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martes, 4 de septiembre de 2012

IBEROAMÉRICA A TROZOS (O COMO NO VER NI EL BOSQUE LITERARIO NI SUS ÁRBOLES-LIBROS PARA NIÑOS)




Desde el año 2004 una fundación española unida a una editorial con presencia y predominio en el mundo literario infantil y juvenil (Fundación Santa María o en su anagrama: Fundación SM) se ocupa de publicar un anuario para explicar cómo ha funcionado esto de la LIJ en España y parte de América en los últimos doce meses. Hace poco tiempo ha sido publicada la última entrega: el Anuario Iberoamericano sobre el Libro Infantil y Juvenil 2012, un libro de 228 páginas que no habla del 2012, sino del 2011 (con artículos que llevan a recorridos literarios por siglos anteriores al XXI).

Una formula esta del anuario (véase en tres partes en  http://www.fundacion-sm.com/ver_noticia.aspx?&id=30439 o en una sola en: http://www.literaturasm.com/archivosCMS/3/3/47/usuarios/234803/13/20120309122337N_d6fb69bf-85a0-4158-8771-69564411d1d6.pdf  ) que la editorial marianista repite una y otra vez en un intento de “reunir en un volumen anual toda la información disponible sobre la LIJ”, “desde el compromiso y la generosidad”. Pero… no todo el monte es orégano, sino que el orégano solo está “en los países en los que la Fundación y el Grupo SM están presentes”. Así, un anuario Iberoamericano se convierte en menos de medio Iberoamericano al analizar solo 9 de los 22 países con idioma oficial portugués o español. Es decir: IBEROAMÉRICA A TROZOS.

Literaturas de gran tradición y múltiples obras infantiles de calidad como la cubana o la uruguaya brillan por su ausencia, lo mismo que la de países como Ecuador, Portugal, Venezuela o Paraguay, país este con un despegue de calidad y publicaciones en el año 2011 grande. Y, ya que es una editorial religiosa, en el limbo quedan los libros para niños bolivianos, nicaragüenses, panameños o costarricenses. La generosidad parece que tiene más que ver con lo oneroso que con lo generoso (sin meternos en otras Honduras, país que tampoco aparece).

El libro, tras las palabras introductorias de la gente de SM, comienza con una visión general de la LIJ en Iberoamérica del especialista cubano, residente en Estados Unidos, Antonio Orlando Rodríguez. Difícil su tarea y parcial su visión “a vuelo de pájaro”, donde con una mirada optimista de la LIJ repasa géneros y temas por países. Un largo artículo que es lo mejor del anuario, donde se nota un gran esfuerzo de documentación que por lo inabarcable de la tarea tiene sus lagunas (lagos en el caso de su visión de la producción española y argentina).

Del resto de las parcelas, destacar las dedicadas a España y Colombia, que por su brevedad se hacen más dinámicas de leer y sus autoras (Victoria Fernández y Beatriz Helena Robledo) logran dar realmente una visión general sin caer en la acumulación de autores y libros. Acumulación de nombres (decenas y decenas en algunas páginas) en el trozo argentino y de números en el brasileño, artículo este que contiene algunos de los mejores libros que se han editado en el 2011.

Cabría hacer un listado país por país por tamaño de su trozo nacional en el libro medido en páginas. El “medallero” quedaría así:

Argentina                    26
Chile                           24
México                        14
España                       12 (más 12 de Cataluña, 10 de Galicia y 12 del País Vasco)
Colombia                    12
Puerto Rico                 12
Perú                           12
Brasil                           8
Republica Dominicana    4

A uno le duelen las ausencias, pero le molestan más las muchas presencias. Este es el caso del artículo argentino que parece un catálogo exhaustivo y sin ningún análisis de autores, editores, especialistas, conferenciantes, profesores universitarios y experiencias varias. Nombres y más nombres llenan páginas (listado, por ejemplo, de ¡44! editores con nombres y apellido) y exhaustividades como las cuatro páginas dedicadas a un canal televisivo educativo (del mismo tamaño que todo el artículo de la República Dominicana) o el largo y muy parcial apartado de “un poco de historia”. Parece que la articulista –Nora Lia Sormani- tenga que hacer patria y no pueda dejar a nadie en el tintero (que lo deja), teniendo que reflejar largamente todo lo oficial (tres páginas para una asociación, por ejemplo) en una época y un país en que discrepar empieza a ser arriesgado. Como arriesgado es decir, contrariando lo que se lee en el anuario, que 2011 fue el año del gran homenaje del pueblo argentino a María Elena Walsh, citada en muchos encuentros y ferias del libro, con varios recitales especiales de sus canciones en escenarios diversos, pero sin una sola exposición conmemorativa hecha con rigor (la de la Feria Infantil del Libro fue vergonzosa), ni un estudio nuevo, ni una reedición critica o un documental trabajado.
 
