sábado, 3 de diciembre de 2011

ULISES WENSELL, EL ILUSTRADOR DE LA SENSIBILIDAD

Ulises en Santander, mi  ciudad
El pasado martes 29 de noviembre falleció en Madrid Ulises Wensell. Las noticias que iban llegando de su entorno anticipaban el desenlace y desde la distancia, como a tantos seres queridos, se siente su pérdida. Era una persona sensible y volcada en su trabajo.
Nacido en Madrid el 20 de octubre de 1945, se recibió de Ingeniero Técnico Químico al mismo tiempo que ejercía la pintura y la ilustración. En 1970 publicó su primer libro y se cuentan por varios centenares sus referencias bibliográficas, con publicaciones periódicas en España, Francia y Alemania, y traducciones en una veintena de idiomas. Premiado dentro y fuera de las fronteras españolas, tuvo en 1988 el mejor escaparate del mundo para su obra en el 25º aniversario de la Feria de Bolonia (Italia). Veinte años después fue el candidato español al premio Andersen, que no consiguió a pesar de buenas recomendaciones en varios idiomas. Quizás no convencieron sus palabras de presentación: “Dedicarse a ilustrar es algo así como aventurarse a entrar en un torbellino de distintos temas, distintos objetivos, intereses, ambientes, paisajes, épocas, vestimentas, situaciones, sentimientos y emociones”.
Ulises y Gloria Fuertes
Su larga trayectoria como ilustrador empezó con textos escolares –la conocida serie española de Senda- para pasar rápidamente a dibujar historias de todos los colores, pues tanto se aventuraba con una Caperucita como con un clásico ruso, con un libro de un amigo como con una petición de las editoriales que más le publicaron: la francesa Bayard y la alemana Ravensburger Buchverl. Ilustró libros de Gloria Fuertes que han quedado como clásicos y se aventuró a ilustrar los cuentos que su mujer Paloma Martínez le iba escribiendo. Puso imágenes a los cuentos de Fernando Alonso lo mismo que a Perrault o Antoniorrobles. Publicado también en Argentina, tuvo a María Elena Walsh como traductora en los años ochenta de algunos libros suyos editados en Francia.
Caperucita y un lobo
Pionero en los años setenta en España, sus trabajos para editoriales como Alfaguara, Altea, Miñón o Escuela Española, eran un prodigio de saber captar lo esencial de un texto, sea la vida triste de un hombrecito vestido de gris (Alfaguara, 1978) como la algarabía de Coleta, poeta y payasa (Miñón, 1982-1983). La sensibilidad estaba en los rostros de sus personajes que expresaban más que muchas palabras de escritores suecos, franceses o españoles, a los que ponía color y vida. Él decía que “hay que ilustrar el miedo, la soledad, la amistad, la alegría, la tristeza, el afecto, el brillo de la luz en el agua, la amenaza de una figura que aparece entre la niebla... Cosas así”.
En el año 2008 mi revista –Peonza- le hizo la que puede ser su última entrevista (1), en la que reflexionaba sobre casi cuarenta años de trabajo como ilustrador. Rescato como homenaje algunas de sus palabras (2):
* “He tenido la suerte de poder trabajar haciendo lo que me gusta y he ilustrado, con mayor o menor fortuna, con aciertos y errores, pero siempre con cariño, muchos libros para niños”.
* ¿Cómo ves tu trayectoria? “No podría describir mi trayectoria como una línea recta, sino más bien como una espiral en torno a un mismo centro de interés; he ido abandonando y retomando ciertos modos de hacer, ciertas características de estilo, y ciertas técnicas, pero en mis primeros libros ya había algo que sigue estando en los últimos: la intención de expresar y transmitir sentimientos y emociones, tratando de que los personajes dibujados parezcan verosímiles y capaces de experimentarlos en lugar de estilizadas abstracciones gráficas. Creo  que mi misión como ilustrador es conectar con la afectividad infantil y transmitir a los pequeños lo que hacen y sienten los personajes de las historias que ilustro. Me parece que eso facilita la identificación con ellos y que se interesen en seguir la historia narrada”.
* “Para mí cada libro es un mundo”.
* “Mi proceso creativo no ha variado mucho a lo largo del tiempo, pero ahora me interesa más la ambientación y utilizo más el ordenador para hacer bocetos a color. He ilustrado un libro empleando sólo el ordenador, y quedaba bien, pero no quiero volver a hacerlo. Me gusta trabajar con los pinceles y los colores, sobre el papel, y poder tener los originales en las manos. Lo que me preocupa es que ciertos materiales no se mantengan siempre inalterables, como el acrílico o el óleo”.
* “Siempre he intentado transmitir sensaciones, sentimientos y emociones. La alegría de un encuentro, la tristeza, la soledad, el miedo, la amenaza de una figura entre la niebla, un especial brillo de la luz en el agua y, en fin, todo lo que facilite a los niños implicarse emotivamente con lo narrado. También me interesa que los pequeños puedan ver representados los ambientes en los que transcurre la aventura, que no siempre están descritos en el texto o que no podrían imaginar con la simple lectura. A veces eso requiere cierto trabajo previo de documentación, aunque luego no se note, porque mi interpretación visual no resulta, evidentemente, realista o naturalista”.

* “Los animales me parecen tan capaces de expresar sentimientos y emociones como los seres humanos, sean niños o adultos. Y me encanta ilustrar historias en que aparezcan como protagonistas o tengan un papel importante en la narración, sean perros, gatos, patos, osos o elefantes. Creo que lo que los animales aportan a mis ilustraciones es variedad, notas de humor y cierta gracia expresiva y tierna”.
* “Después de tantos años de dedicación profesional sigo deseando crear ilustraciones con cierto encanto que puedan disfrutar los niños”.
Y parece que los niños que le estén viendo en las alturas disfrutarán con sus imágenes (3).

