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lunes, 16 de abril de 2012

GUSTAVO ROLDÁN, EL ESCRITOR QUE HABLABA CON LOS ANIMALES

Hace pocos días, el 3 de abril, falleció en Buenos Aires Gustavo Roldán, uno de los grandes escritores chaqueño y argentino para niños, pionero de muchas cosas desde que en 1982 comenzó a escribir las historias que regalaba con su tejedora voz. Uno le leyó y siguió su trayectoria desde que me fue presentado hace unos cuantos años. Cada encuentro con él era una nueva presentación de parte del editor, amigo o escritor que quería que yo conociese a Gustavo, algo que cada vez era más verdad. En el 2011 quise ya entrevistarle y en La Feria Infantil del Libro de Buenos Aires le abordé ya sin presentaciones; hablamos de su último libro entonces (Para encontrar un tigre) y me dijo que allí estaban todas las respuestas a todas las preguntas que pudiera hacerle. Preguntas que nunca pude hacer. Conociendo sus males físicos, que esperaba superar enfrentando valientemente un cáncer, el tiempo pasó y Gustavo nos dejó, a los 76 años por un “cuadro de insuficiencia respiratoria”.
Estas son algunas de sus respuestas a unas preguntas que nunca fueron grabadas. Los textos se pueden encontrar en ese conjunto de certeros artículos sobre la lectura aparecidos en abril de 2011 bajo el amparo de uno de sus animales preferidos: Para encontrar un tigre. La aventura de leer (Editorial Comunicarte, Córdoba, Argentina).
* ¿Por qué escribes para niños?
G.R.: Escribir para chicos es un oficio muy gratificante y a la vez un oficio muy poco gratificante.  Poco porque es una literatura que pertenece al orden de lo marginal. Muy gratificante por algo que conocen todos los que hacen estos cuentos tan cortitos, esos poemas tan sencillos. Ellos saben que a veces, aunque los chicos no digan nada, ese cuento que leyeron les caló muy hondo y ahí les quedó una marca para siempre y que de eso no se van a olvidar.
* ¿Qué ofrecen tus personajes animales?
G.R.: Si los cuentos del mundo comenzaron por el Gilgamesh, con un arca repleta de animales, con Ulises por mares poblados de sirenas, y siguieron con caballos voladores y monstruos indescriptibles, bienaventurados los chicos y los jóvenes que heredaron tanta hermosura.
* El humor, ¿qué representa para ti?
G.R.: El humor, como todas las cosas, puede servir para tratar de cambiar el mundo, para ser una agradable distracción, o para esquivarle el bulto a los problemas y dejar que sigan sin modificarse, porque así como están les conviene a muchos que continúen para siempre. Me interesa el humor en esta primera acepción, en su capacidad de querer cambiar el mundo, de ponerlo patas arriba y de comenzar a ordenarlo de nuevo.
* ¿Quieres cambiar el mundo?
G.R.: Yo no sé si todos los que escriben tienen la intención de cambiar el mundo. Como no lo sé, no lo digo. Pero sí digo que el que escribe un poema se mueve en un mundo de intuiciones –que nunca son demasiado claras-, de fuerzas casi nunca definibles, de entusiasmos y odios y amores, y que, aunque no lo sepa, está abriendo espacios para la solidaridad, la dignidad, para la esperanza. Y eso, en buen romance, significa querer cambiar el mundo. La mirada crítica es un imperativo moral para un escritor.
* ¿Encontraste un tigre?
G.R.: Las huellas de una hormiga están en los libros en forma de letras que cuando el chico crece se agrandan; son ya las huellas de un tigre que forman la aventura de leer. Cuando un libro funciona tiene una magia que nos permite oír los rugidos de un tigre en medio de la espesura.
