Mostrando entradas con la etiqueta literatura infantil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura infantil. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de septiembre de 2012

IBEROAMÉRICA A TROZOS (O COMO NO VER NI EL BOSQUE LITERARIO NI SUS ÁRBOLES-LIBROS PARA NIÑOS)




Desde el año 2004 una fundación española unida a una editorial con presencia y predominio en el mundo literario infantil y juvenil (Fundación Santa María o en su anagrama: Fundación SM) se ocupa de publicar un anuario para explicar cómo ha funcionado esto de la LIJ en España y parte de América en los últimos doce meses. Hace poco tiempo ha sido publicada la última entrega: el Anuario Iberoamericano sobre el Libro Infantil y Juvenil 2012, un libro de 228 páginas que no habla del 2012, sino del 2011 (con artículos que llevan a recorridos literarios por siglos anteriores al XXI).

Una formula esta del anuario (véase en tres partes en  http://www.fundacion-sm.com/ver_noticia.aspx?&id=30439 o en una sola en: http://www.literaturasm.com/archivosCMS/3/3/47/usuarios/234803/13/20120309122337N_d6fb69bf-85a0-4158-8771-69564411d1d6.pdf  ) que la editorial marianista repite una y otra vez en un intento de “reunir en un volumen anual toda la información disponible sobre la LIJ”, “desde el compromiso y la generosidad”. Pero… no todo el monte es orégano, sino que el orégano solo está “en los países en los que la Fundación y el Grupo SM están presentes”. Así, un anuario Iberoamericano se convierte en menos de medio Iberoamericano al analizar solo 9 de los 22 países con idioma oficial portugués o español. Es decir: IBEROAMÉRICA A TROZOS.

Literaturas de gran tradición y múltiples obras infantiles de calidad como la cubana o la uruguaya brillan por su ausencia, lo mismo que la de países como Ecuador, Portugal, Venezuela o Paraguay, país este con un despegue de calidad y publicaciones en el año 2011 grande. Y, ya que es una editorial religiosa, en el limbo quedan los libros para niños bolivianos, nicaragüenses, panameños o costarricenses. La generosidad parece que tiene más que ver con lo oneroso que con lo generoso (sin meternos en otras Honduras, país que tampoco aparece).

El libro, tras las palabras introductorias de la gente de SM, comienza con una visión general de la LIJ en Iberoamérica del especialista cubano, residente en Estados Unidos, Antonio Orlando Rodríguez. Difícil su tarea y parcial su visión “a vuelo de pájaro”, donde con una mirada optimista de la LIJ repasa géneros y temas por países. Un largo artículo que es lo mejor del anuario, donde se nota un gran esfuerzo de documentación que por lo inabarcable de la tarea tiene sus lagunas (lagos en el caso de su visión de la producción española y argentina).

Del resto de las parcelas, destacar las dedicadas a España y Colombia, que por su brevedad se hacen más dinámicas de leer y sus autoras (Victoria Fernández y Beatriz Helena Robledo) logran dar realmente una visión general sin caer en la acumulación de autores y libros. Acumulación de nombres (decenas y decenas en algunas páginas) en el trozo argentino y de números en el brasileño, artículo este que contiene algunos de los mejores libros que se han editado en el 2011.

Cabría hacer un listado país por país por tamaño de su trozo nacional en el libro medido en páginas. El “medallero” quedaría así:

Argentina                    26
Chile                           24
México                        14
España                       12 (más 12 de Cataluña, 10 de Galicia y 12 del País Vasco)
Colombia                    12
Puerto Rico                 12
Perú                           12
Brasil                           8
Republica Dominicana    4

A uno le duelen las ausencias, pero le molestan más las muchas presencias. Este es el caso del artículo argentino que parece un catálogo exhaustivo y sin ningún análisis de autores, editores, especialistas, conferenciantes, profesores universitarios y experiencias varias. Nombres y más nombres llenan páginas (listado, por ejemplo, de ¡44! editores con nombres y apellido) y exhaustividades como las cuatro páginas dedicadas a un canal televisivo educativo (del mismo tamaño que todo el artículo de la República Dominicana) o el largo y muy parcial apartado de “un poco de historia”. Parece que la articulista –Nora Lia Sormani- tenga que hacer patria y no pueda dejar a nadie en el tintero (que lo deja), teniendo que reflejar largamente todo lo oficial (tres páginas para una asociación, por ejemplo) en una época y un país en que discrepar empieza a ser arriesgado. Como arriesgado es decir, contrariando lo que se lee en el anuario, que 2011 fue el año del gran homenaje del pueblo argentino a María Elena Walsh, citada en muchos encuentros y ferias del libro, con varios recitales especiales de sus canciones en escenarios diversos, pero sin una sola exposición conmemorativa hecha con rigor (la de la Feria Infantil del Libro fue vergonzosa), ni un estudio nuevo, ni una reedición critica o un documental trabajado.
 
Un Anuario Iberoamericano quizás debería ser otra cosa o tener otras visiones. El de la Fundación SM no parece que logre una visión ni anual ni Iberoamericana. Pero parece que se quiere una LIJ a trozos y esto sí se logra. A los lectores nos toca esta labor; ya lo decía el otro Marx: “Trocitos del mundo, uníos”.


martes, 10 de julio de 2012

LO QUE VIENE DEL NORTE (NUEVOS HÉROES PARA NIÑOS/AS)

Jim Smith



Hay una cadena curiosa de quejas en la Literatura Infantil y Juvenil: Argentina (o Uruguay, Colombia, México…) se queja de que hay demasiada literatura para niños procedente de España en su país, España se queja de que se traduce cualquier libro o álbum francés antes que un producto nacional, Francia se queja de que sus novelas y cuentos no son comprados y traducidos por los ingleses. ¿Y los ingleses? Felices, ellos están en la cúpula del edificio de la LIJ, acaparando con su idioma premios internacionales y vendiendo sus productos por todo el mundo, sean lectores africanos, asiáticos o de las Europas y Américas del Sur.

Británicos y norteamericanos marcan pautas literarias que rápidamente se extienden por el mundo mundial, que diría Manolito Gafotas (personaje de la escritora española Elvira Lindo). Sus personajes nos llenan de hamburguesas, sus madres parecen sacadas de un manual de psicopatología, lo mismo que los padres, los profesores y buena parte del elenco de las historias. Dos lanzamientos para el mundo de habla española en este año 2012 dan que pensar y ejemplifican lo que se está vendiendo e imponiendo en los mercados; hablo de Manu Penoso (Barry Loser en inglés) y del Capitán Calzoncillos (Captain Underpants en norteamericano) en una edición de tapa dura, dos personajes lanzados con todo tipo de marketing por la editorial española S.M., esa multinacional de los valores y de la educación religiosa.