(1) Desde 2008 Ulises Wensell no ha tenido presencia como entrevistado en revistas especializadas. La entrevista anterior, publicada en el año 2005 y hecha en 1998, se puede leer en la revista Babar: http://revistababar.com/wp/?p=213
(2) La totalidad de la entrevista puede leerse en el número 84 de la revista –páginas 51 a 61- y verse sus ilustraciones en la cubierta y en la galería a él dedicada– páginas 101 a 108-. Todo el número puede leerse en: http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01371963233494974112257/210312.pdf?incr=1
(3) Un buen número de ilustraciones puede verse en el portal que su amigo Jaime García Padrino realizó para Cervantes Virtual. En sus páginas está todo sobre su obra. Puede verse en: http://bib.cervantesvirtual.com/bib_autor/uliseswensell/

viernes, 2 de diciembre de 2011

UN BUEN LIBRO DE AVENTURAS, ¡POR FIN!

Pocos son los libros que pueden destacarse del aluvión de novedades que se publican en la LIJ. Si la novedad es del género fantástico –muy de moda- y de aventuras en el mar, parece que encontrar una novela original, interesante y de calidad es tarea harto difícil. Pero haberlas, haylas y toparse con Camino a Aletheia es un encuentro dichoso.

La novela nos relata la vida de Marion, capitana del velero Ketterpilar, que huyendo de su pasado se encuentra en medio de una lucha entre una papisa tiránica y una logia de amantes de la verdad. La heroína es conocida por sus destrezas marinas, aprendidas durante años de un hombre del que al final se enamora. Marion se encuentra con  Augur, un extraño personaje que habla con los pájaros, y su vida se acelera, yendo de las cumbres al fondo del mar (en un divertido episodio donde habla y vive como lubina), del trato con marineros a las pruebas de valentía e inteligencia que tiene que afrontar en esa isla de la verdad que es Aletheia.

Un libro de aventuras que se mueve en varios planos –intrigas, búsqueda, magia milenaria, lucha del bien y el mal-, siempre con el mar como eje de unión. Un mar donde las virtudes de la protagonista se agigantan y que es el lugar de las tormentas y los misterios. Unos cuantos tiene que resolver Marion y todos esperados con pasión por un lector sorprendido por una novela como las de antes, bien escrita y con gran dominio de la acción, frenética en algunos capítulos. Y sorprende más que sea la primera obra de una autora (La Plata, Argentina, 1978) que apasiona y sabe crear un mundo fantástico que se parece mucho al mundo real, traidor incluido.

Una novela juvenil que la autora piensa continuar en otros libros, alguno ya escrito, en una saga que promete más aventuras y más coincidencias, ahora amorosas.

Camino a Aletheia
Autora: Victoria Bayona
Ilustraciones: Victoria Bayona
Editorial: Norma, Buenos Aires, 2011. $60 (sesenta pesos) (Paréntesis: ¿por qué es tan difícil saber el precio de un libro en Argentina?). 336 páginas.
Para conocer el avance publicitario del libro (y las ilustraciones de la autora) en 40 segundos:
Para conocer un poco a Victoria Bayona:

lunes, 31 de octubre de 2011

SOBRE PREMIOS Y SUS FRONTERAS

En este mundo de la Literahartura Infantil existen dos instituciones más bien europeas –una con pretensiones de mundialidad- que otorgan galardones a escritores, ilustradores e instituciones que se ocupan de los libros para niños. Hablamos del Premio Andersen y del Premio Astrid Lindgren. El primero solo sabe hablar inglés –con alguna excepción cada decenio- y el segundo recorre el mundo continente a continente, que los suecos son muy viajeros y gustan de las islas y países lejanos. El primero es honorifico y con dudas sempiternas sobre su limpieza (premiado europeo, blanquito, anglosajón y con obras que publica gente muy relacionada con la institución). El segundo está bien remunerado y sus recompensados pasan una semana de ensueño en Suecia, arenques y smörgasbord incluidos.
Y saliendo de Europa, el continente americano del norte y del sur tiene sus listas de premios anuales, curiosas ellas pues ni los norteamericanos del norte premian a los argentinos o venezolanos, ni los venezolanos se premian a sí mismos o a los argentinos. De ellos quiero hablar.

Premios con retardo
Hay dos entidades en América del Sur que todos los años premian los libros mejores del año. Una es argentina y otra venezolana. La primera –ALIJA- gusta de salir de sus fronteras para premiar libros editados en México o España, destacar libros ya premiados hace años o nombrar poeta del año a un uruguayo ilustrado por un español; nada malo si no fuera que su objetivo es potenciar los autores y editores argentinos. Suelen equivocarse de vez en cuando en los años de edición, dando galardones con retraso a libros de hasta un lustro de antigüedad. Pueden verse los galardonados en: http://www.imaginaria.com.ar/2011/04/ganadores-de-los-premios-%E2%80%9Cdestacados-de-alija-2010%E2%80%9D-argentina/

Pero en esto de retardos el campeón es el Banco del Libro venezolano que en su XXXI edición de “los mejores libros hispanoamericanos para niños” tiene un 66 % de libros que no son del año 2010. Gustan premiar a los publicados en el 2007 (un 24 %), editados en España (el 63 %) o de autores no hispanoamericanos (el 45 %). Parece que les gustan los libros de una editorial barcelonesa, dando preeminencia a lo contrario que publicitan como objetivos: ni un solo libro para bebés y un solo libro venezolano. También nombran mejores del año a libros premiados en el 2008 o a segundas ediciones. Para ver la lista de este año, anunciada el pasado 29 de abril: http://www.bancodellibro.org.ve/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=1236&Itemid=528
Es misterioso –los misterios de la LIJ- que ambas selecciones de libros no tengan una sola coincidencia y que a los venezolanos no les guste ni un solo libro argentino. A aquellos tampoco les gustan los libros editados en la propia Venezuela o los chilenos (uno sola mención para estos países). Solo les parecen agradar los libros editados en Colombia, España y México. Parece que se debería cuidar los criterios de selección de tan importantes instituciones  y la propia selección anual. Ah, y abrirse a otras culturas hispanoamericanas.