Un Anuario Iberoamericano quizás debería ser otra cosa o tener otras visiones. El de la Fundación SM no parece que logre una visión ni anual ni Iberoamericana. Pero parece que se quiere una LIJ a trozos y esto sí se logra. A los lectores nos toca esta labor; ya lo decía el otro Marx: “Trocitos del mundo, uníos”.


viernes, 2 de diciembre de 2011

UN BUEN LIBRO DE AVENTURAS, ¡POR FIN!

Pocos son los libros que pueden destacarse del aluvión de novedades que se publican en la LIJ. Si la novedad es del género fantástico –muy de moda- y de aventuras en el mar, parece que encontrar una novela original, interesante y de calidad es tarea harto difícil. Pero haberlas, haylas y toparse con Camino a Aletheia es un encuentro dichoso.

La novela nos relata la vida de Marion, capitana del velero Ketterpilar, que huyendo de su pasado se encuentra en medio de una lucha entre una papisa tiránica y una logia de amantes de la verdad. La heroína es conocida por sus destrezas marinas, aprendidas durante años de un hombre del que al final se enamora. Marion se encuentra con  Augur, un extraño personaje que habla con los pájaros, y su vida se acelera, yendo de las cumbres al fondo del mar (en un divertido episodio donde habla y vive como lubina), del trato con marineros a las pruebas de valentía e inteligencia que tiene que afrontar en esa isla de la verdad que es Aletheia.

Un libro de aventuras que se mueve en varios planos –intrigas, búsqueda, magia milenaria, lucha del bien y el mal-, siempre con el mar como eje de unión. Un mar donde las virtudes de la protagonista se agigantan y que es el lugar de las tormentas y los misterios. Unos cuantos tiene que resolver Marion y todos esperados con pasión por un lector sorprendido por una novela como las de antes, bien escrita y con gran dominio de la acción, frenética en algunos capítulos. Y sorprende más que sea la primera obra de una autora (La Plata, Argentina, 1978) que apasiona y sabe crear un mundo fantástico que se parece mucho al mundo real, traidor incluido.

Una novela juvenil que la autora piensa continuar en otros libros, alguno ya escrito, en una saga que promete más aventuras y más coincidencias, ahora amorosas.

Camino a Aletheia
Autora: Victoria Bayona
Ilustraciones: Victoria Bayona
Editorial: Norma, Buenos Aires, 2011. $60 (sesenta pesos) (Paréntesis: ¿por qué es tan difícil saber el precio de un libro en Argentina?). 336 páginas.
Para conocer el avance publicitario del libro (y las ilustraciones de la autora) en 40 segundos:
Para conocer un poco a Victoria Bayona:

sábado, 29 de octubre de 2011

ESCRITORES ARGENTINOS 1: LILIANA BODOC

Argentina tuvo –y tiene- una generación de escritoras que pensaron en los niños y les dedicaron sus mejores obras. María Elena Walsh, Ema Wolf, Graciela Montes, Laura Devetach o Graciela Cabal, nacidas en las décadas de 1930 y 1940, tienen una muy estimable sucesora en una escritora santafesina que escribe desde las serranías preandinas: Liliana Bodoc. Liliana irrumpió en la literatura con una trilogía excepcional –La saga de los confines, toda una épica fantástica- que ha continuado en una quincena de libros. Narradora excelente y gran conversadora nos abrió su mundo en una Buenos Aires llena de libros. Comienzo con ella una galería de escritores e ilustradores argentinos.

 ¿Cómo surgió en ti la escritora para jóvenes, la escritora de una saga?

La verdad es que ambas cosas surgieron un poco por separado, porque, a decir verdad, cuando me puse a escribir La Saga de los Confines no pensé, no elegí conscientemente hacerlo para jóvenes. Pero parece que sí lo hice. De hecho, eso fue lo que dijo el editor, el único que se avino a “arriesgarse”, la palabra que utilizó, con La saga. A mí me puso tan contenta que empecé a pensar seriamente en la literatura infantil y juvenil, cosa que no había hecho hasta ese momento, algo que no me enseñaron a hacer en la Academia. Encontré ahí un mundo tan completo, tan impresionante y tan rico como el de la literatura sin adjetivos.

La creación de una saga es algo difícil, largo. Parece que tardaste ocho años en hacerlo. ¿Podrías contarnos cómo fue el proceso?


Foto: Fernando Calzada - Gentileza SM
Es algo complejo y también maravilloso. Si hablamos de todo lo que fue el trabajo bibliográfico previo, armar los continentes, las culturas con sus costumbres y sus modos de pensar, hasta sus “filosofías”, sí, más o menos ocho años. Es un trabajo de rompecabezas, un trabajo un poquito de demiurgo, de ir inventando un mundo. En  mi caso particular debo decir que siempre estoy muy aferrada a lo histórico, a lo cultural, a lo antropológico. A veces me dicen -y lo agradezco-  “¡cuánta imaginación!” y yo digo “cuánto robo”, cuánto hay tomado de lecturas previas.

La magia está ahí en La saga, magia buena, magia mala. ¿Qué es para ti la magia?