Página original
Manu Penoso (Barry Loser en el original) es el personaje principal de No soy un penoso (I Am Not a Loser en la edición londinense), un perdedor (eso es “loser” señor traductor) que no da una en sus aventuras, casi siempre escolares. A su lado el pequeño Nicolás o la pandilla de La guerra de los botones son seres bien educados. Manu está rodeado de seres de estudio clínico que disfrutan con eructos, mocos y babas varias. Un repertorio sobre el que se asientan las historias hasta el gran eructo final producto de ese aprendiz de Fétido Adams que es Darren Darrenofski (Lolo Lolofski en español).

Adoptado el punto de vista “tonto y pueril” (“silly and childish”) que el autor quiere darnos (Jim Smith, un londinense treintañero), el libro se puede disfrutar mucho, sobre todo por los dibujos, mucho más explicativos que los textos, en un humor muy al gusto de pequeños hooligans ingleses. Uno se queda pensando para qué queremos modelos literarios como estos, por mucho que hagan gracia en varios idiomas, y qué será de lectores que solo piensan en beber Chisposa (la marca de gaseosa del libro) y eructar en varios tonos y alientos múltiples, valores cada vez más multiculturales. Ah, sobre la traducción prefiero no hablar porque parece otro texto, a veces con buenos resultados: “Hola, ¿está Cacola?” (de caca: “Is this Poopoo Speaking?”).

(Quien quiera conocer al penoso personaje puede hacerlo en su web: http://www.barryloser.com/ )

El Capitán Calzoncillos es el otro personaje que se ha lanzado al ruedo ibérico y latinoamericano sin ningún miedo. Un libro lleno de dibujos y viñetas, escrito hace quince años por el estadounidense Dav Pilkey (Cleveland, Ohio, 1966) y que promete intriga, acción y risas. Escrito y dibujado en 1997 fue el primer libro de una larga saga de trece libros, con promesas de un decimocuarto el próximo 28 de agosto y un decimoquinto en enero de 2013. Millones de lectores han disfrutado con sus disparatadas aventuras y, al contrario que el anterior, cuenta con un traductor excepcional: Miguel Azaola, veterano mediador de los libros de Roald Dahl.
Pilkey vestido de superhéroe

El protagonista se convierte habitualmente en un héroe en calzoncillos y así va por el mundo. Los causantes y creadores de su figura son dos malévolas criaturas, alumnos de una Elementary School (Escuela Primaria), que parecen dos gamberros sueltos por las calles de una ciudad de Ohio, lugar donde transcurre la ficción literaria en inglés (en español no se sabe pues no se dice y se atisba una mezcla rara: un pueblo o ciudad de Alicante con la bandera del medio centenar de estrellas por todos lados). Una obra que debe mucho a los creadores de los Simpson y cuyo estilo de humor está presente en cada capítulo del primer libro (suponemos que siga en las catorce continuaciones).
Página original

(Puede verse al autor y su obra en: http://www.pilkey.com/ )

Dos libros que lanzan al ruedo literario ejemplos de héroes un tanto estúpidos, con un humor primario y chabacano, casi de caca-moco-culo-calzoncillo. Funcionar funcionan, pero si esto es lo que hay, veremos lo que viene después. ¿Superpedorro? ¿Vómito mágico? ¿El moco superpoderoso? ¿Eructando que es gerundio? El planeta de la LIJ está en crisis... escatológica.

lunes, 11 de junio de 2012

MAURICE SENDAK YA ESTÁ EN EL PAÍS DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS


Sendak -en el centro- con dos lectores suyos
Había una vez en Brooklyn un niño judío de origen polaco que a los doce años se quedó impactado con los dibujos y la música de la película Fantasía (Disney, 1940). Descubrió que el personaje que ejercía de brujo exorcista –Mickey Mouse- había nacido el mismo año que él (1928) y que habían crecido teniendo gustos comunes: música, un perro a su lado y pasión por el dibujo. “Mis figuras dominantes en mi infancia fueron Mickey Mouse y mi riguroso y barbudo abuelo materno”  diría ya de mayor. Este niño curioso emborronaba decenas de hojas y con 14 años publicaría sus primeros trabajos en la revista de la escuela. Poco después, a los 19 años, ilustró su primer libro donde las moléculas eran parejas de danzarines y una reacción en cadena era un desfile de baile conga: Atomics for the Millions.
Moléculas danzarinas (1947)

Siguió creciendo y dibujando y un día, ya adulto y barbudo como su abuelo, encontró que le gustaba imaginar caballos salvajes para los que bocetó un libro: Where the Wild Horses Are (Donde viven los caballos salvajes). El libro daba vueltas en su cabeza, llena de recuerdos y sueños infantiles, y en una de ellas los caballos mudaron en monstruos y el niño protagonista tomó nombre: Max. Había nacido el libro ilustrado infantil más trascendental y leído del siglo XX: When the Wild Things Are (Donde viven los monstruos). Era el año 1963 y estamos hablando de Maurice Sendak.

Sendak, Max y sus monstruos
Sendak nos dejó el pasado 8 de mayo, víctima de un accidente cerebrovascular. Sus ojos de niño nunca dejaron de observar el mundo que le rodeaba y su genio creativo dio lugar a más de un centenar de libros, auténticas obras de arte casi todos ellos. Era el más grande de los grandes ilustradores contemporáneos y siempre lo supo en un país el suyo que ha publicado centenares de artículos sobre su obra y su monstruoso libro clave. Cuando le trataban de deidad terrenal él siempre decía: “Mis dioses son Herman Melville, Emily Dickinson y Mozart. Creo en ellos con todo mi corazón”.
Max y Maurice eran almas gemelas y sus aventuras en el país donde viven los monstruos son las aventuras que imaginaban los hermanos Sendak –Maurice y Jack- sobre los tejados y terrazas neoyorquinas. Max sigue volviendo cada noche a su habitación tras liberar energías en fiestas monstruosas y siempre le está esperando un plato de sopa calentita; a Maurice le esperan actividades más plácidas: observar a sus criaturas desde los cielos de su Nueva York, tantas veces dibujados por él de día y de noche.


Maurice Sendak nació el 10 de junio de 1928 en Brooklyn, barrio de Nueva York entonces lleno de inmigrantes judíos. Su pasión por el dibujo fue tan grande que desde niño disfrutaba imaginando historias solo por el placer de verlas después en imágenes y en viñetas. Sus primeros trabajos a lo largo de los años 50 muestran ya un ilustrador con mundo creativo propio cuyos personajes reflejan sentimientos y actitudes complejas. Sus libros propios –como autor de textos e ilustraciones- son un catálogo de entusiasmos infantiles y aprensiones varias en expresivas y cuidadas imágenes. Sus trabajos para otros autores siguen el mismo patrón que llena de emociones cada página, sea esta de osos o de tortugas. Su encuentro con Else Homelund Minarik en 1957 dio lugar a un personaje de fama mundial, serie de televisión incluida: Little Bear (Osito). Un osito con seis libros escritos y dibujados entre 1957 y 1968 y que permitieron a Sendak jugar con animales en sus historias. En 1962 The Nutshell Library (La Minibiblioteca en la versión española de Gloria Fuertes) continúa el juego visual y rimado con animales en una joya de caja de cartón que contiene en su interior cuatro minilibros, donde una familia de cocodrilos crea un abecedario o un león llega a tragarse a un niño un tanto insoportable (el infante se llama Pierre y puede verse su historia en un video en el que Carole King pone la música y Sendak las imágenes:


Este libro le sirvió para ser reconocido como el “Picasso de la ilustración” por algunos críticos neoyorquinos, algo que no le consultaron  al propio Pablo Ruiz Picasso, que con 81 lúcidos años entonces seguro que pensaba otra cosa. Un año más tarde quizás el auténtico Picasso hubiera opinado de manera diferente al ver la obra maestra de Sendak: When the Wild Things Are (Donde viven los monstruos).