Otros premios que no coinciden con nadie

La Latino Literacy Now es una asociación neoyorquina que premia a los libros editados en el mundo latino, infantiles incluidos. Los Latino Internacional Book Award 2011 no coinciden con nadie, pero deben ser cosas de las distancias, infinitas fuera de las fronteras estadounidenses. Hay algún libro editado en España entre los galardonados (de la editorial aragonesa Cuento de Luz), que en el apartado infantil repiten recompensa los mismos nombres y editoriales. Deben ser cosas de los auspiciantes, que si son de Platino pueden hablar siete minutos en la entrega de premios, si son de Oro cuatro minutos y los “pobres” de Bronce solo dos minutos. Puede leerse todo esto en: http://www.lbff.us/international-latino-book-awards.html

sábado, 29 de octubre de 2011

ESCRITORES ARGENTINOS 1: LILIANA BODOC

Argentina tuvo –y tiene- una generación de escritoras que pensaron en los niños y les dedicaron sus mejores obras. María Elena Walsh, Ema Wolf, Graciela Montes, Laura Devetach o Graciela Cabal, nacidas en las décadas de 1930 y 1940, tienen una muy estimable sucesora en una escritora santafesina que escribe desde las serranías preandinas: Liliana Bodoc. Liliana irrumpió en la literatura con una trilogía excepcional –La saga de los confines, toda una épica fantástica- que ha continuado en una quincena de libros. Narradora excelente y gran conversadora nos abrió su mundo en una Buenos Aires llena de libros. Comienzo con ella una galería de escritores e ilustradores argentinos.

 ¿Cómo surgió en ti la escritora para jóvenes, la escritora de una saga?

La verdad es que ambas cosas surgieron un poco por separado, porque, a decir verdad, cuando me puse a escribir La Saga de los Confines no pensé, no elegí conscientemente hacerlo para jóvenes. Pero parece que sí lo hice. De hecho, eso fue lo que dijo el editor, el único que se avino a “arriesgarse”, la palabra que utilizó, con La saga. A mí me puso tan contenta que empecé a pensar seriamente en la literatura infantil y juvenil, cosa que no había hecho hasta ese momento, algo que no me enseñaron a hacer en la Academia. Encontré ahí un mundo tan completo, tan impresionante y tan rico como el de la literatura sin adjetivos.

La creación de una saga es algo difícil, largo. Parece que tardaste ocho años en hacerlo. ¿Podrías contarnos cómo fue el proceso?


Foto: Fernando Calzada - Gentileza SM
Es algo complejo y también maravilloso. Si hablamos de todo lo que fue el trabajo bibliográfico previo, armar los continentes, las culturas con sus costumbres y sus modos de pensar, hasta sus “filosofías”, sí, más o menos ocho años. Es un trabajo de rompecabezas, un trabajo un poquito de demiurgo, de ir inventando un mundo. En  mi caso particular debo decir que siempre estoy muy aferrada a lo histórico, a lo cultural, a lo antropológico. A veces me dicen -y lo agradezco-  “¡cuánta imaginación!” y yo digo “cuánto robo”, cuánto hay tomado de lecturas previas.

La magia está ahí en La saga, magia buena, magia mala. ¿Qué es para ti la magia?

La verdad es que para mí la magia es una cuestión seria. Quiero más o menos explayarme en esto para que no se me malinterprete. Sé que la magia cayó, en la redada del mercado, con otro montón de cosas. Sé que el pensamiento mágico, lo que ejerce la fascinación y la intuición, están muy degradados, muy malvendidos y muy mal comprados. Sin embargo, creo que el pensamiento mágico le ha aportado cosas importantísimas a la humanidad y se las sigue aportando. Pensamiento mágico en función de esto, de lo que está aún por descubrir, de lo muchísimo que la razón no puede explicar todavía, felizmente. Me parece que es una forma de conocimiento, que la razón conoce de un modo y la intuición y la fascinación conocen de otro. Y, de alguna manera, esas dos mitades van armando algo que se parece a la verdad.

La ficción es el género que más has cultivado. Para ti tiene un potencial extraordinario. ¿Por qué lo utilizas?

Creo que a la ficción no se le puede pedir todo. A veces se le pide que cambie el mundo, y me parece que es mucho para sus pobres espaldas. Pero sí creo que se le puede pedir mucho más. Se le puede pedir mucho más en la educación, se le puede pedir mucho más en el socorro, en el amparo de niños problemáticos, desde chicos con problemas psicológicos hasta chicos con problemas de salud; se le puede pedir mucho más en las familias; se le puede pedir mucho más en la historia individual de cada uno de nosotros. Porque a mí me parece que la ficción nos foguea en la emoción. Nos pone fuerte el ánimo. Nos pone fuerte la templanza, la imaginación; nos abre ventanas, nos hace ver cosas que de otra manera no veríamos jamás. Nos hace entender cosas que de otra manera no entenderíamos jamás. Y me parece que es muy poquito lo que se le pide en contra de lo muchísimo más que nos puede ofrecer, como individuos y como sociedades.

¿Y qué se puede pedir a la ficción para niños?

A la ficción para niños se le puede pedir que los apasione. Se le puede pedir que baje el dedito admonitorio de lo que se debe y lo que no se debe. Se le puede pedir que los maraville, que los deslumbre, que los asuste, que los haga reír, que los conmueva. Y se le puede pedir, básicamente, que les permita entrar en crisis. Una crisis acorde con su realidad, con sus fuerzas, con su musculatura, pero al fin, crisis. Y obviamente, transformación.

¿Cómo ves al bien y al mal en la actualidad, en tus historias y en el mundo?

Puedo entender -y de hecho hago un trabajo por entender- que vivimos inmersos en los grises. Sé que es así, todo el tiempo es así, en mi vida, en la vida de mi vecino, en la política…  Sin embargo, hay un lugar en el que a mí me gusta plantarme. Hay un tango que dice “El bien es bien y el mal es mal” y a mí me parece que es bueno que un hombre tenga un límite que no trasponga. Me preocupa mucho que el gris nos haga creer que todo es posible.

Una frase tuya es “Hay que reconstruir las palabras”. ¿Puedes explicar un poco esta idea, sobre todo para el mundo infantil?

A mí me parece que los adultos, y especialmente los docentes, tenemos que volver a pensar en las palabras como fundantes de la condición humana. Hay que volver a apasionarse con las palabras; las palabras pronunciadas, las palabras escritas, el origen de las palabras, el cambio de las palabras, la mentira de las palabras. Creo que nos estamos olvidando de que en realidad estamos hechos de eso, en gran medida. Y me parece que a veces uno habla de la literatura sin pensar que el paso previo, indispensable, es volver a enamorarnos de nuestra lengua y de nuestras palabras.