La verdad es que para mí la magia es una cuestión seria. Quiero más o menos explayarme en esto para que no se me malinterprete. Sé que la magia cayó, en la redada del mercado, con otro montón de cosas. Sé que el pensamiento mágico, lo que ejerce la fascinación y la intuición, están muy degradados, muy malvendidos y muy mal comprados. Sin embargo, creo que el pensamiento mágico le ha aportado cosas importantísimas a la humanidad y se las sigue aportando. Pensamiento mágico en función de esto, de lo que está aún por descubrir, de lo muchísimo que la razón no puede explicar todavía, felizmente. Me parece que es una forma de conocimiento, que la razón conoce de un modo y la intuición y la fascinación conocen de otro. Y, de alguna manera, esas dos mitades van armando algo que se parece a la verdad.

La ficción es el género que más has cultivado. Para ti tiene un potencial extraordinario. ¿Por qué lo utilizas?

Creo que a la ficción no se le puede pedir todo. A veces se le pide que cambie el mundo, y me parece que es mucho para sus pobres espaldas. Pero sí creo que se le puede pedir mucho más. Se le puede pedir mucho más en la educación, se le puede pedir mucho más en el socorro, en el amparo de niños problemáticos, desde chicos con problemas psicológicos hasta chicos con problemas de salud; se le puede pedir mucho más en las familias; se le puede pedir mucho más en la historia individual de cada uno de nosotros. Porque a mí me parece que la ficción nos foguea en la emoción. Nos pone fuerte el ánimo. Nos pone fuerte la templanza, la imaginación; nos abre ventanas, nos hace ver cosas que de otra manera no veríamos jamás. Nos hace entender cosas que de otra manera no entenderíamos jamás. Y me parece que es muy poquito lo que se le pide en contra de lo muchísimo más que nos puede ofrecer, como individuos y como sociedades.

¿Y qué se puede pedir a la ficción para niños?

A la ficción para niños se le puede pedir que los apasione. Se le puede pedir que baje el dedito admonitorio de lo que se debe y lo que no se debe. Se le puede pedir que los maraville, que los deslumbre, que los asuste, que los haga reír, que los conmueva. Y se le puede pedir, básicamente, que les permita entrar en crisis. Una crisis acorde con su realidad, con sus fuerzas, con su musculatura, pero al fin, crisis. Y obviamente, transformación.

¿Cómo ves al bien y al mal en la actualidad, en tus historias y en el mundo?

Puedo entender -y de hecho hago un trabajo por entender- que vivimos inmersos en los grises. Sé que es así, todo el tiempo es así, en mi vida, en la vida de mi vecino, en la política…  Sin embargo, hay un lugar en el que a mí me gusta plantarme. Hay un tango que dice “El bien es bien y el mal es mal” y a mí me parece que es bueno que un hombre tenga un límite que no trasponga. Me preocupa mucho que el gris nos haga creer que todo es posible.

Una frase tuya es “Hay que reconstruir las palabras”. ¿Puedes explicar un poco esta idea, sobre todo para el mundo infantil?

A mí me parece que los adultos, y especialmente los docentes, tenemos que volver a pensar en las palabras como fundantes de la condición humana. Hay que volver a apasionarse con las palabras; las palabras pronunciadas, las palabras escritas, el origen de las palabras, el cambio de las palabras, la mentira de las palabras. Creo que nos estamos olvidando de que en realidad estamos hechos de eso, en gran medida. Y me parece que a veces uno habla de la literatura sin pensar que el paso previo, indispensable, es volver a enamorarnos de nuestra lengua y de nuestras palabras.

“La literatura posee poderes curativos”. Explícanos esta idea tuya, solución a muchos problemas humanos.

Vamos a ir hilvanando cosas. Esto tiene que ver con el pensamiento mágico. Todo esto empezó una vez que yo, estando mal del hígado y siendo una persona propensa a asustarme mucho cuando no estoy bien de salud, tratando de apaciguarme a mí misma, además de los medicamentos, me recitaba una de las estrofas de la Oda al hígado de Neruda: “(…)/ de ti,/ monarca oscuro,/ distribuidor de mieles y venenos,/ regulador de sales,/ de ti espero justicia:/ Amo la vida: ¡Cúmpleme! ¡Trabaja!/ No detengas mi canto.” Y yo juraba y perjuraba -y sigo haciéndolo- que a mí eso me ayudó a curarme. ¿Y por qué no?

Con esto llegamos a un tema que está en tus libros: la muerte. Mostrar la muerte a los jóvenes es algo verdadero, pero de la forma que tú lo haces es darles la realidad. ¿Por qué está tan presente la muerte en algunos de tus relatos y sobre todo en Los días de la Sombra?

