentos de Fernando Alonso lo mismo que a Perrault o Antoniorrobles. Publicado también en Argentina, tuvo a María Elena Walsh como traductora en los años ochenta de algunos libros suyos editados en Francia.
Caperucita y un lobo
Pionero en los años setenta en España, sus trabajos para editoriales como Alfaguara, Altea, Miñón o Escuela Española, eran un prodigio de saber captar lo esencial de un texto, sea la vida triste de un hombrecito vestido de gris (Alfaguara, 1978) como la algarabía de Coleta, poeta y payasa (Miñón, 1982-1983). La sensibilidad estaba en los rostros de sus personajes que expresaban más que muchas palabras de escritores suecos, franceses o españoles, a los que ponía color y vida. Él decía que “hay que ilustrar el miedo, la soledad, la amistad, la alegría, la tristeza, el afecto, el brillo de la luz en el agua, la amenaza de una figura que aparece entre la niebla... Cosas así”.
En el año 2008 mi revista –Peonza- le hizo la que puede ser su última entrevista (1), en la que reflexionaba sobre casi cuarenta años de trabajo como ilustrador. Rescato como homenaje algunas de sus palabras (2):
* “He tenido la suerte de poder trabajar haciendo lo que me gusta y he ilustrado, con mayor o menor fortuna, con aciertos y errores, pero siempre con cariño, muchos libros para niños”.
* ¿Cómo ves tu trayectoria? “No podría describir mi trayectoria como una línea recta, sino más bien como una espiral en torno a un mismo centro de interés; he ido abandonando y retomando ciertos modos de hacer, ciertas características de estilo, y ciertas técnicas, pero en mis primeros libros ya había algo que sigue estando en los últimos: la intención de expresar y transmitir sentimientos y emociones, tratando de que los personajes dibujados parezcan verosímiles y capaces de experimentarlos en lugar de estilizadas abstracciones gráficas. Creo  que mi misión como ilustrador es conectar con la afectividad infantil y transmitir a los pequeños lo que hacen y sienten los personajes de las historias que ilustro. Me parece que eso facilita la identificación con ellos y que se interesen en seguir la historia narrada”.
* “Para mí cada libro es un mundo”.
* “Mi proceso creativo no ha variado mucho a lo largo del tiempo, pero ahora me interesa más la ambientación y utilizo más el ordenador para hacer bocetos a color. He ilustrado un libro empleando sólo el ordenador, y quedaba bien, pero no quiero volver a hacerlo. Me gusta trabajar con los pinceles y los colores, sobre el papel, y poder tener los originales en las manos. Lo que me preocupa es que ciertos materiales no se mantengan siempre inalterables, como el acrílico o el óleo”.
* “Siempre he intentado transmitir sensaciones, sentimientos y emociones. La alegría de un encuentro, la tristeza, la soledad, el miedo, la amenaza de una figura entre la niebla, un especial brillo de la luz en el agua y, en fin, todo lo que facilite a los niños implicarse emotivamente con lo narrado. También me interesa que los pequeños puedan ver representados los ambientes en los que transcurre la aventura, que no siempre están descritos en el texto o que no podrían imaginar con la simple lectura. A veces eso requiere cierto trabajo previo de documentación, aunque luego no se note, porque mi interpretación visual no resulta, evidentemente, realista o naturalista”.

* “Los animales me parecen tan capaces de expresar sentimientos y emociones como los seres humanos, sean niños o adultos. Y me encanta ilustrar historias en que aparezcan como protagonistas o tengan un papel importante en la narración, sean perros, gatos, patos, osos o elefantes. Creo que lo que los animales aportan a mis ilustraciones es variedad, notas de humor y cierta gracia expresiva y tierna”.
* “Después de tantos años de dedicación profesional sigo deseando crear ilustraciones con cierto encanto que puedan disfrutar los niños”.
Y parece que los niños que le estén viendo en las alturas disfrutarán con sus imágenes (3).