“La literatura posee poderes curativos”. Explícanos esta idea tuya, solución a muchos problemas humanos.

Vamos a ir hilvanando cosas. Esto tiene que ver con el pensamiento mágico. Todo esto empezó una vez que yo, estando mal del hígado y siendo una persona propensa a asustarme mucho cuando no estoy bien de salud, tratando de apaciguarme a mí misma, además de los medicamentos, me recitaba una de las estrofas de la Oda al hígado de Neruda: “(…)/ de ti,/ monarca oscuro,/ distribuidor de mieles y venenos,/ regulador de sales,/ de ti espero justicia:/ Amo la vida: ¡Cúmpleme! ¡Trabaja!/ No detengas mi canto.” Y yo juraba y perjuraba -y sigo haciéndolo- que a mí eso me ayudó a curarme. ¿Y por qué no?

Con esto llegamos a un tema que está en tus libros: la muerte. Mostrar la muerte a los jóvenes es algo verdadero, pero de la forma que tú lo haces es darles la realidad. ¿Por qué está tan presente la muerte en algunos de tus relatos y sobre todo en Los días de la Sombra?

Se me aparece una primera respuesta, obviamente biográfica pero no por eso desdeñable, porque uno escribe desde lo que le pasó, también. Tiene que ver posiblemente con la muerte de mi mamá cuando yo era muy chica. Y esto lo voy notando a medida que pasan los años. De manera que seguro que hay un momento de muerte, que fue un punto de inflexión en mi vida, como seguramente en la de cualquier niño al que le pasa eso. Pero a mí me interesa hablar de la muerte en función de apartarla de la pura individualidad. Se muere esta forma que soy, se muere esta organización molecular, pero esta organización se transforma en otras cosas. A mí me alivia mucho pensarlo de esa manera. Claro que no es un pensamiento mío, es un pensamiento milenario, que cuesta asimilar. Uno puede decirlo, pero de ahí a sentirlo… Pero me parece que hay que hacer un ejercicio en este sentido, y recordarse a uno mismo que uno es una organización transitoria, que felizmente, nada nuestro, nada, se pierde. Todo va a volver de otra manera. Y me parece importante también presentar este concepto de la muerte a los chicos.

En tus novelas se nota mucho el trabajo que hay detrás, con muchos juegos de coincidencias a veces increíbles. ¿Te gusta esto de jugar con las coincidencias?

Sí, me parece que es uno de los encantos más grandes de la literatura. En general no me dejo llevar demasiado por el instinto. La inspiración a mí no me va, no me sirve demasiado, me sirve a ratos. A mí me gusta en cambio el trabajo analítico previo, me gusta pensar, me gusta armar estas supuestas coincidencias que van a ocurrir. Me gusta entrelazar las tramas, saber que esto que digo acá en la novela va a resultar en aquello que voy a decir más allá. Y después de todo ese trabajo -que disfruto mucho- me largo a la escritura propiamente dicha. Ahí me relajo un poco más.

Ahora que ya tienes más de diez años de obra escrita, ¿qué quieres legar a tus lectores? ¿Una visión optimista del mundo?

Sigo pensando que este mundo así no cierra. Que hay muchísimas posibilidades de que sea mejor, mucho más justo, mucho más humano. Y jamás dejo eso de lado a la hora de escribir. Jamás me desentiendo de este mundo, de la esperanza –utópica dirán muchos, y a mí me importa poco- de transformarlo. Jamás. Siempre pienso que escribir tiene que ver también con aportar para transformar el mundo.
 

Liliana Bodoc nació un día de julio de 1958 en la ciudad ribereña de Santa Fe, Argentina. A los cinco años se traslada a Mendoza, cerca de cordilleras y montañas, donde estudió y se licenció en Letras. Ejerció la docencia, tuvo dos hijos y con un libro bajo el brazo logró que en el año 2000 le fuera publicado Los días del venado, la primera parte de una trilogía que cautivó rápidamente a los lectores de novelas fantásticas que esperaban ansiosos primero Los días de la sombra (2002) y luego Los días del fuego (2004). El éxito le llevó a seguir publicando otros libros para jóvenes, con alguna pequeña aventura literaria en los campos del teatro y los cuentos ilustrados para primeros lectores. La saga de los confines, titulo de la trilogía, cruzó fronteras y ha sido editada en varios idiomas y publicada en España por Edhasa. Premio Barco de Vapor argentino 2008, sus libros son recomendados por el sistema clásico del boca a boca, ganando por este sistema miles de lectores en colegios, institutos y apasionados de la buena literatura. Candidata al premio Andersen 2010, puede recibirlo algún día cuando los jurados de las Tierras Antiguas sepan dónde están los confines de la fantasía, allá por el extremo sur de las Tierras Fértiles.

Sus libros, por año de edición:

(2000) Los Días del Venado Norma, Buenos Aires.
(2002) Los Días de la Sombra Norma, Buenos Aires.
(2003) Diciembre súper álbum Alfaguara, Buenos Aires.
(2004) Sucedió en colores Norma, Buenos Aires.
(2004) Los Días del Fuego Norma, Buenos Aires.
(2004) Adiós a las puntillas, Portantos y Doña Cata y la gitana (teatro)
(2007) La Mejor Luna Norma, Buenos Aires.
(2007) Memorias Impuras Planeta, Buenos Aires.
(2007) Reyes y Pájaros Norma, Buenos Aires.
(2008) Amigos por el Viento Alfaguara, Buenos Aires.
(2008) El mapa imposible Alfaguara, Buenos Aires.
(2008) El espejo africano SM, Buenos Aires.
(2009) Presagio de Carnaval Norma, Buenos Aires.
(2010) El rastro de la canela. Amor y libertad en mayo de 1810 Norma, Buenos Aires.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

UN ILUSTRADOR ÚNICO: ROBERTO INNOCENTI

Roberto Innocenti es uno de los ilustradores mundiales más reconocidos y con obra estudiada por especialistas, curiosamente la mayoría norteamericanos. Desde el premio Manzana de Oro 1985 de Bratislava al más reciente premio Andersen 2008, Innocenti ha visto galardonados internacionalmente cada uno de sus grandes libros que aportan una visión distinta de la literatura y del mundo. Su Cenicienta parece real o su Pinocho un toscano más. Mi revista Peonza pudo entrevistarle el pasado otoño en Alicante y este otoño –en el próximo nº 98 de octubre- saldrá una larga charla que tuvo con mi compañero Javier Sobrino, escritor y amigo. Como transcriptor y traductor grupal de sus palabras me permito ofrecer un largo extracto de lo que nos contó.