Se me aparece una primera respuesta, obviamente biográfica pero no por eso desdeñable, porque uno escribe desde lo que le pasó, también. Tiene que ver posiblemente con la muerte de mi mamá cuando yo era muy chica. Y esto lo voy notando a medida que pasan los años. De manera que seguro que hay un momento de muerte, que fue un punto de inflexión en mi vida, como seguramente en la de cualquier niño al que le pasa eso. Pero a mí me interesa hablar de la muerte en función de apartarla de la pura individualidad. Se muere esta forma que soy, se muere esta organización molecular, pero esta organización se transforma en otras cosas. A mí me alivia mucho pensarlo de esa manera. Claro que no es un pensamiento mío, es un pensamiento milenario, que cuesta asimilar. Uno puede decirlo, pero de ahí a sentirlo… Pero me parece que hay que hacer un ejercicio en este sentido, y recordarse a uno mismo que uno es una organización transitoria, que felizmente, nada nuestro, nada, se pierde. Todo va a volver de otra manera. Y me parece importante también presentar este concepto de la muerte a los chicos.

En tus novelas se nota mucho el trabajo que hay detrás, con muchos juegos de coincidencias a veces increíbles. ¿Te gusta esto de jugar con las coincidencias?

Sí, me parece que es uno de los encantos más grandes de la literatura. En general no me dejo llevar demasiado por el instinto. La inspiración a mí no me va, no me sirve demasiado, me sirve a ratos. A mí me gusta en cambio el trabajo analítico previo, me gusta pensar, me gusta armar estas supuestas coincidencias que van a ocurrir. Me gusta entrelazar las tramas, saber que esto que digo acá en la novela va a resultar en aquello que voy a decir más allá. Y después de todo ese trabajo -que disfruto mucho- me largo a la escritura propiamente dicha. Ahí me relajo un poco más.

Ahora que ya tienes más de diez años de obra escrita, ¿qué quieres legar a tus lectores? ¿Una visión optimista del mundo?

Sigo pensando que este mundo así no cierra. Que hay muchísimas posibilidades de que sea mejor, mucho más justo, mucho más humano. Y jamás dejo eso de lado a la hora de escribir. Jamás me desentiendo de este mundo, de la esperanza –utópica dirán muchos, y a mí me importa poco- de transformarlo. Jamás. Siempre pienso que escribir tiene que ver también con aportar para transformar el mundo.
 

Liliana Bodoc nació un día de julio de 1958 en la ciudad ribereña de Santa Fe, Argentina. A los cinco años se traslada a Mendoza, cerca de cordilleras y montañas, donde estudió y se licenció en Letras. Ejerció la docencia, tuvo dos hijos y con un libro bajo el brazo logró que en el año 2000 le fuera publicado Los días del venado, la primera parte de una trilogía que cautivó rápidamente a los lectores de novelas fantásticas que esperaban ansiosos primero Los días de la sombra (2002) y luego Los días del fuego (2004). El éxito le llevó a seguir publicando otros libros para jóvenes, con alguna pequeña aventura literaria en los campos del teatro y los cuentos ilustrados para primeros lectores. La saga de los confines, titulo de la trilogía, cruzó fronteras y ha sido editada en varios idiomas y publicada en España por Edhasa. Premio Barco de Vapor argentino 2008, sus libros son recomendados por el sistema clásico del boca a boca, ganando por este sistema miles de lectores en colegios, institutos y apasionados de la buena literatura. Candidata al premio Andersen 2010, puede recibirlo algún día cuando los jurados de las Tierras Antiguas sepan dónde están los confines de la fantasía, allá por el extremo sur de las Tierras Fértiles.

Sus libros, por año de edición:

(2000) Los Días del Venado Norma, Buenos Aires.
(2002) Los Días de la Sombra Norma, Buenos Aires.
(2003) Diciembre súper álbum Alfaguara, Buenos Aires.
(2004) Sucedió en colores Norma, Buenos Aires.
(2004) Los Días del Fuego Norma, Buenos Aires.
(2004) Adiós a las puntillas, Portantos y Doña Cata y la gitana (teatro)
(2007) La Mejor Luna Norma, Buenos Aires.
(2007) Memorias Impuras Planeta, Buenos Aires.
(2007) Reyes y Pájaros Norma, Buenos Aires.
(2008) Amigos por el Viento Alfaguara, Buenos Aires.
(2008) El mapa imposible Alfaguara, Buenos Aires.
(2008) El espejo africano SM, Buenos Aires.
(2009) Presagio de Carnaval Norma, Buenos Aires.
(2010) El rastro de la canela. Amor y libertad en mayo de 1810 Norma, Buenos Aires.

domingo, 28 de agosto de 2011

PETER HÄRTLING: LITERATURA Y COMPROMISO

En la España de los años 80, después de pasada la dictadura y afianzada la democracia, empezaron a traducirse muchos obras de Literatura Infantil y Juvenil con temas comprometidos. La editorial Alfaguara, y su directora de colección Michi Strausfeld (una sonriente alemana que se radicó en España después de recorrer con su trabajo varios países europeos y sudamericanos), editó entonces los mejores libros de autores extranjeros de LIJ, alemanes como ella en particular. Peter Härtling fue uno de los escritores alemanes que empezaron a conocerse y disfrutarse, con temáticas realistas y personajes que interrogaban al lector.