Osito (1957)

Sendak a lo largo de sus 83 años de vida publicó dieciocho libros como autor integral de textos e ilustraciones; solo seis de ellos han sido traducidos al español. Solo seis, pero cada uno único y genial: El letrero secreto de Rosie (The Sign On Rosie's Door, 1960); La Minibiblioteca (The Nutshell Library, 1962), Donde viven los monstruos (When the Wild Things Are, 1963), Héctor Protector y Cuando yo iba por el mar (Hector Protector and As I Went Over the Water: Two Nursery Rhymes, 1965), ¡Dídola, Dídola, Pon! (Higglety Pigglety Pop!, 1967),  La cocina de noche (In the Night Kitchen, 1970).


La cocina de noche (1970)
También puede verse su obra a lo largo de una veintena de títulos editados en español de autores como Isaac Bashevis Singer (Cuentos judíos de la aldea de Chelm Lumen, 1978), Robert Graves (El gran libro verde Lumen, 1988), los germanos Grimm (El enebro y otros cuentos de los hermanos Grimm Lumen, 1989) o Else H. Milnarik y su serie Osito (cinco libros en Alfaguara). Con más de quince años sin publicar libros y más de dos décadas sin dibujarlos, en septiembre de 2011 se editó su última obra: Bumble-Ardy, donde un cerdito de nueve años anda a la búsqueda de sí mismo. A ver si tenemos la suerte de que Miguel Azaola, el inmejorable traductor al español de muchas de sus obras, se anime con esta divertida parodia.  Se espera también que en febrero de 2013 llegue a las librerías My Brother`s Book (El libro de mi hermano), un homenaje ilustrado a Sendak de su hermano Jack.


jueves, 26 de abril de 2012

EDUARDO GALEANO Y LOS NIÑOS (FERIA DEL LIBRO 1)


Las Ferias del Libro tienen sus estrellas, que no siempre son los escritores. Se agradece en algunas de ellas –la de Buenos Aires en concreto- que tras las peleas dialécticas entre oradores que inauguran un acto cultural, una competición entre partidarios de uno u otro con aplausos, cantitos y gritos varios, se deje paso a los que tienen algo que decir y aportar. Por ello, tras una inauguración siempre polémica y frentista de un jueves 19 de abril (“No aprenden estos adultos” diría Mafalda) vino la palabra, la voz y la sabiduría de Eduardo Galeano.

Eduardo Galeano (Montevideo, 1940) es un escritor comprometido con el hombre (léase hombre y mujer, niño y adulto, americano y africano…) y con la época llena de injusticias que le ha tocado vivir. Periodista y escritor, entre otros oficios manuales que permiten pensar, sus pequeños relatos sobre la otra verdad de los poderosos (políticos, grandes multinacionales, colonialismos varios…) le han granjeado la simpatía de millones de lectores, admiradores de Las venas abiertas de América Latina (1973) o de El libro de los abrazos (1989). Este 2012 presenta un diario con 366 pequeños historias que denuncian situaciones de vergüenza humana en todos los rincones del mundo, una para cada hoja del calendario gregoriano: Los hijos de los días. Su charla el viernes 20 de abril pasado llevaba el título de su último libro.
Una charla con oyentes que esperaron colas de casi siete horas y que produjo tres espacios para que unas 2500 personas pudieran oír sus palabras y ver en la lejanía su rostro virado al gris (en vivo y en directo vestía de verde y marrón). Una avalancha de gente que produjo vallas caídas, empujones y gritos varios. Mientras, la prensa (“por favor, la prensa a la izquierda”) buscaba sus huecos en el salón principal y escuchaba una nefasta presentación de un tal Carlos Díaz: “Esto es impresionante. No tengo palabras. Eduardo odia las presentaciones”. Y efectivamente, con introducciones como la que tuvo Galeano es fácil odiar a quien no tiene nada que decir.
Eduardo entró despacio, muy despacio, en la sala José Hernández de la Feria del Libro de Buenos Aires, sala que le tributó una ovación de noventa interrumpidos segundos con ecos al aire libre. Sus primeras palabras, pausadas, graves, sonoras, sin prolegómenos, fueron: “Sí, si… y los libros se echaron a caminar. Y ellos nos hicieron a nosotros, los hijos de los días, los averiguadores, los buscadores de la vida. Y si somos hijos de los días, de cada uno brota una historia”. Luego fue contando días, hojas de su nuevo libro que hablaban de miedos, de bancos mundiales, de empresas mineras y de la Iglesia, del pasado y del presente, de niños. Cada día era aplaudido con pasión y muchos con rabia, rabia que tuvo su ranking, con encendidos y largos aplausos a su historia contra las mineras (que dedicó a valles y pueblos mineros en lucha, como el argentino Valle de Famatina), seguidos de cerca por la valoración de las historias contra los desmanes de Estados Unidos de Norteamérica –segundo lugar-  y de la Iglesia Católica en tercer lugar. La historia de la argentina Juana Azurduy levantó pasiones cercanas a las que produjo la lucha de la boliviana Domitila Barrios. Cada historia tenía su día y el 31 de diciembre tuvo dos, en un cierre que tras dos horas supo a “hasta la próxima”. (Puede verse su charla completa en:  http://eduardogaleano.org/2012/04/23/presentacion-bs-as-completa/ )
Galeano habló de niños y de historias tristes y no tan tristes. Una de ellas, ubicada en un pueblo de la Rioja española, hablaba de un niño de tres años que en una procesión de Semana Santa le gritaba a un doliente Jesucristo que se defendiera. Una historia que puede unirse a los varios textos que Eduardo Galeano ha escrito para niños, textos poco conocidos y todos de gran calidad literaria y visual.