¿Cómo fue su acercamiento al mundo de la plástica, del dibujo, del arte? ¿Qué le motivó para dedicarse a la ilustración de libros?
Al inicio yo era un niño y lo vivía todo como un juego. No había televisión, ni videojuegos ni nada de esto, y lo que hacíamos era simplemente jugar y dibujar. Diseñar no era importante, solo era una profesión para vivir. Luego, pasando los años, descubrí que me gustaba diseñar, que era una cosa que me llenaba.

La ilustración de libros era una cosa que inicialmente me gustaba, pero no daba para vivir y lo más importante era la supervivencia, comer. Hice otras cosas, carteles, diseño gráfico, artístico, proyectos y descubrí que había un campo internacional en esta profesión que desconocía. Finalmente llegué a una actividad que me llenaba y durante cuarenta y dos años he hecho del libro mi profesión. No es algo casual.
¿Qué importancia le otorga a la documentación en su trabajo de ilustrador?

Depende. Si tengo que ilustrar un libro clásico lo importante es no inventar mucho, no desviarse mucho de la historia. En los cuentos de Hoffmann o en La isla del tesoro está todo especificado: año 1700, la nave es una goleta, el mapa está dibujado… no se puede hacer otra cosa. Los vestidos, Londres, Inglaterra, las costumbres de la época se conocen. Pero me gusta trabajar con el tema de la ambientación, de los vestidos, me siento un director de cine, preocupado por cada uno de los detalles.
Cuando se trata de libros de fantasía o libros donde el autor fabula, tengo libertad para decidir: puedo ser realista o no, puedo inventar un mundo y hacer todo más personal, más divertido. Cuando ilustro no sé cómo va acabar mi trabajo, tengo curiosidad por ello y cuando finalizo me gusta sentir satisfecha mi curiosidad.

¿Qué facetas o cualidades de un texto le atraen más pensando en su ilustración: los sentimientos, la acción, lo que no se cuenta…?
Cuando tengo que ilustrar un texto lo primero que hago es leerlo con interés, cómo si no tuviera que diseñarlo. Tengo que sentir la atmósfera, ver el humor o la tragedia para ponerme después a su altura. Edgar Alan Poe no puede ser cómico sino trágico, puede ser tenebroso o no, incluso alegre. Se trata de leerlo con detalle, bien. Luego me fijo en las escenas para ver las más interesantes para ilustrar, las escenas y los momentos clave, percibiendo el ambiente de la obra y anotando las imágenes que me vienen en la mente. Otros ilustradores se fijaran en otras cosas, en otras páginas, pero yo me siento muy libre frente al texto. Intento ilustrar aquello que no está escrito porque, por ejemplo, en Oliver Twist el protagonista está bien descrito, lo mismo que la ciudad, la sociedad y los personajes; pero como hice en Cuento de Navidad me siento muy libre para dar detalles sobre este u otro personaje, sobre la gente, sus caras, dando información que no tiene al lector, al joven lector, que le haga ver el libro de otra forma. Es lo que siempre he hecho.

¿Cómo se plantea su labor como ilustrador cuando aborda un texto nuevo? ¿Cuál es su proceso de trabajo?
Es un proceso arbitrario. Puedo comenzar a ilustrar un libro por cualquier parte, no es algo exacto; puedo comenzar a diseñar sin un orden predeterminado, empezar por los personajes y ver lo que demanda cada uno. Es un proceso lento que me va dando vueltas en la cabeza, entre siesta y siesta, hasta que un día u otro del mes aparece claro. Poco a poco, piano piano, va avanzando hasta llegar a tener toda la idea general. Es importante que el libro transmita una idea. ¿Cómo hacerlo? En Rosablanca la idea fue la esperanza y al descubrirla sentí que el libro estaba ya cerrado y podía ponerme a ilustrarlo finalmente. En Pinocho, la historia de un muñeco que yo conozco desde pequeño, un libro que ha tenido a Mazzanti o Chiostri como primeros ilustradores, no lo he cambiado, he sido respetuoso. Pero si lo he presentado de una forma diferente, algo que han hecho autores como Disney con su un Pinocho divertido. Para mi Pinocho es un niño pequeño, muy pequeño, que se encuentra dentro de un mundo grande, muy grande que no domina por el sencillo hecho de ser chico, muy chico. El lector se solidariza con este problema, con alguien inadaptado, desvalido ante un mundo inmenso a su a alrededor.

¿Qué cree que aporta a un niño lector un libro ilustrado por usted?
Yo no pienso en el público. Tengo miedo que por pensar en el público, por llegar a más gente, tenga que conocer lo que el público quiere. Prefiero desconocerlo, no saberlo; creo que esto se puede hacer extensivo a todos los ilustradores, a todos los artistas que llevan algo dentro. Cuando finalizo un trabajo ya no estoy tan contento, me llega la autocritica, pensar si el trabajo es correcto y se puede proponer. De toda la gente que existe en el mundo solo hay una pequeña parte a la que le gusta mi trabajo, es un número de lectores que tienen mérito. Me agrada pensar que son lectores que evolucionan, que no son un público que sigue la receta del mercado. No pienso que yo tenga que ser simple porque me digan que los niños son simples o porque me digan que son complicados u otra cosa. No me interesa conocer la fórmula del best-seller. Prefiero llegar a unos miles de lectores a los que sé que les gusta mi trabajo, a los que les gusta las cosas que hago, aunque si alguna vez son cientos de miles mejor, no voy a decir que no.