Gustavo Roldán nació el 16 de agosto en Sáenz Peña, provincia del Chaco (Argentina). En una pequeña autobiografía para la revista Imaginaria dijo: “Me crié en el monte chaqueño, en Fortín Lavalle, cerca del Bermejo, cuando la tierra era plana, la luna se posaba en las copas de los árboles y los cuentos sólo existían alrededor del fogón del asado o en las ruedas del mate". Buen carpintero, en 1961 se licencia en Letras Modernas en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba, donde trabajará como profesor. En 1976 pasa a vivir a Buenos Aires con su mujer, la escritora Laura Devetach, y sus dos hijos: Gustavo y Laura. Entre maderas y amistades continúa contando cuentos aprendidos de niño que tiene que completar con nuevas historias para sus hijos. Estos se las devuelven en forma oral y Gustavo padre las escribe en su primer libro para niños: El monte era una fiesta. Un libro que funcionó y que lleno de animales el renacimiento de la literatura infantil argentina para niños. Después vino una larga lista de casi sesenta libros, entre los que quiero destacar los siguientes:
  • "El monte era una fiesta". Ediciones del Malabarista, Buenos Aires, 1983.
  • "Animal de patas largas". Ilustraciones de Raúl Fortín, Editorial Kapelusz, Buenos Aires, 1984; Editorial Cincel, Madrid, España, 1984.
  • "Historia de Pajarito Remendado". Ilustraciones de Raúl Fortín, Ediciones Colihue, Buenos Aires, 1984.
  • "Como si el ruido pudiera molestar". Ilustraciones de Alicia Charré, Libros del Quirquincho, Buenos Aires, 1986; ilustraciones de Luis Scafati, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 1999.
  • "Cuentos de Pedro Urdemales". Ilustraciones de Gustavo Roldán (h), Centro Editor de América Latina/Ediciones Culturales Argentinas, Buenos Aires, 1986.
  • "Cuentos del zorro". Ilustraciones de Myriam Holgado, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1986; ilustraciones de Carlos Nine, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1999.
  • "El diablo en la botella". Ilustraciones de Mori Kohakura, Libros del Quirquincho, Buenos Aires, 1987.
  • "La leyenda del Bicho Colorado". Ilustraciones de Alejandro Ravassi, Libros del Quirquincho, Buenos Aires, 1987.
  • "Prohibido el elefante". Ilustraciones de Luis Pereyra, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1988.
  • "El trompo de palo santo". Ilustraciones de Diego Bianchi, Ediciones Colihue. Buenos Aires, 1989.
  • "Sapo en Buenos Aires". Ilustraciones de Myriam Holgado, Ediciones Colihue, Buenos Aires, 1989.
  • "El hombre que pisó su sombra". Ilustraciones de Gustavo Roldán (h), Ediciones Colihue, Buenos Aires, 1990.
  • "Juego de sombras". Ilustraciones de Miguel De Lorenzi, Ediciones Colihue, Buenos Aires, 1990.
  • "La canción de las pulgas". Ilustraciones de Raúl Fortín, Ediciones Colihue, Buenos Aires, 1990.
  • "Todos los juegos el juego". Ediciones Colihue, Buenos Aires, 1991.
  • "La noche del elefante". Ediciones Colihue, Buenos Aires, 1995.
  • "Las aventuras de Pinocho". Con Laura Devetach, ilustraciones de Gustavo Roldán (h), Ediciones Colihue, Buenos Aires, 1996.
  • "Dragón". Ilustraciones de Luis Scafati, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1997.
  • "Historias del piojo". Ilustraciones de Oscar Rojas, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 1998.
  • "Cuentos que cuentan los indios". Ilustraciones de Luis Scafati, Editorial Alfaguara, Buenos Aires, 1999.
  • "Las pulgas no vuelan". Gustavo Roldán, ilustraciones Gustavo Roldán (h), Fondo de Cultura Económica, México, 2000.
  • "Un largo roce de alas". Ilustraciones de Luis Scafati, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2003.
  • "Pájaro de nueve colores". Ilustraciones de Cristian Turdera, Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 2004.
  • "El vuelo del sapo". Ilustraciones de Luis Scafati, Editorial Alfaguara, Buenos Aires, 2005.
  • "La pulga preguntona". Ilustraciones de Pablo Bernasconi, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2006.
  • “Para encontrar a un tigre. La aventura de leer”. Ilustraciones de Pilar Ortega, Editorial Comunicarte, Córdoba, 2011.
Para terminar este recuerdo de un grande de la LIJ un texto sobre su animal preferido que se puede leer en Como si el ruido pudiera molestar:
“El tatú miró para todos lados, después bajó la cabeza, cerró los ojos, y murió.
Muchos ojos se mojaron, muchos dientes se apretaron, por muchos cuerpos pasó un escalofrío.
Todos sintieron que los oprimía una piedra muy grande”.
Gustavo hablaba y seguirá hablando con los animales, ahora en otros montes.