El primero de ellos es La piedra arde (Salamanca, Lóguez, 1980) una historia que es toda una fábula moderna sobre el sentido de la vida donde un viejo, tras una larga vida llena de marcas profundas en su alma, no quiere ser joven y partir una piedra que le dará esa juventud. Sus palabras finales encierran toda una filosofía moral: “Si parto la piedra, estas marcas se borrarán. Pero estas marcas son mis documentos, ¿comprendes? Mis documentos de identidad. Me miro al espejo y digo: «Ése soy yo», y no siento lástima de mí. Yo luché mucho tiempo. La lucha por la libertad es una lucha de nunca acabar. Ahora hay otros que luchan, allá lejos, como yo he luchado. Mi tierra y mi gente no son libres todavía. ¿Comprendes? Yo no quiero olvidar. No parto la piedra porque sería una traición”

Ilustración: Luis de Horna
Un libro que ilustró Luis de Horna (Salamanca, 1940) con su peculiar estilo que recuerda al trabajo de los monjes en los beatos lebaniegos: minucioso y lleno de color. Galeano demostró, y se demostró a sí mismo, que se puede hablar a un niño con palabras que le enseñen a ver el mundo con otros ojos. Un relato que no tiene edades lectoras, que algunos críticos han colocado “a partir de cinco años” y que conviene leer con unos pocos años más, tres o cuatro (es decir, teniendo ocho o nueve años). De difícil adquisición actual, puede leerse entero –dibujos incluidos- en: http://www.fileden.com/files/2007/4/5/958730/Galeano%20Eduardo%20-%20La%20Piedra%20Arde.doc
Esculturas: Antonio Santos
El segundo es Historia de la resurrección del papagayo (Barcelona, Libros del zorro rojo, 2008) una leyenda del nordeste brasileño a la que Galeano da nueva vida: “El hombre recuperó el habla, / y contó que el papagayo se había ahogado/ y la niña había llorado/ y la naranja se había desnudado/ y el fuego se había apagado/ y el muro había perdido una piedra/ y el árbol había perdido las hojas”. Un relato que se hace rítmico, encadenado y que produce emociones en el lector, infantil o adulto. Esta vez sí es un relato para pequeños de seis o más años que disfrutaran con unas imágenes que son esculturas del artista oscense Antonio Santos (Lupiñén, 1955) en una conjunción con el texto bella y cautivadora. Al misterio de las palabras se une el misterio de las esculturas de madera.

El tercero, por ahora, es una obra editada en una colección juvenil y que es una recopilación de relatos dispersos en varios libros de Galeano. Se trata de Los sueños de Helena (Barcelona, Libros del zorro rojo, 2011), sueños que nos llevan a la infancia: “Aquella noche hacían cola los sueños, queriendo ser soñados, pero Helena no podía soñarlos a todos, no había manera. Uno de los sueños, desconocido, se recomendaba:
- Suéñeme, que le conviene. Suéñeme, que le va a gustar.
Hacían la cola unos cuantos sueños nuevos, jamás soñados, pero Helena reconocía el sueño bobo, que siempre volvía, ese pesado, y a otros sueños cómicos o sombríos que eran viejos conocidos de sus noches de mucho volar”.


Collage de Isidro Ferrer
Libro que se hace a ratos poético a ratos divertido, siempre interesante y atrapador. Las ilustraciones, otra vez casi esculturas en un collage que mezcla técnicas y volúmenes, son de Isidro Ferrer (Madrid, 1964), un creador que da grandes aires a los textos de Galeano, que confiesa en el prólogo que son los sueños que le cuenta su actual mujer: “Helena me humilla cada mañana, a la hora del desayuno, contándome sus sueños prodigiosos. Entra en la noche como en un cine, y cada noche un sueño nuevo la espera. Mientras ella cuenta, yo bebo mi café en silencio. Más me vale callar”. Editado con esmero es un libro que entra por todos los sentidos.
Esperamos más libros para lectores de ojos infantiles de un escritor que piensa mucho en ellos y en su mirada, la asombrada mirada que sobre el mundo tienen los niños.