(1) Desde 2008 Ulises Wensell no ha tenido presencia como entrevistado en revistas especializadas. La entrevista anterior, publicada en el año 2005 y hecha en 1998, se puede leer en la revista Babar: http://revistababar.com/wp/?p=213
(2) La totalidad de la entrevista puede leerse en el número 84 de la revista –páginas 51 a 61- y verse sus ilustraciones en la cubierta y en la galería a él dedicada– páginas 101 a 108-. Todo el número puede leerse en: http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01371963233494974112257/210312.pdf?incr=1
(3) Un buen número de ilustraciones puede verse en el portal que su amigo Jaime García Padrino realizó para Cervantes Virtual. En sus páginas está todo sobre su obra. Puede verse en: http://bib.cervantesvirtual.com/bib_autor/uliseswensell/

miércoles, 14 de septiembre de 2011

UN ILUSTRADOR ÚNICO: ROBERTO INNOCENTI

Roberto Innocenti es uno de los ilustradores mundiales más reconocidos y con obra estudiada por especialistas, curiosamente la mayoría norteamericanos. Desde el premio Manzana de Oro 1985 de Bratislava al más reciente premio Andersen 2008, Innocenti ha visto galardonados internacionalmente cada uno de sus grandes libros que aportan una visión distinta de la literatura y del mundo. Su Cenicienta parece real o su Pinocho un toscano más. Mi revista Peonza pudo entrevistarle el pasado otoño en Alicante y este otoño –en el próximo nº 98 de octubre- saldrá una larga charla que tuvo con mi compañero Javier Sobrino, escritor y amigo. Como transcriptor y traductor grupal de sus palabras me permito ofrecer un largo extracto de lo que nos contó.

¿Cómo fue su acercamiento al mundo de la plástica, del dibujo, del arte? ¿Qué le motivó para dedicarse a la ilustración de libros?
Al inicio yo era un niño y lo vivía todo como un juego. No había televisión, ni videojuegos ni nada de esto, y lo que hacíamos era simplemente jugar y dibujar. Diseñar no era importante, solo era una profesión para vivir. Luego, pasando los años, descubrí que me gustaba diseñar, que era una cosa que me llenaba.

La ilustración de libros era una cosa que inicialmente me gustaba, pero no daba para vivir y lo más importante era la supervivencia, comer. Hice otras cosas, carteles, diseño gráfico, artístico, proyectos y descubrí que había un campo internacional en esta profesión que desconocía. Finalmente llegué a una actividad que me llenaba y durante cuarenta y dos años he hecho del libro mi profesión. No es algo casual.
¿Qué importancia le otorga a la documentación en su trabajo de ilustrador?

Depende. Si tengo que ilustrar un libro clásico lo importante es no inventar mucho, no desviarse mucho de la historia. En los cuentos de Hoffmann o en La isla del tesoro está todo especificado: año 1700, la nave es una goleta, el mapa está dibujado… no se puede hacer otra cosa. Los vestidos, Londres, Inglaterra, las costumbres de la época se conocen. Pero me gusta trabajar con el tema de la ambientación, de los vestidos, me siento un director de cine, preocupado por cada uno de los detalles.
Cuando se trata de libros de fantasía o libros donde el autor fabula, tengo libertad para decidir: puedo ser realista o no, puedo inventar un mundo y hacer todo más personal, más divertido. Cuando ilustro no sé cómo va acabar mi trabajo, tengo curiosidad por ello y cuando finalizo me gusta sentir satisfecha mi curiosidad.

¿Qué facetas o cualidades de un texto le atraen más pensando en su ilustración: los sentimientos, la acción, lo que no se cuenta…?
Cuando tengo que ilustrar un texto lo primero que hago es leerlo con interés, cómo si no tuviera que diseñarlo. Tengo que sentir la atmósfera, ver el humor o la tragedia para ponerme después a su altura. Edgar Alan Poe no puede ser cómico sino trágico, puede ser tenebroso o no, incluso alegre. Se trata de leerlo con detalle, bien. Luego me fijo en las escenas para ver las más interesantes para ilustrar, las escenas y los momentos clave, percibiendo el ambiente de la obra y anotando las imágenes que me vienen en la mente. Otros ilustradores se fijaran en otras cosas, en otras páginas, pero yo me siento muy libre frente al texto. Intento ilustrar aquello que no está escrito porque, por ejemplo, en Oliver Twist el protagonista está bien descrito, lo mismo que la ciudad, la sociedad y los personajes; pero como hice en Cuento de Navidad me siento muy libre para dar detalles sobre este u otro personaje, sobre la gente, sus caras, dando información que no tiene al lector, al joven lector, que le haga ver el libro de otra forma. Es lo que siempre he hecho.