lunes, 19 de marzo de 2012

POR UN PREMIO ANDERSEN 2012 IBEROAMERICANO (y IV: ¡¡¡POR FIN!!!)

M.T. Andruetto
Bolonia es una ciudad italiana con un casco histórico medieval bellísimo y un movimiento cultural y estudiantil importante. Allí se realiza todos los meses de marzo la Feria Internacional del Libro Infantil, la más significativa de las que se celebran en los cinco continentes (bueno, cuatro, que en la Antártida los libros se congelan fácilmente). Un marco excelente para anunciar los premios Andersen 2012, galardones que cada dos años otorga la multinacional del libro infantil –el IBBY-. Hoy se dieron a conocer los galardonados y SI, SI, SI: ¡¡¡POR FIN EL PREMIO ANDERSEN HABLA ESPAÑOL!!! MARIA TERESA ANDRUETTO ha ganado el Andersen como escritora.
El jurado ha visto en ella su “maestría para escribir obras importantes y originales centradas fuertemente en lo estético. Sus libros recogen una gran variedad de temas, tales como migración, mundos interiores, injusticia, amor, pobreza, violencia o cuestiones políticas”.
Peter Sis

El jurado también premió como ilustrador a Peter Sis (Brno, Chequía, 1949), un autor con múltiples facetas artísticas y que como ilustrador infantil ha paseado su obra por muchos países. Para el jurado su “extraordinaria originalidad y poderosa profundidad creativa para relatar historias muy complejas” hacen que su obra “pueda interpretarse en varios diferentes niveles según sus diversos diseños y técnicas artísticas”.
Se completa el día boloñés dedicado a los galardones con el otorgado al programa “Abuelas Cuentacuentos” de la Fundación Mempo Giardinelli de Resistencia (Argentina): el 2012 IBBY-Asahi Reading Promotion Awards, compartido con el proyecto SIPAR de Camboya, libros para niños refugiados de pasadas pero cercanas guerras. Las Abuelas Cuentacuentos son un grupo de personas unidas por sus ganas de contar historias a sus nietos y a su comunidad, haciendo promoción de la lectura en lugares marginales y llegando con su palabra a miles de chicos, muchos de ellos marginados sociales. Pueden verse sus actividades en: http://www.abuelascuentacuento.org.ar/
ANDERSERN ILUSTRADO: PETER SIS
Peter Sis: "Subway"

La vida de Peter Sis tiene mucho de inquietud vital y búsqueda de la libertad. Nacido en Brno (actual República Checa), estudió en la Academia de Artes Aplicadas Praga y amplió saberes en el Royal College of Art de Londres. Dedicado al dibujo, diseño e ilustración, paso pronto a la realización de películas, premiadas en festivales en la antigua Berlín Oriental y en Toronto (Canadá). Su elección como director de un documental sobre los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984, boicoteados por el bloque comunista europeo, le llevaron a quedarse exiliado en el país que los organizaba –Estados Unidos-, radicándose en Nueva York y siendo apadrinado por Maurice Sendak, amigo suyo de largas correspondencias. Desde entonces se dedica al mundo del libro para niños con éxito desde sus comienzos (Newbery Medal en 1986 por The whipping boy) hasta hoy en día.
Peter Sis: "Madlenka"
Cinco libros suyos están editados en España: Mensajero de las estrellas: Galileo Galilei (Lumen, 2000), El perro de Madlenka (Lumen, 2002), El muro (Norma, 2009), Madlenka (Lumen, 2009) y El soñador (Everest, 2010). Hace dieciséis años Peter comentaba que crecer en Praga le marcó su vida: “Cuando era niño, nunca me gustó mucho vivir allí. La ciudad daba un poco de miedo, con todas sus calles empedradas, sombras oscuras y sótanos oscuros y fríos. He estado en muchas otras ciudades, pero nunca tengo la sensación que tuve en Praga. Pero hoy en día me gustaría estar allí para visitar a mi familia, algo difícil de hacer con hijos y un trabajo como el mío”. Un trabajo en el que perdura su pasado checoeslovaco, tanto en sus figuras infantiles como en todo un cómic como El muro, crecer tras el telón de acero. Puede verse su obra en: http://www.petersis.com/
ANDERSEN POR ESCRITO: MARIA TERESA ANDRUETTO
María Teresa camina por el mundo con ojos de niña curiosa, asombrada de cómo una hija de familia de piamonteses ha llegado a ser escuchada y leída en todos los rincones de Argentina y de parte del mundo. Ahora, con el Andersen bajo el brazo, los rincones se multiplican. Una autora que crea sin imposiciones: "Un escritor es un trabajador honesto. Alguien diferente de otros escritores es justamente eso: un escritor. Si se es igual a muchos, entonces ya estamos fuera de la creación que reclama en sí misma el trazo personal”. Y continúa en su libro Hacia una literatura sin adjetivos (Comunicarte, 2009): “La obra de un escritor no puede definirse por sus intenciones sino por sus resultados. Si algo tienen en común los buenos escritores de todos los tiempos es justamente que tienen poco en común unos con otros, incluso a veces se diferencian fuertemente o se oponen francamente unos a otros. Aparece entonces una primera certeza: un buen escritor es un escritor diferente a otros escritores”.
Una escritora diferente y con fuerte trazo personal en sus historias sin edad pero con lectores infantiles y juveniles: Agua Cero, Benjamino, Campeón, El anillo encantado, El Árbol de Lilas, El caballo de Chuang Tzu, El incendio, El país de Juan, Fefa es así, Huellas en la arena, La durmiente, La mujer vampiro, Misterio en la Patagonia, Solgo, Stefano, Trenes, Veladuras y La niña, el corazón y la casa. Tres de ellos han sido publicados en España: El país de Juan (Anaya, 2003), La escritura en el taller (Anaya, 2008) y Stefano (SM, 2011). Para encontrar más de su vida y obra: http://www.teresaandruetto.com.ar/
Lo dicho: ¡¡¡Por fin!!! Ya tenemos alguien que nos hable español en el mundo del Andersen, algo que se oirá en su discurso de agradecimiento el próximo agosto en Londres en un Congreso Mundial del IBBY con un lema que permite mucho juego: “Cruzando fronteras: Traducciones y Migraciones”.