lunes, 16 de abril de 2012

GUSTAVO ROLDÁN, EL ESCRITOR QUE HABLABA CON LOS ANIMALES

Hace pocos días, el 3 de abril, falleció en Buenos Aires Gustavo Roldán, uno de los grandes escritores chaqueño y argentino para niños, pionero de muchas cosas desde que en 1982 comenzó a escribir las historias que regalaba con su tejedora voz. Uno le leyó y siguió su trayectoria desde que me fue presentado hace unos cuantos años. Cada encuentro con él era una nueva presentación de parte del editor, amigo o escritor que quería que yo conociese a Gustavo, algo que cada vez era más verdad. En el 2011 quise ya entrevistarle y en La Feria Infantil del Libro de Buenos Aires le abordé ya sin presentaciones; hablamos de su último libro entonces (Para encontrar un tigre) y me dijo que allí estaban todas las respuestas a todas las preguntas que pudiera hacerle. Preguntas que nunca pude hacer. Conociendo sus males físicos, que esperaba superar enfrentando valientemente un cáncer, el tiempo pasó y Gustavo nos dejó, a los 76 años por un “cuadro de insuficiencia respiratoria”.
Estas son algunas de sus respuestas a unas preguntas que nunca fueron grabadas. Los textos se pueden encontrar en ese conjunto de certeros artículos sobre la lectura aparecidos en abril de 2011 bajo el amparo de uno de sus animales preferidos: Para encontrar un tigre. La aventura de leer (Editorial Comunicarte, Córdoba, Argentina).
* ¿Por qué escribes para niños?
G.R.: Escribir para chicos es un oficio muy gratificante y a la vez un oficio muy poco gratificante.  Poco porque es una literatura que pertenece al orden de lo marginal. Muy gratificante por algo que conocen todos los que hacen estos cuentos tan cortitos, esos poemas tan sencillos. Ellos saben que a veces, aunque los chicos no digan nada, ese cuento que leyeron les caló muy hondo y ahí les quedó una marca para siempre y que de eso no se van a olvidar.
* ¿Qué ofrecen tus personajes animales?
G.R.: Si los cuentos del mundo comenzaron por el Gilgamesh, con un arca repleta de animales, con Ulises por mares poblados de sirenas, y siguieron con caballos voladores y monstruos indescriptibles, bienaventurados los chicos y los jóvenes que heredaron tanta hermosura.
* El humor, ¿qué representa para ti?
G.R.: El humor, como todas las cosas, puede servir para tratar de cambiar el mundo, para ser una agradable distracción, o para esquivarle el bulto a los problemas y dejar que sigan sin modificarse, porque así como están les conviene a muchos que continúen para siempre. Me interesa el humor en esta primera acepción, en su capacidad de querer cambiar el mundo, de ponerlo patas arriba y de comenzar a ordenarlo de nuevo.
* ¿Quieres cambiar el mundo?
G.R.: Yo no sé si todos los que escriben tienen la intención de cambiar el mundo. Como no lo sé, no lo digo. Pero sí digo que el que escribe un poema se mueve en un mundo de intuiciones –que nunca son demasiado claras-, de fuerzas casi nunca definibles, de entusiasmos y odios y amores, y que, aunque no lo sepa, está abriendo espacios para la solidaridad, la dignidad, para la esperanza. Y eso, en buen romance, significa querer cambiar el mundo. La mirada crítica es un imperativo moral para un escritor.
* ¿Encontraste un tigre?
G.R.: Las huellas de una hormiga están en los libros en forma de letras que cuando el chico crece se agrandan; son ya las huellas de un tigre que forman la aventura de leer. Cuando un libro funciona tiene una magia que nos permite oír los rugidos de un tigre en medio de la espesura.
Gustavo Roldán nació el 16 de agosto en Sáenz Peña, provincia del Chaco (Argentina). En una pequeña autobiografía para la revista Imaginaria dijo: “Me crié en el monte chaqueño, en Fortín Lavalle, cerca del Bermejo, cuando la tierra era plana, la luna se posaba en las copas de los árboles y los cuentos sólo existían alrededor del fogón del asado o en las ruedas del mate". Buen carpintero, en 1961 se licencia en Letras Modernas en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba, donde trabajará como profesor. En 1976 pasa a vivir a Buenos Aires con su mujer, la escritora Laura Devetach, y sus dos hijos: Gustavo y Laura. Entre maderas y amistades continúa contando cuentos aprendidos de niño que tiene que completar con nuevas historias para sus hijos. Estos se las devuelven en forma oral y Gustavo padre las escribe en su primer libro para niños: El monte era una fiesta. Un libro que funcionó y que lleno de animales el renacimiento de la literatura infantil argentina para niños. Después vino una larga lista de casi sesenta libros, entre los que quiero destacar los siguientes:
  • "El monte era una fiesta". Ediciones del Malabarista, Buenos Aires, 1983.
  • "Animal de patas largas". Ilustraciones de Raúl Fortín, Editorial Kapelusz, Buenos Aires, 1984; Editorial Cincel, Madrid, España, 1984.
  • "Historia de Pajarito Remendado". Ilustraciones de Raúl Fortín, Ediciones Colihue, Buenos Aires, 1984.
  • "Como si el ruido pudiera molestar". Ilustraciones de Alicia Charré, Libros del Quirquincho, Buenos Aires, 1986; ilustraciones de Luis Scafati, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 1999.
  • "Cuentos de Pedro Urdemales". Ilustraciones de Gustavo Roldán (h), Centro Editor de América Latina/Ediciones Culturales Argentinas, Buenos Aires, 1986.
  • "Cuentos del zorro". Ilustraciones de Myriam Holgado, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1986; ilustraciones de Carlos Nine, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1999.
  • "El diablo en la botella". Ilustraciones de Mori Kohakura, Libros del Quirquincho, Buenos Aires, 1987.
  • "La leyenda del Bicho Colorado". Ilustraciones de Alejandro Ravassi, Libros del Quirquincho, Buenos Aires, 1987.
  • "Prohibido el elefante". Ilustraciones de Luis Pereyra, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1988.
  • "El trompo de palo santo". Ilustraciones de Diego Bianchi, Ediciones Colihue. Buenos Aires, 1989.
  • "Sapo en Buenos Aires". Ilustraciones de Myriam Holgado, Ediciones Colihue, Buenos Aires, 1989.
  • "El hombre que pisó su sombra". Ilustraciones de Gustavo Roldán (h), Ediciones Colihue, Buenos Aires, 1990.
  • "Juego de sombras". Ilustraciones de Miguel De Lorenzi, Ediciones Colihue, Buenos Aires, 1990.
  • "La canción de las pulgas". Ilustraciones de Raúl Fortín, Ediciones Colihue, Buenos Aires, 1990.
  • "Todos los juegos el juego". Ediciones Colihue, Buenos Aires, 1991.
  • "La noche del elefante". Ediciones Colihue, Buenos Aires, 1995.
  • "Las aventuras de Pinocho". Con Laura Devetach, ilustraciones de Gustavo Roldán (h), Ediciones Colihue, Buenos Aires, 1996.
  • "Dragón". Ilustraciones de Luis Scafati, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1997.
  • "Historias del piojo". Ilustraciones de Oscar Rojas, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 1998.
  • "Cuentos que cuentan los indios". Ilustraciones de Luis Scafati, Editorial Alfaguara, Buenos Aires, 1999.
  • "Las pulgas no vuelan". Gustavo Roldán, ilustraciones Gustavo Roldán (h), Fondo de Cultura Económica, México, 2000.
  • "Un largo roce de alas". Ilustraciones de Luis Scafati, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2003.
  • "Pájaro de nueve colores". Ilustraciones de Cristian Turdera, Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 2004.
  • "El vuelo del sapo". Ilustraciones de Luis Scafati, Editorial Alfaguara, Buenos Aires, 2005.
  • "La pulga preguntona". Ilustraciones de Pablo Bernasconi, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2006.
  • “Para encontrar a un tigre. La aventura de leer”. Ilustraciones de Pilar Ortega, Editorial Comunicarte, Córdoba, 2011.
Para terminar este recuerdo de un grande de la LIJ un texto sobre su animal preferido que se puede leer en Como si el ruido pudiera molestar:
“El tatú miró para todos lados, después bajó la cabeza, cerró los ojos, y murió.
Muchos ojos se mojaron, muchos dientes se apretaron, por muchos cuerpos pasó un escalofrío.
Todos sintieron que los oprimía una piedra muy grande”.
Gustavo hablaba y seguirá hablando con los animales, ahora en otros montes.