¿Cómo se plantea su labor como ilustrador cuando aborda un texto nuevo? ¿Cuál es su proceso de trabajo?
Es un proceso arbitrario. Puedo comenzar a ilustrar un libro por cualquier parte, no es algo exacto; puedo comenzar a diseñar sin un orden predeterminado, empezar por los personajes y ver lo que demanda cada uno. Es un proceso lento que me va dando vueltas en la cabeza, entre siesta y siesta, hasta que un día u otro del mes aparece claro. Poco a poco, piano piano, va avanzando hasta llegar a tener toda la idea general. Es importante que el libro transmita una idea. ¿Cómo hacerlo? En Rosablanca la idea fue la esperanza y al descubrirla sentí que el libro estaba ya cerrado y podía ponerme a ilustrarlo finalmente. En Pinocho, la historia de un muñeco que yo conozco desde pequeño, un libro que ha tenido a Mazzanti o Chiostri como primeros ilustradores, no lo he cambiado, he sido respetuoso. Pero si lo he presentado de una forma diferente, algo que han hecho autores como Disney con su un Pinocho divertido. Para mi Pinocho es un niño pequeño, muy pequeño, que se encuentra dentro de un mundo grande, muy grande que no domina por el sencillo hecho de ser chico, muy chico. El lector se solidariza con este problema, con alguien inadaptado, desvalido ante un mundo inmenso a su a alrededor.

¿Qué cree que aporta a un niño lector un libro ilustrado por usted?
Yo no pienso en el público. Tengo miedo que por pensar en el público, por llegar a más gente, tenga que conocer lo que el público quiere. Prefiero desconocerlo, no saberlo; creo que esto se puede hacer extensivo a todos los ilustradores, a todos los artistas que llevan algo dentro. Cuando finalizo un trabajo ya no estoy tan contento, me llega la autocritica, pensar si el trabajo es correcto y se puede proponer. De toda la gente que existe en el mundo solo hay una pequeña parte a la que le gusta mi trabajo, es un número de lectores que tienen mérito. Me agrada pensar que son lectores que evolucionan, que no son un público que sigue la receta del mercado. No pienso que yo tenga que ser simple porque me digan que los niños son simples o porque me digan que son complicados u otra cosa. No me interesa conocer la fórmula del best-seller. Prefiero llegar a unos miles de lectores a los que sé que les gusta mi trabajo, a los que les gusta las cosas que hago, aunque si alguna vez son cientos de miles mejor, no voy a decir que no.

Varios libros suyos se ambientan en el horror nazi, ¿a qué se debe esta  temática? ¿Por qué se centra en este hecho histórico y no en otros?
La escuela debe educar sin intentar mostrar marionetas, unos niños que no existieron. Deben conocer la historia reciente y ver cómo eran los niños alemanes, lo que ocurría aquí y en Alemania. Ocurrieron cosas tremendas de las que muchos padres solo tienen una idea difusa. Debemos ser personas de una sociedad responsable, estar juntos en la visión de que niños y jóvenes colaboraron en la propaganda de aquellos años. No hay que dramatizar la memoria, pero si conocerla.

¿Qué significa para usted hacer un álbum ilustrado? ¿Qué cree que aporta  a la literatura este tipo de obras?
Para mi hacer un álbum es un oficio que me gusta. No me hice pintor porque necesito la literatura y la literatura la puedo escribir yo o interpretar lo que otros escribieron. La intención de del álbum es ser un libro, un  buen libro que tenga su espacio. Hacerlo es todo un proceso productivo que cuando finaliza te llena, te reconforta. Es un proceso solitario, en el que se ejerce mucha paciencia, es una aventura, una película con final feliz. Ilustrar es contar historias al lector.