En los años 90 Peter viajó a España y, aprendiz de muchas cosas, no me atreví a hacerle una entrevista en un idioma que no domino. Pero, años más tarde, con mi revista de LIJ -Peonza- cumpliendo veinte años y planeando un número sobre el compromiso literario fue el candidato ideal. Su obra es una referencia ineludible a la hora de analizar la presencia de los asuntos problemáticos de nuestro tiempo en los libros para los jóvenes lectores; y ello con un tratamiento riguroso, no panfletario y con calidad literaria. De modo que nos decidimos a realizarle una entrevista que salió en el número de Diciembre de 2006. Sus sintéticas palabras pueden ser un motivo para dirigir la atención hacia uno de los escritores clave de la LIJ europea del último tercio del siglo XX.

¿Cómo empezó a escribir literatura infantil? ¿Qué le impulsó a dirigirse a los jóvenes lectores?

Comencé a escribir para niños inspirado y, a la vez, irritado por la lectura de los libros de mis hijos. Yo solía leer lo que ellos leían. La literatura infantil en los años setenta me espantaba por su mentalidad simplista y su rutina.

En España, sus libros más conocidos en el campo de la literatura infantil pertenecen a la corriente realista: “La abuela”, “Ben quiere a Anna”, “El viejo John”. ¿Cuál cree que es el papel de la fantasía en los libros para niños?

Mi primera declaración teórica en relación con la literatura para niños fue una conferencia en 1969 titulada “Die Wirklichkeit der Kinder” (“La realidad de los niños”). Esta declaración era un alegato a favor de una verdadera fe en la fantasía.

¿Cuáles de sus libros considera de mayor actualidad en estos comienzos de un nuevo siglo?

En mi opinión, algunos de mis libros pueden hacer frente a este siglo desde un punto de vista temático, especialmente Muletas, Ben quiere a Ana, La abuela o ¿Qué fue del Girbel?.

En su obra muestra gran interés por todos aquellos asuntos que forman parte de la vida cotidiana de los niños, y los aborda sin edulcorar ni trivializar las experiencias infantiles. ¿No cree que en la actualidad hay, en la literatura infantil, un exceso de banalidad?

No sólo la literatura para niños se está volviendo más y más superficial. Esto se puede aplicar también a la literatura en general. Una razón podría ser que estamos enfrentados a la superioridad de los medios de comunicación que producen imágenes y películas las veinticuatro horas del día.

¿Cuál es su opinión acerca de la literatura que hoy se escribe para niños?

Lamentablemente, en este momento las empresas editoras favorecen un determinado tipo de literatura a la moda que evita cualquier tipo de problema.

En “Muletas”, con las secuelas de la II Guerra Mundial de fondo, presenta a los chicos el sufrimiento que causan las guerras. ¿Aprendemos los hombres de la Historia o tropezamos siempre en la misma piedra? 

En Krücke (Muletas), hablo acerca de mis propias experiencias durante la Segunda Guerra Mundial y la posguerra. Espero sinceramente que los niños entiendan el libro como un “ejemplo”, pero dudo que sean capaces de aprender de esa tragedia.

¿Qué opinión le merece el momento que atraviesa actualmente la Humanidad?

Nuestro estado de ánimo, que es un estado de ánimo global, puede hacernos sentir atemorizados. Los acuerdos tradicionales entre los seres humanos (pacifismo, fraternidad, racionalidad, y amistad) se están perdiendo.

Durante la infancia (y más aún en la adolescencia) cuando leemos determinados libros, a menudo sentimos que nos encontramos a nosotros mismos en sus páginas. ¿Qué libros le dejaron una huella más profunda como joven lector?

Desde que era un niño, y ahora como adulto, siempre he vivido entre libros. Lederstrumpf (Los cuentos de Calzas de Cuero) de James Fenimore Cooper tuvieron un impacto muy fuerte en mí, al igual que los poemas de Rainer María Rilke y Babicka, de Bozena Nemcova.

De entre los grandes clásicos de la literatura, ¿cuáles recomendaría a los niños de hoy?

Yo recomendaría a los jóvenes que leyeran dos libros muy importantes: Don Quijote de la Mancha, de Cervantes, y Guerra y Paz, de Tolstoi.

Usted fue uno de los pioneros de una generación de escritores que en los años setenta abordó temas considerados tabú en la literatura infantil y juvenil: el primer amor de unos niños, la relaciones entre generaciones, los problemas de los discapacitados, la situación de marginación de los inmigrantes, la vejez, la muerte. ¿De qué temas debería hablar hoy la literatura destinada a niños y jóvenes?

Para mí, los temas importantes que afectan a la vida de los jóvenes lectores podrían ser: la familia fragmentada, la soledad en medio de los demás, el acoso, el miedo, las relaciones heterogéneas, la pobreza y la riqueza.

En su país, el compromiso del escritor es un tema recurrente. Las últimas revelaciones de Grass han avivado la polémica. ¿Cuál es su opinión al respecto? ¿Pueden las palabras transformar el mundo?