sábado, 3 de diciembre de 2011

ULISES WENSELL, EL ILUSTRADOR DE LA SENSIBILIDAD

Ulises en Santander, mi  ciudad
El pasado martes 29 de noviembre falleció en Madrid Ulises Wensell. Las noticias que iban llegando de su entorno anticipaban el desenlace y desde la distancia, como a tantos seres queridos, se siente su pérdida. Era una persona sensible y volcada en su trabajo.
Nacido en Madrid el 20 de octubre de 1945, se recibió de Ingeniero Técnico Químico al mismo tiempo que ejercía la pintura y la ilustración. En 1970 publicó su primer libro y se cuentan por varios centenares sus referencias bibliográficas, con publicaciones periódicas en España, Francia y Alemania, y traducciones en una veintena de idiomas. Premiado dentro y fuera de las fronteras españolas, tuvo en 1988 el mejor escaparate del mundo para su obra en el 25º aniversario de la Feria de Bolonia (Italia). Veinte años después fue el candidato español al premio Andersen, que no consiguió a pesar de buenas recomendaciones en varios idiomas. Quizás no convencieron sus palabras de presentación: “Dedicarse a ilustrar es algo así como aventurarse a entrar en un torbellino de distintos temas, distintos objetivos, intereses, ambientes, paisajes, épocas, vestimentas, situaciones, sentimientos y emociones”.
Ulises y Gloria Fuertes
Su larga trayectoria como ilustrador empezó con textos escolares –la conocida serie española de Senda- para pasar rápidamente a dibujar historias de todos los colores, pues tanto se aventuraba con una Caperucita como con un clásico ruso, con un libro de un amigo como con una petición de las editoriales que más le publicaron: la francesa Bayard y la alemana Ravensburger Buchverl. Ilustró libros de Gloria Fuertes que han quedado como clásicos y se aventuró a ilustrar los cuentos que su mujer Paloma Martínez le iba escribiendo. Puso imágenes a los cuentos de Fernando Alonso lo mismo que a Perrault o Antoniorrobles. Publicado también en Argentina, tuvo a María Elena Walsh como traductora en los años ochenta de algunos libros suyos editados en Francia.
Caperucita y un lobo
Pionero en los años setenta en España, sus trabajos para editoriales como Alfaguara, Altea, Miñón o Escuela Española, eran un prodigio de saber captar lo esencial de un texto, sea la vida triste de un hombrecito vestido de gris (Alfaguara, 1978) como la algarabía de Coleta, poeta y payasa (Miñón, 1982-1983). La sensibilidad estaba en los rostros de sus personajes que expresaban más que muchas palabras de escritores suecos, franceses o españoles, a los que ponía color y vida. Él decía que “hay que ilustrar el miedo, la soledad, la amistad, la alegría, la tristeza, el afecto, el brillo de la luz en el agua, la amenaza de una figura que aparece entre la niebla... Cosas así”.
En el año 2008 mi revista –Peonza- le hizo la que puede ser su última entrevista (1), en la que reflexionaba sobre casi cuarenta años de trabajo como ilustrador. Rescato como homenaje algunas de sus palabras (2):
* “He tenido la suerte de poder trabajar haciendo lo que me gusta y he ilustrado, con mayor o menor fortuna, con aciertos y errores, pero siempre con cariño, muchos libros para niños”.
* ¿Cómo ves tu trayectoria? “No podría describir mi trayectoria como una línea recta, sino más bien como una espiral en torno a un mismo centro de interés; he ido abandonando y retomando ciertos modos de hacer, ciertas características de estilo, y ciertas técnicas, pero en mis primeros libros ya había algo que sigue estando en los últimos: la intención de expresar y transmitir sentimientos y emociones, tratando de que los personajes dibujados parezcan verosímiles y capaces de experimentarlos en lugar de estilizadas abstracciones gráficas. Creo  que mi misión como ilustrador es conectar con la afectividad infantil y transmitir a los pequeños lo que hacen y sienten los personajes de las historias que ilustro. Me parece que eso facilita la identificación con ellos y que se interesen en seguir la historia narrada”.
* “Para mí cada libro es un mundo”.
* “Mi proceso creativo no ha variado mucho a lo largo del tiempo, pero ahora me interesa más la ambientación y utilizo más el ordenador para hacer bocetos a color. He ilustrado un libro empleando sólo el ordenador, y quedaba bien, pero no quiero volver a hacerlo. Me gusta trabajar con los pinceles y los colores, sobre el papel, y poder tener los originales en las manos. Lo que me preocupa es que ciertos materiales no se mantengan siempre inalterables, como el acrílico o el óleo”.
* “Siempre he intentado transmitir sensaciones, sentimientos y emociones. La alegría de un encuentro, la tristeza, la soledad, el miedo, la amenaza de una figura entre la niebla, un especial brillo de la luz en el agua y, en fin, todo lo que facilite a los niños implicarse emotivamente con lo narrado. También me interesa que los pequeños puedan ver representados los ambientes en los que transcurre la aventura, que no siempre están descritos en el texto o que no podrían imaginar con la simple lectura. A veces eso requiere cierto trabajo previo de documentación, aunque luego no se note, porque mi interpretación visual no resulta, evidentemente, realista o naturalista”.

* “Los animales me parecen tan capaces de expresar sentimientos y emociones como los seres humanos, sean niños o adultos. Y me encanta ilustrar historias en que aparezcan como protagonistas o tengan un papel importante en la narración, sean perros, gatos, patos, osos o elefantes. Creo que lo que los animales aportan a mis ilustraciones es variedad, notas de humor y cierta gracia expresiva y tierna”.
* “Después de tantos años de dedicación profesional sigo deseando crear ilustraciones con cierto encanto que puedan disfrutar los niños”.
Y parece que los niños que le estén viendo en las alturas disfrutarán con sus imágenes (3).

(1) Desde 2008 Ulises Wensell no ha tenido presencia como entrevistado en revistas especializadas. La entrevista anterior, publicada en el año 2005 y hecha en 1998, se puede leer en la revista Babar: http://revistababar.com/wp/?p=213
(2) La totalidad de la entrevista puede leerse en el número 84 de la revista –páginas 51 a 61- y verse sus ilustraciones en la cubierta y en la galería a él dedicada– páginas 101 a 108-. Todo el número puede leerse en: http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01371963233494974112257/210312.pdf?incr=1
(3) Un buen número de ilustraciones puede verse en el portal que su amigo Jaime García Padrino realizó para Cervantes Virtual. En sus páginas está todo sobre su obra. Puede verse en: http://bib.cervantesvirtual.com/bib_autor/uliseswensell/

lunes, 31 de octubre de 2011

SOBRE PREMIOS Y SUS FRONTERAS

En este mundo de la Literahartura Infantil existen dos instituciones más bien europeas –una con pretensiones de mundialidad- que otorgan galardones a escritores, ilustradores e instituciones que se ocupan de los libros para niños. Hablamos del Premio Andersen y del Premio Astrid Lindgren. El primero solo sabe hablar inglés –con alguna excepción cada decenio- y el segundo recorre el mundo continente a continente, que los suecos son muy viajeros y gustan de las islas y países lejanos. El primero es honorifico y con dudas sempiternas sobre su limpieza (premiado europeo, blanquito, anglosajón y con obras que publica gente muy relacionada con la institución). El segundo está bien remunerado y sus recompensados pasan una semana de ensueño en Suecia, arenques y smörgasbord incluidos.
Y saliendo de Europa, el continente americano del norte y del sur tiene sus listas de premios anuales, curiosas ellas pues ni los norteamericanos del norte premian a los argentinos o venezolanos, ni los venezolanos se premian a sí mismos o a los argentinos. De ellos quiero hablar.