POR UN PREMIO ANDERSEN 2012 IBEROAMERICANO (II: MARIA TERESA ANDRUETTO)

“Decíamos ayer…” decía Fray Luis de León, poeta nacido en otro lugar de la Mancha. Pues decíamos ayer que el Premio Andersen no habla español y que solo dos escritores de todo el universo de la lengua española -implantada en más de veinte países como primera lengua de sus habitantes y lectores- son candidatos este año 2012 a este galardón. Paradójico y cuestionable, pero real como la Real Academia de la Lengua misma.

La primera de las candidatas nació en Arroyo Cabral (Córdoba, Argentina) un verano del año 1954. Cordobesa de arriba abajo, transcurrió su infancia en la localidad más serrana de Oliva, estudiando Literatura en la docta Córdoba (Argentina). Luego de búsquedas y trabajos patagónicos volvió a su tierra natal fundando el CEDILIJ, un centro especializado en lectura y literatura infantil. Después trabajó en la formación de maestros, creó centros de estudio y revistas especializadas, dirigió colecciones y participó en diversos planes de lectura, municipales, provinciales y nacionales. Publica su primera obra en 1993 y desde entonces se han multiplicado sus escritos en los campos de la poesía, ensayo, teatro y literatura infantil, con dieciocho libros en su haber para niños y jóvenes, además de participar en varias antologías. Varias veces premiada, es el V Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil 2010 su más preciado laurel.
Su obra para niños presenta variados registros presididos todos por su herencia italiana –piamontesa- que surge en pequeños cuentos y grandes novelas como Stefano (1997), con varias reediciones argentinas y una reciente edición española. Ha reunido su experiencia literaria en talleres de escritura en dos libros realizados en colaboración, La escritura en el taller (Anaya, 2008) y El taller de escritura en la escuela (Comunicarte, 2010) y sus reflexiones en Hacia una literatura sin adjetivos (Comunicarte, 2009). Sus libros rescatan historias de su infancia, anécdotas de su entorno cordobés (todo un pueblo en Dale campeón, 2000) o grandes temas actuales puestos en voces de protagonistas infantiles. Para ella cuenta más la intensidad de la historia que su temática y gusta ocultarle al lector rastros y datos para en un momento –generalmente final- sorprenderle. La infancia, su infancia, pesa mucho en su obra en lo que ella entiende como “potencia de la materia adquirida en esos primeros años”.
María Teresa colaboró en el pasado número de diciembre de mi revista, un número dedicado a la LIJ Iberoamericana, con un artículo breve que quería ser una reflexión sobre su trabajo, un camino literario hacia muchos mundos. Un camino que ella siempre transita entre sus recuerdos, sus historias cordobesas y sus lecturas universales. Qué mejor forma de conocerla que adentrarse en sus palabras: “Un día en Epidauro”.
UN DÍA EN EPIDAURO
La literatura es un lugar a donde se puede ir en busca de una verdad: bajo la ficción (o sea bajo la forma artística de la mentira) se puede decir una verdad privada e íntima que se vuelve social al compartirse. No se trata de la verdad. Tampoco de una verdad previa a la escritura, sino de un camino, de una búsqueda, porque para quien escribe el mundo no es un lugar sobre el que ya todo se sabe sino una materia viva y altamente compleja donde ciertas cuestiones insisten en permanecer ocultas u olvidadas.