Varios libros suyos se ambientan en el horror nazi, ¿a qué se debe esta  temática? ¿Por qué se centra en este hecho histórico y no en otros?
La escuela debe educar sin intentar mostrar marionetas, unos niños que no existieron. Deben conocer la historia reciente y ver cómo eran los niños alemanes, lo que ocurría aquí y en Alemania. Ocurrieron cosas tremendas de las que muchos padres solo tienen una idea difusa. Debemos ser personas de una sociedad responsable, estar juntos en la visión de que niños y jóvenes colaboraron en la propaganda de aquellos años. No hay que dramatizar la memoria, pero si conocerla.

¿Qué significa para usted hacer un álbum ilustrado? ¿Qué cree que aporta  a la literatura este tipo de obras?
Para mi hacer un álbum es un oficio que me gusta. No me hice pintor porque necesito la literatura y la literatura la puedo escribir yo o interpretar lo que otros escribieron. La intención de del álbum es ser un libro, un  buen libro que tenga su espacio. Hacerlo es todo un proceso productivo que cuando finaliza te llena, te reconforta. Es un proceso solitario, en el que se ejerce mucha paciencia, es una aventura, una película con final feliz. Ilustrar es contar historias al lector.

¿Qué le aportan los cuentos tradicionales?
¿Cómo lectura? Como lectura me pongo a esbozar mentalmente imágenes, un paisaje, un personaje. Es imposible no pasar una página sin que la imaginación funcione. Para los niños es muy fácil y deberían leer más libros sin imágenes, no periódicos, para que ejercieran esta capacidad.

¿Cómo se siente después de revisar su trayectoria como ilustrador tras recibir el premio Andersen hace tres años?
Ciertamente es una gratificación porque nadie está seguro de recibirlo. Pero es un proceso de reconocimiento, primero del IBBY italiano, luego la aceptación del comité y el resultado final. El hecho es que da un poco de seguridad. Me siento el último de una generación de autores muy preparada de la que, en Italia al menos, solo quedo yo.

Roberto Innocenti (Bagno a Ripoli, 1940) nació en una pequeña localidad toscana cercana a Florencia conocida por sus jardines e iglesias. Allí  vivió la II Guerra Mundial, algo que le marcó con sus pocos años. Dejo la escuela a los trece años para trabajar en una fundición de acero y emigrar a Roma a los 18 años para trabajar en un estudio de animación. Allí empezó a aprender el oficio de ilustrador que le permitió volver a Florencia, donde ejerció de diseñador gráfico. Un encuentro con John Alcor, artista norteamericano, le permite publicar sus primeros trabajos como ilustrador de libros. Pero fue otro encuentro, con el ilustrador suizo Étienne Delessert, el que le permite recrear una nueva Cenicienta, publicada en 1983, situada en el Londres de los locos años 20. Este primer gran trabajo le permite editar dos años más tarde la que quizás sea su obra más personal junto a su interpretación del personaje Pinocho: Rosa Blanca, la historia de una niña alemana que ve el horror del holocausto a su alrededor.

Las imágenes de Rosa Blanca impactan, en el estilo de un autor que se adapta muy bien al espíritu de cada libro. Innocenti cuida los detalles, los personajes, las arquitecturas y los ambientes; sus dibujos parecen retazos de realidad vistos con encuadres diferentes. Sus trabajos son retratos hechos con un ojo subjetivo que caracteriza escenas y las llena de recuerdos personales. Son cuadros que hablan y permiten hacer verdad que una imagen vale más que mil palabras. Todo un lujo para lectores infantiles.

Bibliografía para jóvenes (Año de edición original)
- (1978) Velas, raíles y alas de Seymour Reit. Plaza y Janes, 1981.
- (1983) La Cenicienta de Charles Perrault. Anaya, 1984. (Lumen, 2002)
- (1985) Rosa Blanca de Christophe Gallaz. Loguez, 1987.
- (1988) Las aventuras de Pinocho de Carlo Collodi. Altea, 1988 (Kalandraka, 2005)
- (1990) Cuento de Navidad de Charles Dickens. Lumen, 1990.
- (1996) El Cascanueces de E.T.A. Hoffman. Lumen, 1996.
- (2002) El último refugio de J. Patrick Lewis. F.C.E., 2003.
- (2004) Era calendimaggio de Angela Naneti. Giulio Einaudi, 2004.
- (2004) La historia de Erika de Ruth Vander Zeer. Kalandraka, 2005
- (2008) Das Medaillon de Andrea Camilleri. Rowohlt Verlag, 2008.
- (2009) La casa de Patrick Lewis. Kalandraka, 2010.
- (2011) L’Isola di tesoro de Robert L. Stevenson. Principi & Principi, 2011.

domingo, 28 de agosto de 2011

PETER HÄRTLING: LITERATURA Y COMPROMISO

En la España de los años 80, después de pasada la dictadura y afianzada la democracia, empezaron a traducirse muchos obras de Literatura Infantil y Juvenil con temas comprometidos. La editorial Alfaguara, y su directora de colección Michi Strausfeld (una sonriente alemana que se radicó en España después de recorrer con su trabajo varios países europeos y sudamericanos), editó entonces los mejores libros de autores extranjeros de LIJ, alemanes como ella en particular. Peter Härtling fue uno de los escritores alemanes que empezaron a conocerse y disfrutarse, con temáticas realistas y personajes que interrogaban al lector.

En los años 90 Peter viajó a España y, aprendiz de muchas cosas, no me atreví a hacerle una entrevista en un idioma que no domino. Pero, años más tarde, con mi revista de LIJ -Peonza- cumpliendo veinte años y planeando un número sobre el compromiso literario fue el candidato ideal. Su obra es una referencia ineludible a la hora de analizar la presencia de los asuntos problemáticos de nuestro tiempo en los libros para los jóvenes lectores; y ello con un tratamiento riguroso, no panfletario y con calidad literaria. De modo que nos decidimos a realizarle una entrevista que salió en el número de Diciembre de 2006. Sus sintéticas palabras pueden ser un motivo para dirigir la atención hacia uno de los escritores clave de la LIJ europea del último tercio del siglo XX.

¿Cómo empezó a escribir literatura infantil? ¿Qué le impulsó a dirigirse a los jóvenes lectores?