Premios con retardo
Hay dos entidades en América del Sur que todos los años premian los libros mejores del año. Una es argentina y otra venezolana. La primera –ALIJA- gusta de salir de sus fronteras para premiar libros editados en México o España, destacar libros ya premiados hace años o nombrar poeta del año a un uruguayo ilustrado por un español; nada malo si no fuera que su objetivo es potenciar los autores y editores argentinos. Suelen equivocarse de vez en cuando en los años de edición, dando galardones con retraso a libros de hasta un lustro de antigüedad. Pueden verse los galardonados en: http://www.imaginaria.com.ar/2011/04/ganadores-de-los-premios-%E2%80%9Cdestacados-de-alija-2010%E2%80%9D-argentina/

Pero en esto de retardos el campeón es el Banco del Libro venezolano que en su XXXI edición de “los mejores libros hispanoamericanos para niños” tiene un 66 % de libros que no son del año 2010. Gustan premiar a los publicados en el 2007 (un 24 %), editados en España (el 63 %) o de autores no hispanoamericanos (el 45 %). Parece que les gustan los libros de una editorial barcelonesa, dando preeminencia a lo contrario que publicitan como objetivos: ni un solo libro para bebés y un solo libro venezolano. También nombran mejores del año a libros premiados en el 2008 o a segundas ediciones. Para ver la lista de este año, anunciada el pasado 29 de abril: http://www.bancodellibro.org.ve/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=1236&Itemid=528
Es misterioso –los misterios de la LIJ- que ambas selecciones de libros no tengan una sola coincidencia y que a los venezolanos no les guste ni un solo libro argentino. A aquellos tampoco les gustan los libros editados en la propia Venezuela o los chilenos (uno sola mención para estos países). Solo les parecen agradar los libros editados en Colombia, España y México. Parece que se debería cuidar los criterios de selección de tan importantes instituciones  y la propia selección anual. Ah, y abrirse a otras culturas hispanoamericanas.

Otros premios que no coinciden con nadie

La Latino Literacy Now es una asociación neoyorquina que premia a los libros editados en el mundo latino, infantiles incluidos. Los Latino Internacional Book Award 2011 no coinciden con nadie, pero deben ser cosas de las distancias, infinitas fuera de las fronteras estadounidenses. Hay algún libro editado en España entre los galardonados (de la editorial aragonesa Cuento de Luz), que en el apartado infantil repiten recompensa los mismos nombres y editoriales. Deben ser cosas de los auspiciantes, que si son de Platino pueden hablar siete minutos en la entrega de premios, si son de Oro cuatro minutos y los “pobres” de Bronce solo dos minutos. Puede leerse todo esto en: http://www.lbff.us/international-latino-book-awards.html

sábado, 29 de octubre de 2011

ESCRITORES ARGENTINOS 1: LILIANA BODOC

Argentina tuvo –y tiene- una generación de escritoras que pensaron en los niños y les dedicaron sus mejores obras. María Elena Walsh, Ema Wolf, Graciela Montes, Laura Devetach o Graciela Cabal, nacidas en las décadas de 1930 y 1940, tienen una muy estimable sucesora en una escritora santafesina que escribe desde las serranías preandinas: Liliana Bodoc. Liliana irrumpió en la literatura con una trilogía excepcional –La saga de los confines, toda una épica fantástica- que ha continuado en una quincena de libros. Narradora excelente y gran conversadora nos abrió su mundo en una Buenos Aires llena de libros. Comienzo con ella una galería de escritores e ilustradores argentinos.

 ¿Cómo surgió en ti la escritora para jóvenes, la escritora de una saga?

La verdad es que ambas cosas surgieron un poco por separado, porque, a decir verdad, cuando me puse a escribir La Saga de los Confines no pensé, no elegí conscientemente hacerlo para jóvenes. Pero parece que sí lo hice. De hecho, eso fue lo que dijo el editor, el único que se avino a “arriesgarse”, la palabra que utilizó, con La saga. A mí me puso tan contenta que empecé a pensar seriamente en la literatura infantil y juvenil, cosa que no había hecho hasta ese momento, algo que no me enseñaron a hacer en la Academia. Encontré ahí un mundo tan completo, tan impresionante y tan rico como el de la literatura sin adjetivos.

La creación de una saga es algo difícil, largo. Parece que tardaste ocho años en hacerlo. ¿Podrías contarnos cómo fue el proceso?


Foto: Fernando Calzada - Gentileza SM
Es algo complejo y también maravilloso. Si hablamos de todo lo que fue el trabajo bibliográfico previo, armar los continentes, las culturas con sus costumbres y sus modos de pensar, hasta sus “filosofías”, sí, más o menos ocho años. Es un trabajo de rompecabezas, un trabajo un poquito de demiurgo, de ir inventando un mundo. En  mi caso particular debo decir que siempre estoy muy aferrada a lo histórico, a lo cultural, a lo antropológico. A veces me dicen -y lo agradezco-  “¡cuánta imaginación!” y yo digo “cuánto robo”, cuánto hay tomado de lecturas previas.

La magia está ahí en La saga, magia buena, magia mala. ¿Qué es para ti la magia?

La verdad es que para mí la magia es una cuestión seria. Quiero más o menos explayarme en esto para que no se me malinterprete. Sé que la magia cayó, en la redada del mercado, con otro montón de cosas. Sé que el pensamiento mágico, lo que ejerce la fascinación y la intuición, están muy degradados, muy malvendidos y muy mal comprados. Sin embargo, creo que el pensamiento mágico le ha aportado cosas importantísimas a la humanidad y se las sigue aportando. Pensamiento mágico en función de esto, de lo que está aún por descubrir, de lo muchísimo que la razón no puede explicar todavía, felizmente. Me parece que es una forma de conocimiento, que la razón conoce de un modo y la intuición y la fascinación conocen de otro. Y, de alguna manera, esas dos mitades van armando algo que se parece a la verdad.

La ficción es el género que más has cultivado. Para ti tiene un potencial extraordinario. ¿Por qué lo utilizas?

Creo que a la ficción no se le puede pedir todo. A veces se le pide que cambie el mundo, y me parece que es mucho para sus pobres espaldas. Pero sí creo que se le puede pedir mucho más. Se le puede pedir mucho más en la educación, se le puede pedir mucho más en el socorro, en el amparo de niños problemáticos, desde chicos con problemas psicológicos hasta chicos con problemas de salud; se le puede pedir mucho más en las familias; se le puede pedir mucho más en la historia individual de cada uno de nosotros. Porque a mí me parece que la ficción nos foguea en la emoción. Nos pone fuerte el ánimo. Nos pone fuerte la templanza, la imaginación; nos abre ventanas, nos hace ver cosas que de otra manera no veríamos jamás. Nos hace entender cosas que de otra manera no entenderíamos jamás. Y me parece que es muy poquito lo que se le pide en contra de lo muchísimo más que nos puede ofrecer, como individuos y como sociedades.

¿Y qué se puede pedir a la ficción para niños?

A la ficción para niños se le puede pedir que los apasione. Se le puede pedir que baje el dedito admonitorio de lo que se debe y lo que no se debe. Se le puede pedir que los maraville, que los deslumbre, que los asuste, que los haga reír, que los conmueva. Y se le puede pedir, básicamente, que les permita entrar en crisis. Una crisis acorde con su realidad, con sus fuerzas, con su musculatura, pero al fin, crisis. Y obviamente, transformación.

¿Cómo ves al bien y al mal en la actualidad, en tus historias y en el mundo?