Los autores de mi generación argumentaban y discutían de un modo político, se involucraban. Los jóvenes, en la actualidad, son más reservados. Creo que las palabras no pueden cambiar el mundo mientras que los pensamientos y las ideas sí pueden hacerlo.

Como escritor, se dirige usted también a los adultos con novelas, cuentos y poesía. ¿En qué campo se ha sentido más a gusto, en éste o en el de la literatura infantil?

Los niños se asoman a la lectura por primera vez y, por lo tanto, son muy importantes para mí.

¿Acude a encuentros con sus jóvenes lectores en escuelas y bibliotecas? Si es así, ¿qué le aporta el contacto con los receptores de su obra?

Las conversaciones con niños después de las lecturas públicas en escuelas y bibliotecas me inspiran, me proporcionan ideas frescas, algunas veces me confunden o me ponen en situaciones embarazosas y, gracias a ellos, me siento siempre al día.

¿Qué trabajos tiene en estos momentos sobre la mesa? ¿Cuáles son sus proyectos más inmediatos?

En este momento trabajo en una novela. Es acerca de un chico de doce años cuyos padres están siempre muy ocupados y, a menudo, fuera. Así que piden a los vecinos de la casa que echen un ojo a su hijo y después de un cierto tiempo todo el vecindario le “adopta”.


Peter Härtling nació en la ciudad alemana de Chemnitz, en 1933. Su infancia estuvo dramáticamente marcada por la II Guerra Mundial y sus consecuencias inmediatas (algo que se refleja en su obra). A la muerte de su padre, soldado del ejército alemán, le sucede el suicidio de la madre. Deberá afrontar tan trágicas circunstancias en medio de las estrecheces de la dura posguerra.

Sus inicios literarios se desarrollan en los campos de la poesía, el periodismo y la edición. Es autor de novelas biográficas para adultos sobre personajes históricos como Hölderlin o Schubert.

Comienza a escribir para niños movido por el enfado que le provoca la banalidad de los libros que sus hijos leían. Se convierte en uno de los máximos exponentes de la corriente del realismo crítico que, en los años setenta, empezó a abordar abiertamente en los libros infantiles cuestiones conflictivas como la guerra, la discapacidad, el racismo, la vejez, el abuso de menores, el primer amor o las relaciones entre niños y adultos. Para ello, escoge un planteamiento directo que evita el paternalismo, los mensajes explícitos y la moralina; y que interroga directamente al lector a través de finales abiertos. Busca la aproximación al lenguaje de los niños con un estilo sencillo y austero que, a la vez, resulta cálido y cercano a las preocupaciones de aquellos.

Se debe destacar el componente autobiográfico de algunos de sus libros (Muletas, sus experiencias infantiles en la posguerra mundial; La abuela, su crianza, tras la muerte de los padres, a cargo de su propia abuela). La obra de Peter Härtling, valiente y lúcida, ha alcanzado en España una notable difusión y un amplio reconocimiento por parte de la crítica y de los mediadores desde que empezara a traducirse a mediados de los años ochenta.

BIBLIOGRAFÍA  EN ESPAÑOL PARA NIÑOS Y JÓVENES:

Jakob detrás de la puerta azul. Alfaguara, Madrid, 1985.

¿Qué fue del Girbel? Lóguez, Salamanca, 1987.

Fraenze. Siruela, Madrid, 1991.

Cuentos de la guerra y otros relatos. Alfaguara, Madrid, 1991.

Theo se larga. Alfaguara, Madrid, 1992.

Ben quiere a Anna. Alfaguara, Madrid, 1992.                                

El viejo John. Alfaguara, Madrid, 1992.

La abuela. Alfaguara, Madrid, 1992.

Muletas. Alfaguara, Madrid, 1992.

Makulu. Desclée de Brouwer, Bilbao, 1992.                       

Con Clara somos seis. SM, Madrid, 1996.

Lena en el tejado. Alfaguara, Madrid, 1997.

Sofie cuenta historias. Alfaguara, Madrid, 1998.

Goethe para niños. Plaza & Janés, Barcelona, 1999.                      

Algo pasa en la librería. Alfaguara, Madrid, 2001.

Viaje contra el viento. SM, Madrid, 2001.

Tía Tili hace teatro. Alfaguara, Madrid, 2001.







miércoles, 4 de mayo de 2011

EL RASTRO DE UN PREMIO (O CÓMO CONOCER A LAURA ESCUDERO CON ANTELACIÓN)

Seguir el rastro de una noticia, de un libro, de un premiado o de cualquier bicho que se mueva en el mundillo literario infantil muchas veces no resulta tan sencillo. Hay que tener paciencia, saber pelar cebollas para conocer el misterio de sus capas y tener suerte.