Al escribir se ignoran muchas cosas sobre lo que se escribe, se ignora por supuesto mucho más de lo que se sabe y esa ignorancia, esos tanteos, ese afán por comprender, es la única certeza que tenemos. Un buen escritor trabaja contra la norma, contra lo correcto, lo bien dicho, lo adecuado y lo educado. Si no existe esa resistencia, el lenguaje se disuelve, por eso la palabra profesional relacionada a un escritor, es una palabra de la que debiéramos desconfiar: amenaza con instalar lo que se escribe (es decir lo que debiera ser producto de nuestros tanteos o nuestros desvíos en busca de la propia cosa) en el territorio de lo oficial, lo funcional y lo utilitario.
No dejo de preguntarme dónde está lo propio entendiendo que la propia cosa es algo difícil de descubrir, que no se trata de lo que está más a mano, sino casi siempre de los aspectos más ocultos, más opacos y resistentes de lo cotidiano y de lo común.  Al mismo tiempo, lo propio se manifiesta a través de un uso propio, no alienado ni banalizado, del lenguaje. Es en esa voz más personal donde se genera un pensamiento y sentimiento también propios. Escribir libros que exploran en distintos géneros (narrativa, poesía, teatro) y llegan a distintos destinatarios (niños y jóvenes o adultos) como es mi caso, editar en editoriales grandes y pequeñas, circular por lo tanto en circuitos más generales y en otros alternativos, decidir no pertenecer ni a un género literario, ni a una editorial ni a una institución privada, ni a un estamento del Estado ha tenido para la circulación de mis libros y mi reconocimiento como escritora algunos costos y para mi escritura ha tenido muchas ganancias.
No se puede separar lo que un escritor es de lo que hace: todo lo que su hacer tiene proviene de lo que es. Profundamente ético es el lugar que le cabe ocupar al escritor frente a su obra y la recompensa a muchas horas de conmoción, de concentración, de persistente atención y de paciencia, es una paga que no tenemos derecho a pedir, que llega sola cuando llega y se hace con un tributo que sólo puede ofrecer el lector. Eso pretendo, que lo que escribo en soledad, profundamente inmersa en mí, habite en la memoria de un lector. Espero una cierta, humana, perdurabilidad, y esa es la pretensión mayor de todas las que podemos tener con respecto a la escritura. Por supuesto que, para esperar eso hay que tener todavía una cierta fe en el mundo y una cierta esperanza.

sábado, 29 de octubre de 2011

ESCRITORES ARGENTINOS 1: LILIANA BODOC

Argentina tuvo –y tiene- una generación de escritoras que pensaron en los niños y les dedicaron sus mejores obras. María Elena Walsh, Ema Wolf, Graciela Montes, Laura Devetach o Graciela Cabal, nacidas en las décadas de 1930 y 1940, tienen una muy estimable sucesora en una escritora santafesina que escribe desde las serranías preandinas: Liliana Bodoc. Liliana irrumpió en la literatura con una trilogía excepcional –La saga de los confines, toda una épica fantástica- que ha continuado en una quincena de libros. Narradora excelente y gran conversadora nos abrió su mundo en una Buenos Aires llena de libros. Comienzo con ella una galería de escritores e ilustradores argentinos.

 ¿Cómo surgió en ti la escritora para jóvenes, la escritora de una saga?

La verdad es que ambas cosas surgieron un poco por separado, porque, a decir verdad, cuando me puse a escribir La Saga de los Confines no pensé, no elegí conscientemente hacerlo para jóvenes. Pero parece que sí lo hice. De hecho, eso fue lo que dijo el editor, el único que se avino a “arriesgarse”, la palabra que utilizó, con La saga. A mí me puso tan contenta que empecé a pensar seriamente en la literatura infantil y juvenil, cosa que no había hecho hasta ese momento, algo que no me enseñaron a hacer en la Academia. Encontré ahí un mundo tan completo, tan impresionante y tan rico como el de la literatura sin adjetivos.

La creación de una saga es algo difícil, largo. Parece que tardaste ocho años en hacerlo. ¿Podrías contarnos cómo fue el proceso?