Puedo entender -y de hecho hago un trabajo por entender- que vivimos inmersos en los grises. Sé que es así, todo el tiempo es así, en mi vida, en la vida de mi vecino, en la política…  Sin embargo, hay un lugar en el que a mí me gusta plantarme. Hay un tango que dice “El bien es bien y el mal es mal” y a mí me parece que es bueno que un hombre tenga un límite que no trasponga. Me preocupa mucho que el gris nos haga creer que todo es posible.

Una frase tuya es “Hay que reconstruir las palabras”. ¿Puedes explicar un poco esta idea, sobre todo para el mundo infantil?

A mí me parece que los adultos, y especialmente los docentes, tenemos que volver a pensar en las palabras como fundantes de la condición humana. Hay que volver a apasionarse con las palabras; las palabras pronunciadas, las palabras escritas, el origen de las palabras, el cambio de las palabras, la mentira de las palabras. Creo que nos estamos olvidando de que en realidad estamos hechos de eso, en gran medida. Y me parece que a veces uno habla de la literatura sin pensar que el paso previo, indispensable, es volver a enamorarnos de nuestra lengua y de nuestras palabras.

“La literatura posee poderes curativos”. Explícanos esta idea tuya, solución a muchos problemas humanos.

Vamos a ir hilvanando cosas. Esto tiene que ver con el pensamiento mágico. Todo esto empezó una vez que yo, estando mal del hígado y siendo una persona propensa a asustarme mucho cuando no estoy bien de salud, tratando de apaciguarme a mí misma, además de los medicamentos, me recitaba una de las estrofas de la Oda al hígado de Neruda: “(…)/ de ti,/ monarca oscuro,/ distribuidor de mieles y venenos,/ regulador de sales,/ de ti espero justicia:/ Amo la vida: ¡Cúmpleme! ¡Trabaja!/ No detengas mi canto.” Y yo juraba y perjuraba -y sigo haciéndolo- que a mí eso me ayudó a curarme. ¿Y por qué no?

Con esto llegamos a un tema que está en tus libros: la muerte. Mostrar la muerte a los jóvenes es algo verdadero, pero de la forma que tú lo haces es darles la realidad. ¿Por qué está tan presente la muerte en algunos de tus relatos y sobre todo en Los días de la Sombra?

Se me aparece una primera respuesta, obviamente biográfica pero no por eso desdeñable, porque uno escribe desde lo que le pasó, también. Tiene que ver posiblemente con la muerte de mi mamá cuando yo era muy chica. Y esto lo voy notando a medida que pasan los años. De manera que seguro que hay un momento de muerte, que fue un punto de inflexión en mi vida, como seguramente en la de cualquier niño al que le pasa eso. Pero a mí me interesa hablar de la muerte en función de apartarla de la pura individualidad. Se muere esta forma que soy, se muere esta organización molecular, pero esta organización se transforma en otras cosas. A mí me alivia mucho pensarlo de esa manera. Claro que no es un pensamiento mío, es un pensamiento milenario, que cuesta asimilar. Uno puede decirlo, pero de ahí a sentirlo… Pero me parece que hay que hacer un ejercicio en este sentido, y recordarse a uno mismo que uno es una organización transitoria, que felizmente, nada nuestro, nada, se pierde. Todo va a volver de otra manera. Y me parece importante también presentar este concepto de la muerte a los chicos.

En tus novelas se nota mucho el trabajo que hay detrás, con muchos juegos de coincidencias a veces increíbles. ¿Te gusta esto de jugar con las coincidencias?

Sí, me parece que es uno de los encantos más grandes de la literatura. En general no me dejo llevar demasiado por el instinto. La inspiración a mí no me va, no me sirve demasiado, me sirve a ratos. A mí me gusta en cambio el trabajo analítico previo, me gusta pensar, me gusta armar estas supuestas coincidencias que van a ocurrir. Me gusta entrelazar las tramas, saber que esto que digo acá en la novela va a resultar en aquello que voy a decir más allá. Y después de todo ese trabajo -que disfruto mucho- me largo a la escritura propiamente dicha. Ahí me relajo un poco más.

Ahora que ya tienes más de diez años de obra escrita, ¿qué quieres legar a tus lectores? ¿Una visión optimista del mundo?

Sigo pensando que este mundo así no cierra. Que hay muchísimas posibilidades de que sea mejor, mucho más justo, mucho más humano. Y jamás dejo eso de lado a la hora de escribir. Jamás me desentiendo de este mundo, de la esperanza –utópica dirán muchos, y a mí me importa poco- de transformarlo. Jamás. Siempre pienso que escribir tiene que ver también con aportar para transformar el mundo.
 

Liliana Bodoc nació un día de julio de 1958 en la ciudad ribereña de Santa Fe, Argentina. A los cinco años se traslada a Mendoza, cerca de cordilleras y montañas, donde estudió y se licenció en Letras. Ejerció la docencia, tuvo dos hijos y con un libro bajo el brazo logró que en el año 2000 le fuera publicado Los días del venado, la primera parte de una trilogía que cautivó rápidamente a los lectores de novelas fantásticas que esperaban ansiosos primero Los días de la sombra (2002) y luego Los días del fuego (2004). El éxito le llevó a seguir publicando otros libros para jóvenes, con alguna pequeña aventura literaria en los campos del teatro y los cuentos ilustrados para primeros lectores. La saga de los confines, titulo de la trilogía, cruzó fronteras y ha sido editada en varios idiomas y publicada en España por Edhasa. Premio Barco de Vapor argentino 2008, sus libros son recomendados por el sistema clásico del boca a boca, ganando por este sistema miles de lectores en colegios, institutos y apasionados de la buena literatura. Candidata al premio Andersen 2010, puede recibirlo algún día cuando los jurados de las Tierras Antiguas sepan dónde están los confines de la fantasía, allá por el extremo sur de las Tierras Fértiles.

Sus libros, por año de edición:

(2000) Los Días del Venado Norma, Buenos Aires.
(2002) Los Días de la Sombra Norma, Buenos Aires.
(2003) Diciembre súper álbum Alfaguara, Buenos Aires.
(2004) Sucedió en colores Norma, Buenos Aires.
(2004) Los Días del Fuego Norma, Buenos Aires.
(2004) Adiós a las puntillas, Portantos y Doña Cata y la gitana (teatro)
(2007) La Mejor Luna Norma, Buenos Aires.
(2007) Memorias Impuras Planeta, Buenos Aires.
(2007) Reyes y Pájaros Norma, Buenos Aires.
(2008) Amigos por el Viento Alfaguara, Buenos Aires.
(2008) El mapa imposible Alfaguara, Buenos Aires.
(2008) El espejo africano SM, Buenos Aires.
(2009) Presagio de Carnaval Norma, Buenos Aires.
(2010) El rastro de la canela. Amor y libertad en mayo de 1810 Norma, Buenos Aires.