Comencé a escribir para niños inspirado y, a la vez, irritado por la lectura de los libros de mis hijos. Yo solía leer lo que ellos leían. La literatura infantil en los años setenta me espantaba por su mentalidad simplista y su rutina.

En España, sus libros más conocidos en el campo de la literatura infantil pertenecen a la corriente realista: “La abuela”, “Ben quiere a Anna”, “El viejo John”. ¿Cuál cree que es el papel de la fantasía en los libros para niños?

Mi primera declaración teórica en relación con la literatura para niños fue una conferencia en 1969 titulada “Die Wirklichkeit der Kinder” (“La realidad de los niños”). Esta declaración era un alegato a favor de una verdadera fe en la fantasía.

¿Cuáles de sus libros considera de mayor actualidad en estos comienzos de un nuevo siglo?

En mi opinión, algunos de mis libros pueden hacer frente a este siglo desde un punto de vista temático, especialmente Muletas, Ben quiere a Ana, La abuela o ¿Qué fue del Girbel?.

En su obra muestra gran interés por todos aquellos asuntos que forman parte de la vida cotidiana de los niños, y los aborda sin edulcorar ni trivializar las experiencias infantiles. ¿No cree que en la actualidad hay, en la literatura infantil, un exceso de banalidad?

No sólo la literatura para niños se está volviendo más y más superficial. Esto se puede aplicar también a la literatura en general. Una razón podría ser que estamos enfrentados a la superioridad de los medios de comunicación que producen imágenes y películas las veinticuatro horas del día.

¿Cuál es su opinión acerca de la literatura que hoy se escribe para niños?

Lamentablemente, en este momento las empresas editoras favorecen un determinado tipo de literatura a la moda que evita cualquier tipo de problema.

En “Muletas”, con las secuelas de la II Guerra Mundial de fondo, presenta a los chicos el sufrimiento que causan las guerras. ¿Aprendemos los hombres de la Historia o tropezamos siempre en la misma piedra? 

En Krücke (Muletas), hablo acerca de mis propias experiencias durante la Segunda Guerra Mundial y la posguerra. Espero sinceramente que los niños entiendan el libro como un “ejemplo”, pero dudo que sean capaces de aprender de esa tragedia.

¿Qué opinión le merece el momento que atraviesa actualmente la Humanidad?

Nuestro estado de ánimo, que es un estado de ánimo global, puede hacernos sentir atemorizados. Los acuerdos tradicionales entre los seres humanos (pacifismo, fraternidad, racionalidad, y amistad) se están perdiendo.

Durante la infancia (y más aún en la adolescencia) cuando leemos determinados libros, a menudo sentimos que nos encontramos a nosotros mismos en sus páginas. ¿Qué libros le dejaron una huella más profunda como joven lector?

Desde que era un niño, y ahora como adulto, siempre he vivido entre libros. Lederstrumpf (Los cuentos de Calzas de Cuero) de James Fenimore Cooper tuvieron un impacto muy fuerte en mí, al igual que los poemas de Rainer María Rilke y Babicka, de Bozena Nemcova.

De entre los grandes clásicos de la literatura, ¿cuáles recomendaría a los niños de hoy?

Yo recomendaría a los jóvenes que leyeran dos libros muy importantes: Don Quijote de la Mancha, de Cervantes, y Guerra y Paz, de Tolstoi.

Usted fue uno de los pioneros de una generación de escritores que en los años setenta abordó temas considerados tabú en la literatura infantil y juvenil: el primer amor de unos niños, la relaciones entre generaciones, los problemas de los discapacitados, la situación de marginación de los inmigrantes, la vejez, la muerte. ¿De qué temas debería hablar hoy la literatura destinada a niños y jóvenes?

Para mí, los temas importantes que afectan a la vida de los jóvenes lectores podrían ser: la familia fragmentada, la soledad en medio de los demás, el acoso, el miedo, las relaciones heterogéneas, la pobreza y la riqueza.

En su país, el compromiso del escritor es un tema recurrente. Las últimas revelaciones de Grass han avivado la polémica. ¿Cuál es su opinión al respecto? ¿Pueden las palabras transformar el mundo?

Los autores de mi generación argumentaban y discutían de un modo político, se involucraban. Los jóvenes, en la actualidad, son más reservados. Creo que las palabras no pueden cambiar el mundo mientras que los pensamientos y las ideas sí pueden hacerlo.

Como escritor, se dirige usted también a los adultos con novelas, cuentos y poesía. ¿En qué campo se ha sentido más a gusto, en éste o en el de la literatura infantil?

Los niños se asoman a la lectura por primera vez y, por lo tanto, son muy importantes para mí.

¿Acude a encuentros con sus jóvenes lectores en escuelas y bibliotecas? Si es así, ¿qué le aporta el contacto con los receptores de su obra?

Las conversaciones con niños después de las lecturas públicas en escuelas y bibliotecas me inspiran, me proporcionan ideas frescas, algunas veces me confunden o me ponen en situaciones embarazosas y, gracias a ellos, me siento siempre al día.

¿Qué trabajos tiene en estos momentos sobre la mesa? ¿Cuáles son sus proyectos más inmediatos?

En este momento trabajo en una novela. Es acerca de un chico de doce años cuyos padres están siempre muy ocupados y, a menudo, fuera. Así que piden a los vecinos de la casa que echen un ojo a su hijo y después de un cierto tiempo todo el vecindario le “adopta”.


Peter Härtling nació en la ciudad alemana de Chemnitz, en 1933. Su infancia estuvo dramáticamente marcada por la II Guerra Mundial y sus consecuencias inmediatas (algo que se refleja en su obra). A la muerte de su padre, soldado del ejército alemán, le sucede el suicidio de la madre. Deberá afrontar tan trágicas circunstancias en medio de las estrecheces de la dura posguerra.

Sus inicios literarios se desarrollan en los campos de la poesía, el periodismo y la edición. Es autor de novelas biográficas para adultos sobre personajes históricos como Hölderlin o Schubert.