Foto: Fernando Calzada - Gentileza SM
Es algo complejo y también maravilloso. Si hablamos de todo lo que fue el trabajo bibliográfico previo, armar los continentes, las culturas con sus costumbres y sus modos de pensar, hasta sus “filosofías”, sí, más o menos ocho años. Es un trabajo de rompecabezas, un trabajo un poquito de demiurgo, de ir inventando un mundo. En  mi caso particular debo decir que siempre estoy muy aferrada a lo histórico, a lo cultural, a lo antropológico. A veces me dicen -y lo agradezco-  “¡cuánta imaginación!” y yo digo “cuánto robo”, cuánto hay tomado de lecturas previas.

La magia está ahí en La saga, magia buena, magia mala. ¿Qué es para ti la magia?

La verdad es que para mí la magia es una cuestión seria. Quiero más o menos explayarme en esto para que no se me malinterprete. Sé que la magia cayó, en la redada del mercado, con otro montón de cosas. Sé que el pensamiento mágico, lo que ejerce la fascinación y la intuición, están muy degradados, muy malvendidos y muy mal comprados. Sin embargo, creo que el pensamiento mágico le ha aportado cosas importantísimas a la humanidad y se las sigue aportando. Pensamiento mágico en función de esto, de lo que está aún por descubrir, de lo muchísimo que la razón no puede explicar todavía, felizmente. Me parece que es una forma de conocimiento, que la razón conoce de un modo y la intuición y la fascinación conocen de otro. Y, de alguna manera, esas dos mitades van armando algo que se parece a la verdad.

La ficción es el género que más has cultivado. Para ti tiene un potencial extraordinario. ¿Por qué lo utilizas?

Creo que a la ficción no se le puede pedir todo. A veces se le pide que cambie el mundo, y me parece que es mucho para sus pobres espaldas. Pero sí creo que se le puede pedir mucho más. Se le puede pedir mucho más en la educación, se le puede pedir mucho más en el socorro, en el amparo de niños problemáticos, desde chicos con problemas psicológicos hasta chicos con problemas de salud; se le puede pedir mucho más en las familias; se le puede pedir mucho más en la historia individual de cada uno de nosotros. Porque a mí me parece que la ficción nos foguea en la emoción. Nos pone fuerte el ánimo. Nos pone fuerte la templanza, la imaginación; nos abre ventanas, nos hace ver cosas que de otra manera no veríamos jamás. Nos hace entender cosas que de otra manera no entenderíamos jamás. Y me parece que es muy poquito lo que se le pide en contra de lo muchísimo más que nos puede ofrecer, como individuos y como sociedades.

¿Y qué se puede pedir a la ficción para niños?

A la ficción para niños se le puede pedir que los apasione. Se le puede pedir que baje el dedito admonitorio de lo que se debe y lo que no se debe. Se le puede pedir que los maraville, que los deslumbre, que los asuste, que los haga reír, que los conmueva. Y se le puede pedir, básicamente, que les permita entrar en crisis. Una crisis acorde con su realidad, con sus fuerzas, con su musculatura, pero al fin, crisis. Y obviamente, transformación.

¿Cómo ves al bien y al mal en la actualidad, en tus historias y en el mundo?

Puedo entender -y de hecho hago un trabajo por entender- que vivimos inmersos en los grises. Sé que es así, todo el tiempo es así, en mi vida, en la vida de mi vecino, en la política…  Sin embargo, hay un lugar en el que a mí me gusta plantarme. Hay un tango que dice “El bien es bien y el mal es mal” y a mí me parece que es bueno que un hombre tenga un límite que no trasponga. Me preocupa mucho que el gris nos haga creer que todo es posible.

Una frase tuya es “Hay que reconstruir las palabras”. ¿Puedes explicar un poco esta idea, sobre todo para el mundo infantil?

A mí me parece que los adultos, y especialmente los docentes, tenemos que volver a pensar en las palabras como fundantes de la condición humana. Hay que volver a apasionarse con las palabras; las palabras pronunciadas, las palabras escritas, el origen de las palabras, el cambio de las palabras, la mentira de las palabras. Creo que nos estamos olvidando de que en realidad estamos hechos de eso, en gran medida. Y me parece que a veces uno habla de la literatura sin pensar que el paso previo, indispensable, es volver a enamorarnos de nuestra lengua y de nuestras palabras.

“La literatura posee poderes curativos”. Explícanos esta idea tuya, solución a muchos problemas humanos.