Algo de eso ha ocurrido buscando el libro que el pasado mes de noviembre fue premiado con el 9º Premio Barco de Vapor argentino: El rastro de la serpiente de Laura Escudero. El jurado, presidido por la señora que quiere más premios de la entrada anterior (solución: N. Huidobro), lo otorgó a “una historia que atrapa por el estilo narrativo y la temática, con una muy acertada descripción de personajes y un destacado uso metafórico del lenguaje”. Un añadido: “las dos historias centrales, que transcurren en paralelo, generan suspenso e interés: la acción avanza sin pausa”. Esto de que una acción avance parece lo lógico, aunque si se hace de forma paralela se corre el riesgo de no coincidir, por eso de que dos paralelas solo se unen en el infinito. Pero esto debe ser el uso metafórico del lenguaje de los jurados y aplicar las máximas del manual de cabecera Cómo acertar con los personajes y sus descripciones, que recomienda que todo personaje tenga un nombre y un rasgo reconocible que le diferencie de otros, algo que muchas novelas consiguen, incluso sin estar premiadas.

Zumbas aparte, la premiada de este Noveno certamen de LIJ –Laura Escudero- era conocida por este escribiente que había disfrutado con varios libros suyos. Laura es cordobesa, de la Córdoba argentina, con una carrera de docente y psicóloga detrás, un gran gusto por rodearse de naturaleza y promocionar la lectura desde su CEDILIJ. Curioso su seudónimo -Alfonsina Stornik-, que según el Manual del pseudónimo revela un gusto por la poesía y los idiomas eslavos.

El rastro de la serpiente era el título premiado de alguien que ya en el año 2005 conoció las mieles del mismo galardón con Encuentro con Flo, un tierno relato sobre la relación entre una nieta y su abuela aquejada de un mal que afecta a la memoria. Una presentación del libro al público con una fecha, hora y lugar determinados: 4 de mayo, 6 de la tarde, 37ª Feria del Libro de Buenos Aires. Promesa: Allí estaremos… con el libro leído.




Pero no es fácil leer un libro antes de ser presentado. Hay que persuadir a más de una persona para obtenerlo y disfrutar con el sabor de la primicia. Una vez logrado llega la lectura nocturna y a hurtadillas de sus nueve capítulos y 180 páginas. Y… chapeau Laura, has escrito una gran novela para esos lectores que ya no son infantiles. Una novela que más que paralelas ofrece dos historias que se entremezclan y en la que los sucesos siguen el ritmo de la naturaleza, a veces pausado, a veces salvaje.



Ubicado en un lugar indeterminado, pero lleno de cardones, cumbres con cóndores, lagos de sal y un ferrocarril avanzando por un valle, la historia puede ser el reflejo del avance del ferrocarril en las zonas preandinas argentinas. En una de estas zonas habita el pueblo de los cazadores de serpientes que ve caer una desgracia sobre él, solo resuelta con la valentía de sus jóvenes y la ayuda de un viejo poblador ahora ermitaño. La obra engancha desde el principio y ofrece al lector una literatura de calidad, recreando pasados cercanos poblados de palabras que saben expresar sentimientos y territorios. Los de la novela están descritos para ser imaginados y vividos con pasión, la misma con que la autora resuelve las historias. Lo escrito: apasionante.

Y solo cabe felicitar a Laura y a la editorial de un premio que estaba decayendo (esto lo argumento otro día, que llevan dos años muy mediocres y hay que explicarlo bien). El rastro de la serpiente es un acertado resurgimiento (sí, he leído el Manual para descubrir renacimientos).

domingo, 23 de mayo de 2010

UNA ENTREVISTA (IM)POSIBLE



El tiempo premia, apremia y es el primero en escaparse. Ya se sabe que, como decían los latinos, el tiempo huye, aunque a veces se puede rescatar con las tres palabras mágicas de todo buen contador de cuentos -“Érase una vez…”-, cuatro palabras en otros idiomas menos mágicos -“Il était une fois”, “Once upon a time”, “C’era una volta”, “Det var en gång”…-, o peor en otras jerigonzas: “O data la un moment” (rumano) o “Von Zeit zu Zeit, es war einmal” (alemán).


Pues, como les venía diciendo ÉRASE UNA VEZ UNA ENTREVISTA (IM)POSIBLE a la reina del mundo del revés, a la escritora argentina más querida por los niños e infantes de decenas de países, a María Elena Walsh (MEW para los amantes de las siglas). María Elena, entonces bastante activa, quedó un miércoles de un frío invierno del 2005 con unos aprendices de periodistas, que por mor de retrasos aéreos (Iguazú tiene un aeropuerto que a veces los pilotos no encuentran en el mapa) no pudo celebrarse. Reporteros tenaces, insistieron en el 2006, en el 2007, en el 2008, en el 2009… bien por vía directa (“Estimada señora Walsh: Somos una revista española que intenta que los niños odien la poesía y los textos escritos, pero estos insisten en leer sus libros. Nos gustaría conocer a la causante de este desaguisado literario, a ser posible en un té con galletitas. Nos gustan los con. Un abrazo del derecho y del revés”), bien por vía indirecta: mire editorial que somos buenos, mire amigo de MEW que nos ponemos lindos para ir a verla, mire señoritas de compañía que llevamos bizcochos Canale, mire artista de la farándula amiguísima que sabemos sonreír y hacer monerías, “yo no sé por qué”.