Comienza a escribir para niños movido por el enfado que le provoca la banalidad de los libros que sus hijos leían. Se convierte en uno de los máximos exponentes de la corriente del realismo crítico que, en los años setenta, empezó a abordar abiertamente en los libros infantiles cuestiones conflictivas como la guerra, la discapacidad, el racismo, la vejez, el abuso de menores, el primer amor o las relaciones entre niños y adultos. Para ello, escoge un planteamiento directo que evita el paternalismo, los mensajes explícitos y la moralina; y que interroga directamente al lector a través de finales abiertos. Busca la aproximación al lenguaje de los niños con un estilo sencillo y austero que, a la vez, resulta cálido y cercano a las preocupaciones de aquellos.

Se debe destacar el componente autobiográfico de algunos de sus libros (Muletas, sus experiencias infantiles en la posguerra mundial; La abuela, su crianza, tras la muerte de los padres, a cargo de su propia abuela). La obra de Peter Härtling, valiente y lúcida, ha alcanzado en España una notable difusión y un amplio reconocimiento por parte de la crítica y de los mediadores desde que empezara a traducirse a mediados de los años ochenta.

BIBLIOGRAFÍA  EN ESPAÑOL PARA NIÑOS Y JÓVENES:

Jakob detrás de la puerta azul. Alfaguara, Madrid, 1985.

¿Qué fue del Girbel? Lóguez, Salamanca, 1987.

Fraenze. Siruela, Madrid, 1991.

Cuentos de la guerra y otros relatos. Alfaguara, Madrid, 1991.

Theo se larga. Alfaguara, Madrid, 1992.

Ben quiere a Anna. Alfaguara, Madrid, 1992.                                

El viejo John. Alfaguara, Madrid, 1992.

La abuela. Alfaguara, Madrid, 1992.

Muletas. Alfaguara, Madrid, 1992.

Makulu. Desclée de Brouwer, Bilbao, 1992.                       

Con Clara somos seis. SM, Madrid, 1996.

Lena en el tejado. Alfaguara, Madrid, 1997.

Sofie cuenta historias. Alfaguara, Madrid, 1998.

Goethe para niños. Plaza & Janés, Barcelona, 1999.                      

Algo pasa en la librería. Alfaguara, Madrid, 2001.

Viaje contra el viento. SM, Madrid, 2001.

Tía Tili hace teatro. Alfaguara, Madrid, 2001.







miércoles, 27 de julio de 2011

UNA FERIA INFANTIL CHICA, MUY CHICA

Se está celebrando la 21ª Feria del Libro Infantil y Juvenil de Buenos Aires (11 al 30 de julio de 2011) en un recinto ferial donde las urnas de las eternas votaciones porteñas han quitado un valioso espacio a los libros. Quizás haya que preguntar en futuras elecciones primarias, secundarias, terciarias y balotajes (que de todo esto tiene el sistema electoral argentino), si el obligado elector quiere que sus hijos, nietos, sobrinos o vecinos pequeñitos puedan conocer y leer libros pensados para ellos.

Confinada la Feria Infantil en terrenos del Gobierno de la ciudad compartidos, dirigida por una fundación que parece conocer más de negocios que de libros para niños, esta edición de 2011 es la más pobre y chica que uno haya conocido desde hace años. (Pueden leerse sus actividades en: http://www.el-libro.org.ar/infantil/ )

Unos amigos centroamericanos venían de ver la Feria del Libro FILGUA 2011 ( www.filgua.com ), Feria del Libro de Guatemala, un país tres veces menos poblado que Argentina y muchas veces más pobre, que del 15 al 24 de este mes de julio ha celebrado su Feria del Libro enfocada también a los niños. El patio central de esta feria estuvo dedicado a María Elena Walsh y fueron múltiples los actos pensados para niños y dedicados a la autora nacida en 1931 en Ramos Mejía (provincia de Buenos Aires) y recientemente fallecida. Estos amigos se extrañaban de las escasas dimensiones de la Feria argentina con el notorio comentario: “Pero si es más pequeña que la nuestra”. Y sí, como dicen por acá: la Feria del Libro Infantil de Buenos Aires se ha achicado y se ha llenado de ruidos poco literarios.

Recorrer la feria en esta edición exigua es no poder ver un libro con tranquilidad, ni una exposición de ilustradores o fotográfica con lógica. Parece mentira, pero ninguno de los espacios expositivos tiene la mínima aclaración y señalización. Uno puede ver veinte originales de discos de María Elena Walsh, quince fotos de distintas épocas suyas y un centenar de libros, sin ningún orden ni concierto y sin ninguna explicación. Una exposición al lado de los baños y sin ningún cartel interpretativo, lo mismo que las dos galerías de ilustraciones, perdidas en salones sin indicaciones. ¿Para qué se dedica una Feria a Mª Elena Walsh o Hugo Midón, si uno sale de ella sin saber absolutamente nada nuevo de cualquiera de estos dos grandes personajes que pensaron en los niños?

Acudir a una conferencia o taller, intentar ver un espectáculo sin interferencias, oír a un escritor español, tucumano o peruano, es tarea casi inútil. Cualquier orador tiene que competir con trenes y helicópteros, aviones y altavoces anunciando la última invención del más gritón del lugar, sea cuentacuentos, cantante para niños o Iliana Calabró, alguien que colapsó durante una hora la entrada y salida de visitantes. Quien diseñó los salones de actos fuera del edificio central debe de ser sordo o sorda, además de ciego o ciega, para no ver y oír los centenares de trenes que circulan por el lugar a escasísimos metros de la Feria. Ha habido charlas y coloquios insufribles, cursos de los que la gente ha huido en masa, actos donde se oía más el helicóptero o avión de turno que al que intentaba explicar algo micrófono en mano.

Una feria sin actos importantes, sin ciclos de nada, sin exposiciones de más nada y llena de ruido, mucho ruido y desorganización. Si tienen intención de ir les recomiendo no vayan, centenares de niños les van a atropellar, no van a poder escuchar algo a gusto y mira por donde, Guatemala tiene más interés por María Elena Walsh que la propia Argentina. Una pena y los que la organizan no se dan cuenta; o sí y les da igual. Sic transit feria capital del mundit.

P.S.: Me han gustado el eslogan de esta Feria del Libro Infantil –“Aires de Buenos Libros”- y su ilustración principal, obra de Poly Bernatene; ambos invitan a soñar en medio del ruido.