Vamos a ir hilvanando cosas. Esto tiene que ver con el pensamiento mágico. Todo esto empezó una vez que yo, estando mal del hígado y siendo una persona propensa a asustarme mucho cuando no estoy bien de salud, tratando de apaciguarme a mí misma, además de los medicamentos, me recitaba una de las estrofas de la Oda al hígado de Neruda: “(…)/ de ti,/ monarca oscuro,/ distribuidor de mieles y venenos,/ regulador de sales,/ de ti espero justicia:/ Amo la vida: ¡Cúmpleme! ¡Trabaja!/ No detengas mi canto.” Y yo juraba y perjuraba -y sigo haciéndolo- que a mí eso me ayudó a curarme. ¿Y por qué no?

Con esto llegamos a un tema que está en tus libros: la muerte. Mostrar la muerte a los jóvenes es algo verdadero, pero de la forma que tú lo haces es darles la realidad. ¿Por qué está tan presente la muerte en algunos de tus relatos y sobre todo en Los días de la Sombra?

Se me aparece una primera respuesta, obviamente biográfica pero no por eso desdeñable, porque uno escribe desde lo que le pasó, también. Tiene que ver posiblemente con la muerte de mi mamá cuando yo era muy chica. Y esto lo voy notando a medida que pasan los años. De manera que seguro que hay un momento de muerte, que fue un punto de inflexión en mi vida, como seguramente en la de cualquier niño al que le pasa eso. Pero a mí me interesa hablar de la muerte en función de apartarla de la pura individualidad. Se muere esta forma que soy, se muere esta organización molecular, pero esta organización se transforma en otras cosas. A mí me alivia mucho pensarlo de esa manera. Claro que no es un pensamiento mío, es un pensamiento milenario, que cuesta asimilar. Uno puede decirlo, pero de ahí a sentirlo… Pero me parece que hay que hacer un ejercicio en este sentido, y recordarse a uno mismo que uno es una organización transitoria, que felizmente, nada nuestro, nada, se pierde. Todo va a volver de otra manera. Y me parece importante también presentar este concepto de la muerte a los chicos.

En tus novelas se nota mucho el trabajo que hay detrás, con muchos juegos de coincidencias a veces increíbles. ¿Te gusta esto de jugar con las coincidencias?

Sí, me parece que es uno de los encantos más grandes de la literatura. En general no me dejo llevar demasiado por el instinto. La inspiración a mí no me va, no me sirve demasiado, me sirve a ratos. A mí me gusta en cambio el trabajo analítico previo, me gusta pensar, me gusta armar estas supuestas coincidencias que van a ocurrir. Me gusta entrelazar las tramas, saber que esto que digo acá en la novela va a resultar en aquello que voy a decir más allá. Y después de todo ese trabajo -que disfruto mucho- me largo a la escritura propiamente dicha. Ahí me relajo un poco más.

Ahora que ya tienes más de diez años de obra escrita, ¿qué quieres legar a tus lectores? ¿Una visión optimista del mundo?

Sigo pensando que este mundo así no cierra. Que hay muchísimas posibilidades de que sea mejor, mucho más justo, mucho más humano. Y jamás dejo eso de lado a la hora de escribir. Jamás me desentiendo de este mundo, de la esperanza –utópica dirán muchos, y a mí me importa poco- de transformarlo. Jamás. Siempre pienso que escribir tiene que ver también con aportar para transformar el mundo.
 

Liliana Bodoc nació un día de julio de 1958 en la ciudad ribereña de Santa Fe, Argentina. A los cinco años se traslada a Mendoza, cerca de cordilleras y montañas, donde estudió y se licenció en Letras. Ejerció la docencia, tuvo dos hijos y con un libro bajo el brazo logró que en el año 2000 le fuera publicado Los días del venado, la primera parte de una trilogía que cautivó rápidamente a los lectores de novelas fantásticas que esperaban ansiosos primero Los días de la sombra (2002) y luego Los días del fuego (2004). El éxito le llevó a seguir publicando otros libros para jóvenes, con alguna pequeña aventura literaria en los campos del teatro y los cuentos ilustrados para primeros lectores. La saga de los confines, titulo de la trilogía, cruzó fronteras y ha sido editada en varios idiomas y publicada en España por Edhasa. Premio Barco de Vapor argentino 2008, sus libros son recomendados por el sistema clásico del boca a boca, ganando por este sistema miles de lectores en colegios, institutos y apasionados de la buena literatura. Candidata al premio Andersen 2010, puede recibirlo algún día cuando los jurados de las Tierras Antiguas sepan dónde están los confines de la fantasía, allá por el extremo sur de las Tierras Fértiles.