Una entrevista que se demoraba -y se demora- y que bien pensado es posible. Veamos.

Nos encontramos en un precioso apartamento de la ciudad de Buenos Aires, en una terraza soleada desde la que se vislumbra un cercano y hermoso parque lleno de arbolado y desarbolados varios, de nombre Parque de Las Heras. Enfrente tenemos a MEW, célebre escritora para niños y grandes, creadora de personajes encantadores, una personalidad que trasciende fronteras con sus libros y sus canciones. Tiene unos bellos ojos azules que iluminan una cara amigable y muestran una mirada curiosa. MEW gusta del té, no en vano le viene de paterna tradición familiar, y de la charla pausada:

- Cómo surgió en usted la escritora…
- Uno sale de sus lecturas.
- Pero, algún aprendizaje…
- El aprendizaje empieza aprendiendo a copiar y eligiendo bien a los maestros.
- Y el éxito…
- El éxito o la respuesta del público es caprichoso.
- Como los niños, la infancia…
- En todo ser humano la infancia propia siempre es una fuente de riqueza muy grande.
- El idioma de la infancia…
- Es un secreto entre los dos.
- Me dijeron que en el reino del revés…
- Nada el pájaro y vuela el pez.
- Y un señor llamado Andrés…
- Tiene 1.530 chimpancés.
- Y los osos…
- Caben en una nuez y dos y dos son tres.
- Dame la mano…
- …y vamos ya.
- Gracias Mª Elena. ¿Le gustaron los bizcochos?

Esta mezcla de palabras de MEW en algunas de sus decenas de entrevistas anteriores y de versos de sus poemas quieren ser un brindis al sol, una invitación a todos los dioses que pueblan la madre tierra por la zona de Palermo (Buenos Aires), una llamada a todas las atenciones, pedir una oportunidad: ¡Quiero una entrevista! “Aquí hay un alma en pena hasta la próxima función”. ¿Funcionará?

PRESENTACIONES

Jalea jacta est (Julio y César. Traducción libre: la jalea está echada o el jaleo ha comenzado)

De pequeño me contaban cuentos. Así crecí creyendo que todas las Caperucitas eran Rojas y que los cerdos -por lo menos tres de ellos- vivían en casas como los humanos y se ayudaban entre sí como hermanos. Los lobos en mis recuerdos infantiles eran peligrosos, los corderos y ovejas bastantes tontos, las brujas malas malísimas y los piratas no existían: mi madre no sabía cuentos de piratas y sí contar ovejas.

Luego, con una escuela donde solo leía cosas que me transmitieran el espíritu nacional, entonces franquista, vinieron lecturas de autores como Michael Ende y su maravilloso Jim Botón, el muñeco Kasperle de Josephine Siebe, las aventuras del Bandido Saltodemata de Otfried Preussler y ese auténtico pirata que era John Silver y su loro Capitán Flint. No me gustaba “Marcelino, pan y vino” de Sánchez-Silva, un libro que no entendía: si se puede hablar con Dios, ¿por qué solo lo hace ese niño Marcelino? Después llegó Verne, todo Verne sacado libro a libro de una biblioteca pública de Santander con un despachante de libros tuerto y cojo: ¿sería pirata en su juventud?


Más tarde estudié Psicología y mis recuerdos de niño me llevaron a trabajar ya en 1976 con los cuentos y en 1980 a realizar mi primer trabajo serio: “Didáctica de la Literatura Infantil” en una época en la que nadie hablaba de ella porque no existía, ¿habré sido el primero? Detrás vinieron artículos, libros y una revista, mi revista. En diciembre de 1986 nacía Peonza (http://www.peonza.es/), una revista de Literatura Infantil que va a cumplir pronto su cuarto de siglo y en la que unos cuantos locos -entonces y ahora- hablamos de libros para niños, entrevistamos gentes que escriben e ilustran, y nos lo pasamos bien: el equipo Peonza.

Más de treinta años en el mundo de la Literatura Infantil me han llevado a ser jurado en premios nacionales, conocer a centenares de escritores e ilustradores, criticar centenares de libros y tener premios dados desde colectivos de historiadores o payasos, hasta todo un gremio de editores o un grupo internacional de diseño gráfico. Ahora, desde 2008, ando por tierras argentinas, con un sueño que será la segunda entrada del blog.

Mientras el sueño llega, estas letras siempre querrán ver el otro lado de la Literatura Infantil, con opiniones sobre libros, autores, eventos y otros humores. Ah, estoy un poco cansado de muchas cosas de este mundillo y por eso hablo de “Literahartura Infantil”.

P.D.: (Para conocerse, decían mis mentores varios, hay que presentarse. Pues a ello: “Aquí un blog. Aquí un/a lector/a”. Que lo disfruten.)