¿Qué le aportan los cuentos tradicionales?
¿Cómo lectura? Como lectura me pongo a esbozar mentalmente imágenes, un paisaje, un personaje. Es imposible no pasar una página sin que la imaginación funcione. Para los niños es muy fácil y deberían leer más libros sin imágenes, no periódicos, para que ejercieran esta capacidad.

¿Cómo se siente después de revisar su trayectoria como ilustrador tras recibir el premio Andersen hace tres años?
Ciertamente es una gratificación porque nadie está seguro de recibirlo. Pero es un proceso de reconocimiento, primero del IBBY italiano, luego la aceptación del comité y el resultado final. El hecho es que da un poco de seguridad. Me siento el último de una generación de autores muy preparada de la que, en Italia al menos, solo quedo yo.

Roberto Innocenti (Bagno a Ripoli, 1940) nació en una pequeña localidad toscana cercana a Florencia conocida por sus jardines e iglesias. Allí  vivió la II Guerra Mundial, algo que le marcó con sus pocos años. Dejo la escuela a los trece años para trabajar en una fundición de acero y emigrar a Roma a los 18 años para trabajar en un estudio de animación. Allí empezó a aprender el oficio de ilustrador que le permitió volver a Florencia, donde ejerció de diseñador gráfico. Un encuentro con John Alcor, artista norteamericano, le permite publicar sus primeros trabajos como ilustrador de libros. Pero fue otro encuentro, con el ilustrador suizo Étienne Delessert, el que le permite recrear una nueva Cenicienta, publicada en 1983, situada en el Londres de los locos años 20. Este primer gran trabajo le permite editar dos años más tarde la que quizás sea su obra más personal junto a su interpretación del personaje Pinocho: Rosa Blanca, la historia de una niña alemana que ve el horror del holocausto a su alrededor.

Las imágenes de Rosa Blanca impactan, en el estilo de un autor que se adapta muy bien al espíritu de cada libro. Innocenti cuida los detalles, los personajes, las arquitecturas y los ambientes; sus dibujos parecen retazos de realidad vistos con encuadres diferentes. Sus trabajos son retratos hechos con un ojo subjetivo que caracteriza escenas y las llena de recuerdos personales. Son cuadros que hablan y permiten hacer verdad que una imagen vale más que mil palabras. Todo un lujo para lectores infantiles.

Bibliografía para jóvenes (Año de edición original)
- (1978) Velas, raíles y alas de Seymour Reit. Plaza y Janes, 1981.
- (1983) La Cenicienta de Charles Perrault. Anaya, 1984. (Lumen, 2002)
- (1985) Rosa Blanca de Christophe Gallaz. Loguez, 1987.
- (1988) Las aventuras de Pinocho de Carlo Collodi. Altea, 1988 (Kalandraka, 2005)
- (1990) Cuento de Navidad de Charles Dickens. Lumen, 1990.
- (1996) El Cascanueces de E.T.A. Hoffman. Lumen, 1996.
- (2002) El último refugio de J. Patrick Lewis. F.C.E., 2003.
- (2004) Era calendimaggio de Angela Naneti. Giulio Einaudi, 2004.
- (2004) La historia de Erika de Ruth Vander Zeer. Kalandraka, 2005
- (2008) Das Medaillon de Andrea Camilleri. Rowohlt Verlag, 2008.
- (2009) La casa de Patrick Lewis. Kalandraka, 2010.
- (2011) L’Isola di tesoro de Robert L. Stevenson. Principi & Principi, 2011.

lunes, 25 de julio de 2011

UN MEXICANO EN ARGENTINA: GABRIEL PACHECO, ILUSTRADOR

El fascinante mundo de la ilustración de libros te permite conocer a artistas de todas las partes del mundo: franceses ilustrando historias argentinas, argentinos ilustrando historias francesas, británicos ilustrando urbi et orbi, todos con sus álbumes para niños como escaparate. Pocos te sorprenden, pero Gabriel Pacheco (México D.F., 1973) me deslumbró hace un año con su interpretación de la historia de Frida Kahlo y me permitió descubrir un talento que juega con las luces, los claroscuros o los detalles de color como pocos. Sus composiciones atraen y su interpretación de los textos es original y misteriosa.