Sus libros, por año de edición:

(2000) Los Días del Venado Norma, Buenos Aires.
(2002) Los Días de la Sombra Norma, Buenos Aires.
(2003) Diciembre súper álbum Alfaguara, Buenos Aires.
(2004) Sucedió en colores Norma, Buenos Aires.
(2004) Los Días del Fuego Norma, Buenos Aires.
(2004) Adiós a las puntillas, Portantos y Doña Cata y la gitana (teatro)
(2007) La Mejor Luna Norma, Buenos Aires.
(2007) Memorias Impuras Planeta, Buenos Aires.
(2007) Reyes y Pájaros Norma, Buenos Aires.
(2008) Amigos por el Viento Alfaguara, Buenos Aires.
(2008) El mapa imposible Alfaguara, Buenos Aires.
(2008) El espejo africano SM, Buenos Aires.
(2009) Presagio de Carnaval Norma, Buenos Aires.
(2010) El rastro de la canela. Amor y libertad en mayo de 1810 Norma, Buenos Aires.

lunes, 27 de junio de 2011

COMPARACIONES 1 (Argentina vs Holanda)





La literatura infantil holandesa no anda sobrada de escritores conocidos en países no bajos, pero sí tiene una buena nómina de ilustradores a la sombra de Rien Poortvliet (el acuarelista de Los gnomos) o Max Velthuijs, ambos ya fallecidos pero con continuadores de su estilo y su dedicación al mundo de los niños.

La literatura infantil argentina sí anda sobrada de una nómina larga de escritores para niños. Un catálogo reciente descubre a un centenar de autores encabezados por María Elena Walsh, Graciela Montes, Ema Wolf, Liliana Bodoc o Graciela Cabal, un quinteto poderoso y con calidad que no siempre traspasa fronteras. La lista de ilustradores de este país austral también es numerosa, pero no es tan conocida ni en la capital mundial actual del libro, Buenos Aires.

Comparaciones argentino-holandesas que no son odiosas si hablamos de dos recientes trabajos de dos ilustradoras, una nacida en la provincia de Buenos Aires y otra en la fría Escandinavia, pero neerlandesa de escritura y adopción. Son dos álbumes con textos breves y un denominador común: formato infantil para lectores no infantiles o, en otras palabras, los textos y el mensaje final de ambos libros son para mentes casi adultas.

El primero de ellos está realizado por María Wernicke (Olivos, 1958), que no es alemana sino bonaerense. María empezó como ilustradora gráfica y se dedica actualmente en cuerpo y alma a la ilustración de libros de otros autores. Un señor en su lugar es su primera obra como autora de textos e imágenes en un libro que se fue fraguando en los semáforos porteños, semáforos que en horas pico (horas punta en otros lugares del mundo) dan mucho de sí. El texto habla de sueños, de un señor que se transporta por lugares hasta que llega a una doble página final donde afirma que “no todo está donde tiene que estar”. Las bellas imágenes, con una técnica que llena cada página de tonos marrones, se mezclan con textos deliberadamente desacompasados y un mensaje que ya la editorial avisa que es para mayores de diez años: cada uno tiene que buscar su lugar en el mundo.

El segundo de ellos está realizado por otra María: María Törnqvist (Upsala, 1964), que aunque parece sueca vive desde los cinco años en Holanda y se siente neerlandesa (candidata 2010 a los premios Andersen por este país). Acostumbrada a ilustrar historias de otros, algunas como las de Astrid Lindgren, alguien que conoció en persona de pequeña, su reciente libro Algo con lo que nadie había contado es una obra que se adentra en el tema de la incomunicación: una niña se cae en un pozo y acaba siendo casi olvidada por todos. Un niño la rescata con sus hilos de coser y ella vuelve al mundo de soledades cotidianas. El mensaje sobrecoge, no parece nada optimista y uno se pregunta por qué está en formato de álbum para niños.

El acompañamiento de esta triste historia son unas imágenes expresionistas, con manchas de color que impactan (el vestido siempre rojo de la niña) y un formato vertical que ahonda la idea de precipicio al que cae la protagonista. Todo es impersonal en el texto y se hace más impersonal en dobles páginas atiborradas de gente en movimiento. En resumen: unas excelentes ilustraciones para textos adultos.

Lo dicho: álbumes con formato infantil para lectores con cierta filosofía de vida.

(Un señor en su lugar está editado por Edelvives en Buenos Aires, 2010. Algo con lo que nadie había contado está editado por Los Cuatro Azules en Madrid, 2010).