Y mira por donde, Gabriel vive en la misma ciudad que yo (Buenos Aires) y mi revista la ha hecho una larga entrevista en su número 96 (gracias, Javier). Algunas de las cosas que nos dijo quedan reflejadas en este extracto:

- ¿Qué te llevo a elegir la ilustración como profesión?

- Primero fue el azar, después vino el anhelo y ahora es un fervor. Mis comienzos fueron cuando ayudaba a mi hermana dando color a sus dibujos o copiando fotografías en un acetato para alguna portada. Yo trabajaba como asistente de un maestro escenógrafo y amaba el teatro. Un dibujo me llevo a otro y por las noches mi hermana me prestaba su Quadra 605 (de 25Mhz) mientras experimentaba con dibujos vectoriales; hasta que un día me invitó a ilustrar un cuento y de ahí hasta ahora que se ha vuelto una parte importante de mi vida el ilustrar y hacerlo desde un ordenador.

- ¿De dónde proceden los personajes de tus obras? Algunos se repiten en tus libros.

- Hay insistencias que provienen de la fascinación o de lo que me sigue inquietando, recuerdos que siguen generando asombro en mí. Creo que por eso la insistencia. Es como cuando a uno le llama la atención alguien y existe algo de ese alguien que no logra descifrar qué es, pero que hace que uno no pueda dejar de contemplarlo.Entonces esa figura se cubre de un halo de misterio que fascina. Su origen es muy diverso, tal vez proviene de alguna fotografía, de una película, de las fotos de casa o de la gente que anda por la calle. Ahí es de dónde probablemente recoja estos personajes. Pero, no sé, es difícil precisar un lugar, aunque siempre tengo el recurso de cerrar los ojos y poderlos encontrar.

- ¿Qué papel juega el color en tus ilustraciones?

- Es un trabajo que pretende ordenar el color como elemento sustancial. La economía permite jerarquizar y significar. La idea es muy sencilla: la penumbra anuncia, enmarca y, paradójicamente, alumbra. Es ahí donde el color cobra un valor jerárquico y puede significarse. Sucede también en el teatro con la penumbra, que en la imagen sería ese agrisado, le da un peso dramático al cenital que potencializa el color. Por eso la paleta con una sola base de donde surge el color acento.

- ¿Qué es para ti la belleza? ¿La buscas en cada uno de tus libros?

- La belleza para mi es una construcción bien sostenida en el universo, sencilla, que muestra su pertenencia, que no se aísla, un espejo que refleja y además muestra. Y no sé si siga buscándola, me produce una angustia tremenda y mucha inseguridad. Así que prefiero conformarme con una buena composición y un buen manejo del color.

- ¿Qué significa para ti crear un álbum ilustrado?

- Es la posibilidad de escribir con otro tiempo, un paralelo a las palabras, escribir sobre la misma hoja, dibujar o rayar las palabras, volcarlas, descubrirlas para mí o para otros, formar parte de una charla, formar parte de algo. También es una forma de apropiarse del mundo, no porque te adueñes de nada, sino porque algo que es parte del mundo se viene a ti, te dice algo y se regresa con algo que puedes decir. Es la posibilidad de que tu mirada se haga voz.

- ¿Te gustaría escribir tus propias historias?

- Sí, me gustaría muchísimo sentarme en mi mesa y con el día escribir, imaginar libros. Escribir historias a la vez que dibujarlas. Tengo algunos proyectos escritos y otro en marcha, pero hasta ahora solo ha tenido su tiempo para publicarse La bruja y el espantapájaros. Mi deseo es hacer una animación que empezó con un pequeño escrito: “El árbol que flota”.

Gabriel se graduó en escenografía en el Instituto de Bellas Artes de México y comenzó a ejercer su trabajo de ilustrador en 1997. Publica en México, España, Portugal o Corea y ha recibido varios galardones en media docena de países. Catorce de sus trabajos han sido expuestas en la estación de El Zócalo del metro de la capital mejicana el pasado mes de junio. Pueden verse sus trabajos en su página: http://gabriel-pacheco.blogspot.com/

Asiduo visitante de España, Italia y Portugal, donde imparte talleres y contempla al natural los cuadros de sus pintores favoritos, ha concedido otras entrevistas durante este año: http://www.elnortedecastilla.es/v/20110430/cultura/ilustracion-escritura-silencios-20110430.html y http://www.espacioiluminado.com/2011/05/el-libro-recordado/

Una selección muy amplia de sus ilustraciones se encuentra en los siguientes libros:

- La rana encantada Corunda, México1997
- Sinfonía natural Alfaguara, México 2000
- Si entras al castillo Alfaguara, México 2002
- Cara de aire Trillas, México 2004
- Pájaros de papel Trillas, México 2004
- A quien corresponda Trillas, México 2004
- Circo de voces Alfaguara, México 2005
- El pollito de la avellaneda Kalandraka, Pontevedra2006
- El día que Edu se convirtió en cucaracha Alfaguara, Madrid 2006
- La llave de oro y otros cuentos Anaya, Madrid 2006
- El flautista antes de Hamelin Alfaguara, 2007
- Hago de voz un cuerpo FCE, México 2007
- Tres deseos OQO, Pontevedra 2007
- L’uomo d’acqua Zoolibri, Italia 2007
- A las buenas y a las malas Anaya, 2007
- Song of the wind and waves Yeowon Media, Seúl 2008
- Un viaje increíble OQO, Pontevedra 2009
- Swan’s Lake Yeowon Media, Seúl 2009
- Cuentos de Poe Anaya, Madrid 2009 |
- Los cuatro amigos Kalandraka, Pontevedra 2010
- Carmen Hipòtesi, Barcelona 2010
- Taller de corazones OQO, Pontevedra 2010
- El hombre que entraba por la ventana SM, Madrid, 2010
- Frida Kahlo, una historia posible Anaya, Madrid, 2010
- As tres meninas Bags of Books, Portugal 2011
- La bruja y el espantapájaros FCE, México 2012

lunes, 27 de junio de 2011

COMPARACIONES 1 (Argentina vs Holanda)





La literatura infantil holandesa no anda sobrada de escritores conocidos en países no bajos, pero sí tiene una buena nómina de ilustradores a la sombra de Rien Poortvliet (el acuarelista de Los gnomos) o Max Velthuijs, ambos ya fallecidos pero con continuadores de su estilo y su dedicación al mundo de los niños.

La literatura infantil argentina sí anda sobrada de una nómina larga de escritores para niños. Un catálogo reciente descubre a un centenar de autores encabezados por María Elena Walsh, Graciela Montes, Ema Wolf, Liliana Bodoc o Graciela Cabal, un quinteto poderoso y con calidad que no siempre traspasa fronteras. La lista de ilustradores de este país austral también es numerosa, pero no es tan conocida ni en la capital mundial actual del libro, Buenos Aires.

Comparaciones argentino-holandesas que no son odiosas si hablamos de dos recientes trabajos de dos ilustradoras, una nacida en la provincia de Buenos Aires y otra en la fría Escandinavia, pero neerlandesa de escritura y adopción. Son dos álbumes con textos breves y un denominador común: formato infantil para lectores no infantiles o, en otras palabras, los textos y el mensaje final de ambos libros son para mentes casi adultas.

El primero de ellos está realizado por María Wernicke (Olivos, 1958), que no es alemana sino bonaerense. María empezó como ilustradora gráfica y se dedica actualmente en cuerpo y alma a la ilustración de libros de otros autores. Un señor en su lugar es su primera obra como autora de textos e imágenes en un libro que se fue fraguando en los semáforos porteños, semáforos que en horas pico (horas punta en otros lugares del mundo) dan mucho de sí. El texto habla de sueños, de un señor que se transporta por lugares hasta que llega a una doble página final donde afirma que “no todo está donde tiene que estar”. Las bellas imágenes, con una técnica que llena cada página de tonos marrones, se mezclan con textos deliberadamente desacompasados y un mensaje que ya la editorial avisa que es para mayores de diez años: cada uno tiene que buscar su lugar en el mundo.

El segundo de ellos está realizado por otra María: María Törnqvist (Upsala, 1964), que aunque parece sueca vive desde los cinco años en Holanda y se siente neerlandesa (candidata 2010 a los premios Andersen por este país). Acostumbrada a ilustrar historias de otros, algunas como las de Astrid Lindgren, alguien que conoció en persona de pequeña, su reciente libro Algo con lo que nadie había contado es una obra que se adentra en el tema de la incomunicación: una niña se cae en un pozo y acaba siendo casi olvidada por todos. Un niño la rescata con sus hilos de coser y ella vuelve al mundo de soledades cotidianas. El mensaje sobrecoge, no parece nada optimista y uno se pregunta por qué está en formato de álbum para niños.

El acompañamiento de esta triste historia son unas imágenes expresionistas, con manchas de color que impactan (el vestido siempre rojo de la niña) y un formato vertical que ahonda la idea de precipicio al que cae la protagonista. Todo es impersonal en el texto y se hace más impersonal en dobles páginas atiborradas de gente en movimiento. En resumen: unas excelentes ilustraciones para textos adultos.

Lo dicho: álbumes con formato infantil para lectores con cierta filosofía de vida.

(Un señor en su lugar está editado por Edelvives en Buenos Aires, 2010. Algo con lo que nadie había contado está editado por Los Cuatro Azules en Madrid, 2010).

domingo, 23 de mayo de 2010

ANTHONY BROWNE: ARGENTINA’S TOUR



Anthony Edward Tudor Browne (Sheffield, Inglaterra, 1946) es Anthony Browne, uno de los ilustradores para niños más reconocido y premiado en todo el mundo. En junio de 2009 recibió el The Children´s Laureate Award, un premio que junto a una jugosa cantidad económica lleva el encargo de difundir la literatura infantil inglesa (of course) por el mundo. En ello está y ha estado Anthony este año 2010, pues es un premio con una especie de reinado de dos años, hasta que otro hijo de la Gran Bretaña recoja el testigo.

Su gira primaveral última le está llevando desde eventos en la campiña escocesa hasta las lejanas tierras de Corea o Argentina, país este donde ha tenido tres apariciones públicas destacadas los tres últimos días de marzo. Presentado en Buenos Aires como “el mejor ilustrador de libros infantiles”, modestia editorial aparte, fue recibido con división de opiniones (alguien se atrevió a cuestionar su figura en un periódico por el “hecho de que en su obra Browne les otorga a monos y gorilas entidad humana”), opiniones que fueron aclamaciones en sus dos grandes charlas. En medio de ellas, firmó libros en una de las más bellas librerías del mundo: la librería El Ateneo de la porteña calle Santa Fe.

Un periplo argentino que él quería realizar y que le permitió conocer la palabra “chorros” (ladrones) aplicada a su computadora portátil y las palabras “densa, desubicada y egocéntrica” aplicadas a la presentadora de su última charla. Como esto no lo leerán ustedes en ningún sitio, me extenderé un poco. Parece increíble que una persona de la categoría humana y profesional de Anthony Browne fuera presentada por alguien que desconocía lo que Anthony iba a realizar, que se pasaba todo el tiempo hablando de sí misma, que dejó varias veces a Browne simplemente con el “yes” en la boca como respuesta a pseudo-preguntas de más de cinco minutos de duración, que se equivocó varias veces en datos y que tras tirar los papeles al piso (suelo) se enfrentó al público, cansado de sus inutilidades. Vergüenza ajena la que sintió todo un salón de actos (museo de arte MALBA en la avenida Figueroa Alcorta, 31 de marzo de 2010) y que tiene nombre y apellido: Alicia Salvi.

Por ello, para que ustedes conozcan un poco mejor que esta señora a Anthony Browne, les recomiendo varias entrevistas realizadas en los últimos años.

Primero, la realizada por el equipo de la revista “Peonza” en un especial sobre álbumes ilustrados que él dibujó desde la portada en abril de 2006:
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/05817463411603817427857/ima0118.htm

Segundo, la realizada por la revista española “Babar” en mayo de 2005:
http://revistababar.com/wp/?p=211

Tercero, el artículo con abundante información bio-bibliográfica que realizó Roberto Sotelo en la revista argentina “Imaginaria” en mayo de 2006:
http://www.imaginaria.com.ar/00/2/browne.htm
Completado con una reciente entrevista en tierras argentinas: