sábado, 30 de abril de 2011

WHEN THE PREMIOS GO MARCHING IN (¡MARCHANDO UNA DE PREMIOS!)

Los premios literarios son una forma de hacerse visibles muchos escritores e ilustradores. Los premiados, finalistas o menciononorarios, tienen varios instantes de visibilidad, varios momentos de publicidad en algunos medios de comunicación, la posibilidad de salir sonrientes en una foto y decir cosas originales en un mini discurso: “Gracias por este merecido premio que espero me sea retribuido cuanto antes, pues mis hijos tienen que comer y no estoy para bromas literarias. Con el pan de mi familia no se juega, ni en broma (alimento en griego)”.

Como todos los caminos conducen a broma habrán comprendido que nadie ha hecho jamás este discurso, aunque el que acabó de oír hoy a una escritora jurado de un premio se le parece: “Espero que los premios no se olviden de los escritores que ya hemos recibido otros premios”. Pues señora Norma H. –premio Clarín y El Barco de Vapor entre otros-¡no se presente como jurado!, deje ya de llorar por las esquinas, sonreír a los editores presentes y clamar por que “los escritores conocidos también tenemos derecho a ser premiados, pues un premio da dinero, viajes y prestigio”.

Pues como les decía, los premios literarios permiten ser conocido o conocida tanto en el mundo de la literatura adulta como en el de la literatura infantil. De la adultez de los premios sé poco, pero de su infantilidad sí. He pasado por todas las fases posibles como si fuera un niño creciendo: ser lector, ser jurado, presentarme a un premio, ser premiado y, últimamente, asistir como prensa a cuanto evento con laureles infanto-juveniles tengo cerca. A veces, cada dos años, escribo sobre el desprestigio de los premios Andersen, ese premio que dicen que es el máximo galardón para un escritor o ilustrador de LIJ y que solo habla inglés, premia a blanquitos/as preferentemente europeos que no sepan castellano y sobre cuyas componendas y turbiedades se pueden escribir varios artículos.

Y entre presentación del premio A y presentación del premio Z uno empieza a vislumbrar cosas:

1. Que cada vez los jurados de los premios hablan más y peor.
2. Que cada vez los premiados hablan menos y peor.
3. Que cada vez los editores convocantes del premio hablan más.
4. Que cada vez los cocteles acompañantes del anuncio público del premio son mejores.
5. Que cada vez es más sencillo llevarse a casa el libro premiado con una dedicatoria del autor/a.
6. Que cada vez hay más niños en los actos que aplauden a sus padres, maestros o profesores de su taller de escritura.
7. Que hay más densidad de talleres de escritura en Argentina que en otras partes del mundo.
8. Que hay menos densidad de literatura en los libros premiados que nunca.
9. Que, mira por dónde, este texto premiado lo leí yo hace un par de años y ha empeorado con el cambio climático (lo que lees en el hemisferio norte cambia con el paso al hemisferio sur).
10. ¿Por qué sigue perdurando la costumbre de hacer ver que se abre la plica con el nombre del ganador en ese momento cuando ya todo el mundillo sabe quién es el premiado, ese escritor/a con el que acabas de hablar, te han dado un dossier de prensa con foto incluida y la promesa de una entrevista?

En fin, que a pesar de tanto vislumbramiento uno sigue yendo a las presentaciones de premios que permiten seguir asombrándose con afirmaciones como las siguientes:

- “La calidad literaria es un concepto histórico” (¿Cada año cambia el jurado de criterios? ¿O es que ahora los jurados son historiadores?)
- “¿Qué tiene que tener un libro premiado? En principio la escritura” (Obvio, si fuera una partitura el concurso no sería literario sino de música)
- “Premiamos a escritores que tengan la papelera llena de papeles” (¿Y cómo lo saben? ¿Cómo miden la llenitud literaria de una papelera?)
- “Decir qué es calidad literaria es una tarea que requeriría de un seminario de siete semanas”, para luego no decir nada o simplezas como “premiamos a obras que cumplan las bases”.

Pues, lectores, elijan la que más les guste, ánimo. Escríbanla en un papel que convenientemente hecho una bola vaya a parar a su papelera más cercana y, cuanto tengan unos cientos de frases-bola desbordando su lugar de trabajo, preséntense a un premio de Literatura Infantil. ¿El título? Aquí van tres sugerencias: “El secreto de la papelera enojada”, “Asesinato en Paper Bin” o “Manual para empapelar jurados”.

jueves, 28 de abril de 2011

CUANDO OÍR HABLAR DE LITERATURA INFANTIL ES PERDER EL TIEMPO

De vez en cuando uno tiene esperanzas de oír a personas relacionadas con el libro para niños cosas sensatas, novedosas y con un buen bagaje de formación detrás. Tarea ardua pues en mis dos orillas –Argentina y España- cada vez se opina más de literatura infantil conociendo menos.

Y en estas estábamos cuando hoy miércoles se me ocurrió asistir a una mesa redonda titulada “La literatura infantil y la televisión” en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Patrocinado por el Ministerio de Educación de la nación los ponentes estaban coordinados por Valeria Dotro, responsable de contenidos del canal Paka-Paka, el canal educativo del ministerio educativo de toda la Argentina. ¿Hablará de literatura infantil? No. Habló de lo que sabe: los contenidos de su canal y de la pelea por colocar la señal en todos los operadores de televisión por cable. Su coordinación de mesa fue una conferencia y si no fuera por los pequeños videos explicativos de sus programas su larga exposición hubiera resultado bastante pesada. Los jardines en que se metió fueron varios, desde proclamar al niño como constructor de su propia realidad –algo a lo que ayuda por supuesto la televisión- y proponer un desarrollo integral de los chicos, supongo que más integral si son capaces de ver las 24 horas de programación de su canal.

Siguió la mesa redonda en formato rectangular con la experta ministerial Ana Siro, colaboradora del canal. Para intentar entrar en tema comenzó preguntándose para qué sirve la ficción, disertando y concluyendo que para conocerse como personas. Conociendo los libros de las siguientes ponentes –y en general casi todos los libros que se editan bajo la etiqueta de infantiles- me parece que lo último que importa es que un libro ayude al niño a ser persona. Metidos en citas, siguió citando autores (Andruetto, Patte…) pero la literatura infantil brillaba por su ausencia.

¿Las autoras que vinieron después –la ilustradora Mónica Weiss y la escritora Graciela Repún- hablaron por fin de literatura infantil? Pues no, salvo para hablar de sus libros o proponer a Gustavo Doré y sus grabados de los cuentos de Perrault (1862) como el primer álbum ilustrado infantil y enseñar la imagen primera del libro para hacer ver a una abuela amedrantadora, peligrosa, moralista y nada tierna. Uno cree que el primer libro ilustrado para niños empezó dos siglos antes y que Doré no es precisamente un ilustrador infantil. Ah, si alguien ve en la abuela que cuenta cuentos de Doré un personaje maléfico que me lo diga, que me parece que cualquiera puede decir disparates en este mundo de la LIJ y quedarse tan tranquilo.

Menos mal que en el cierre sí hubo un cuento, un trozo de Literatura Infantil, un maravilloso relato de Ricardo Mariño sacado de su libro El sapo más lindo narrado magistralmente por el actor Roberto Carnaghi. Una delicia con murciélago incluido que dice mucho del buen hacer de las gentes del programa cuando se ponen a lo suyo: crear o recrear historias para los niños de todo el mundo.

sábado, 23 de abril de 2011

FONCHITO EN LA FERIA DEL LIBRO

En una ciudad abierta al mundo de los libros como es Buenos Aires –o al menos así se publicita- ha aparecido estos días el padre literario de Fonchito, ese niño de Lima amante nada platónico de una niña llamada Nereida que, a cambio de un beso, le pide la luna. Nadie le ha preguntado a este abuelo de 75 años por sus nietos, por los cuentos que leen sus ahijados y que el gusta contar con su voz penetrante. Este abuelo, de nombre Mario y nacimiento peruano, como tiene el gusto de escribir –y no lo hace mal- decidió hace poco tiempo dejarles pequeñas historias a sus retoños en forma de libro.

Fonchito y la luna es la primera de ellas, un libro con protagonistas infantiles que juegan a enamorarse y en su juego se encuentran miradas y palabras. Palabras tan bellas como las de la presentación de Nereida: “Nereida tenía unos ojos grandes y muy vivos, una naricilla respingada, unos cabellos negrísimos y una tez blanca como la nieve que debía ser -pensaba Fonchito- más suave que la seda”. En Lima, la ciudad de Fonchito y Nereida, no es fácil ver nieve salvo a distancias andinas, ni casi se puede observar la luna en esos eternos días nublados que pueblan su cielo meses y meses; pero los amores rondan cada esquina y un beso puede ser toda una conquista. Por lo menos para Fonchito que consigue al final lo ansiado. ¿Cómo? Busquen y lean este bello libro que se merece que muchos niños y sus padres se pregunten por él. Pero es difícil si no se conoce; sus editores no gustan de anunciarlo mucho y el propio padre literario de las criaturas habla siempre de otros libros y cuentos suyos. Fonchito parece el hijo que no se quiere.



Y es raro que con la pasión que Mario Vargas Llosa pone en sus novelas, en sus declaraciones públicas, en sus artículos quincenales, no se anime a decir al mundo que sus nietos y todos los nietos del planeta se merecen buenas historias.



Mario estuvo en la 37ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y charló delante de un comprimido auditorio que tuvo que enseñar su foto (la de Vargas Llosa) y codearse para poder verlo con otros invitados y público en general (codearse, como bien dice el termino, es darse con los codos unos a otros). Todo ocurrió en los aledaños de la sala que custodiaba María Kodama, sala que con tan bella custodia solo puede tener el nombre de su marido: Jorge Luis Borges. Su entrada –la de Mario, no la de Borges, q.e.p.d.- hubiera sido triunfal si al paso de su negro Audi, escoltado por la policía, todo el mundo no le confundiera con la presidenta Cristina Fernández, a la que luego dedicó unas breves palabras de ánimo en su tarea política deseando que “la libertad de expresión de la mandataria argentina se contagie a todos sus partidarios”. Alguno debía haber en la sala, pues no aplaudió esta frase.




El señor Vargas tuvo algunos atisbos de acercarse a los cuentos en su elocuencia al hablar de que podemos comparar el mundo de los libros con “un bosque encantado” donde estos “están allí, quietos, inertes, silenciosos, como los árboles y las plantas de las fantásticas historias infantiles, esperando la varita mágica que los anime”. No hubo después fantásticas historias infantiles y sí mucha política y un recorrido vital por personajes que él conoce bien: los protagonistas de sus novelas. Uno siente que todo un Premio Nobel de Literatura no haga el esfuerzo de clamar por los niños, porque sus nietos y todos los nietos del mundo tengan buenos libros, no en vano alguna vez pensó en ello. Fonchito, allá en Lima, seguirá mirando la luna a través de los ojos de Nereida.

martes, 11 de enero de 2011

A MARIA ELENA WALSH








El pasado lunes 10 de enero falleció María Elena Walsh en la clínica de la Trinidad de la ciudad de Buenos Aires. Sus males físicos eran antiguos –cáncer óseo superado-; su recaída reciente frustró una nueva tentativa de tomar el té con ella. En 2005 no pudo ser por problemas aeronáuticos, en el 2008 tampoco y en el 2010 estaba uno pendiente de su salud: “Mire señor Flor. Ella se cansa mucho y es difícil entrevistarla. Ahora que llega la primavera…”. Y llegó la primavera y antes de que llegara el verano sus males se recrudecieron. Su gran amiga y pareja, Sara Facio, sabía de su lucha y no quería más testigos que los verdaderos amigos. Ella, Sara, siempre fue celosa de la imagen pública de María Elena, de la que no se conocen casi fotografías en esa silla de ruedas que presidió sus últimos años de vida. Galardonada por España con la Medalla a las Bellas Artes su estado físico impidió que la recibiera de mano del rey Juan Carlos el pasado mes de diciembre. Se nos marchó suavemente, despidiéndose del mundo en una novela a trazos autobiográfica que ahora conviene revisar y volver a leer: Fantasmas en el parque (Buenos Aires, Alfaguara, 2008).


Su paso por la Literatura Infantil fue tan arrollador, aire nuevo y distinto, que se puede hablar de un antes y después en la literatura argentina y en español desde sus primero libros de los años 60. Se reía con el lector de todo y este arma, la sonrisa, es la que ha legado a generaciones de niños que creen con ella que en la quebrada de Humahuaca la persona más sabia es una vaca. Y debe ser cierto, viendo como está de alterado el mundo global.


Mi periódico santanderino –“El Diario Montañés”- me ha pedido una colaboración que puede tener más larga vida en este soporte internaútico. Les dejo algunos apuntes sobre la escritora para niños en lengua española más creativa y original (y los del IBBY sin saberlo).


EL CIELO DEL REVÉS: A MARIA ELENA WALSH

Se la podía encontrar paseando por su parque viendo pasar la vida, imaginando personajes en cada esquina, observando un país que siempre será para ella un mundo del revés. Se la podía saludar con cortesía y disfrutar de su sonrisa amable. Se podía platicar con ella en varios idiomas, pero te miraba absorta disfrutando de tu castellano de España, ese país donde vivió un largo año y en el que volvió a encontrarse con las canciones y ritmos de una abuela andaluza que gustaba tararear a sus nietas sus tonadas y recuerdos.

Era María Elena Walsh, escritora, cantante y muchas más cosas, pero siempre paseandera de su barrio porteño de Palermo, que recorría en tranvía con su padre y en el que se afincó en su vuelta a la Argentina después de su primera aventura francesa. María Elena nació un 1 de febrero de 1930 y nos dejó el pasado lunes 10 de enero: 80 años, 81 primaveras, 82 veranos.
Desde su casa, un duodécimo piso de la calle Scalabrini Ortiz al 3200, se veían muchos tejados y un parque cercano, su parque de Las Heras que ella pobló de fantasmas. Un parque que fue Penitenciaría Nacional y al que, recuperado como espacio público, ella vio crecer y llenarse de niños, turistas y ancianos varios. Su libro Fantasmas en el parque, su última obra publicada en Argentina y no editada en España, es un diálogo amable con la muerte y sus acaecimientos al mismo tiempo que un repaso de su vida: amistades, enemistades, amores, París… María Elena sabía que lo mejor de la vida es la alegría y quiso transmitirlo a chicos y grandes.


Sus libros infantiles –“El reino del revés”, “Cuentopos de Gulubú”, “Versos para cebollitas”…- han sido leídos por varias generaciones de niños argentinos que pueden compartir sus versos con sus congéneres asturianos, mexicanos o cubanos y a pleno pulmón cantar “Me dijeron que en el Reino del Revés nadie baila con los pies, que un ladrón es vigilante y otro es juez y que dos y dos son tres” o “Había una vez una vaca en la Quebrada de Humahuaca”. Además escribió decenas de canciones, algunas novelas, cientos de poemas y algunos manifiestos claves en la reciente historia argentina llena de dictaduras.

María Elena Walsh trató siempre de animar a los demás, “aunque no me saliera siempre”, quiso ser la cigarra en un mundo de hormigas sin rumbo, luchó con la palabra y nos legó canciones emblemáticas: “Tantas veces me borraron, tantas desaparecí, a mi propio entierro fui sola y llorando”. María Elena recibía siempre a las 5, la hora del té, de los bizcochitos Canale y de su advertencia con dulce voz: “Cuidado cuando beban, se les va a caer…”. Luego, te hablaba del mundo y su eterno deseo: “Esto tiene que cambiar”. Quizás ahora, en otros cielos, le sea más fácil convencer al creador de tantos reveses.


Javier FLOR REBANAL, cántabro en el mundo argentino

martes, 30 de noviembre de 2010

SOBRE ANA MARÍA MATUTE Y EL MUNDO CERVANTES





Cervantes se hizo grande: Ana María Matute, premio Cervantes 2010

Hace unos cuantos años tuve ocasión de conocer y charlar con Ana María Matute, reciente premio Cervantes 2010. Primero fue por las calles y cuestas de Cuenca y más tarde en los salones y bares de Arenas de San Pedro (Ávila). En esta villa a los pies de Gredos accedió a una entrevista para una incipiente revista de literatura infantil y juvenil, donde pude descubrir una persona que desde el sufrimiento y la ternura escribía para niños y sobre la infancia. Corría el año 1989 y aquella entrevista se publicó en el número 10 de “Peonza”, mi revista. Puede leerse en:
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/24651733435248506322202/ima0005.htm
Una entrevista donde ella manifestaba que “sin infancia no hay futuro”. Ella era –y es- una niña grande: “Yo no pasé de los once años. Me gustaba mucho contarle cosas a mi hijo, cuentos inventados por mí, ver cómo le fascinaban, después a otros niños. Me gusta el mundo de la fantasía, el mundo mágico, el mundo del niño. También escribo para mayores, pero escribo más a gusto para niños”. Las circunstancias de la entrevista fueron curiosas: medio día, un rincón de un bar con buen jamón serrano, ganas de hablar de muchas cosas y de seguir luego la ronda por la capital del valle del Tietar. Le encantaba haber traducido libros como Frederick y estaba orgullosa de sus “criaturas para niños”: Solo un pie descalzo, El polizón del Ulises, Paulina, El aprendiz
Ella no quería crecer y lloraba cada vez que leía el final de Peter Pan, un libro “que es la historia de mi vida. La niña que no es que no quiso, sino que no supo crecer, a pesar de que peina ya canas”.
Veintiún años después Ana María sigue peinando canas, ahora con un Premio Cervantes bien merecido. Una escritora que sigue creyendo en las hadas y que va a llenar de magia al premio cervantino.
Para saber más de ella puede consultarse su página oficial: http://www.anamaria-matute.com/ También, pueden leerse entrevistas más inmediatas, una del año 2006 en: http://www.ucm.es/info/especulo/numero35/matute.html Y otra del año 2008: http://www.elmundo.es/larevista/num113/textos/entrevista.html

Y Cervantes se hizo chico

El Ayuntamiento donde dicen que nació Cervantes (solución: Alcalá de Henares) junto a otras instituciones locales y regionales quiere galardonar anualmente desde 1992 (con un parón de no querer entre 1999 y 2004) a un autor de literatura infantil y juvenil español de reconocido prestigio. El premio lleva por nombre Cervantes Chico (o sea, Miguelito, el hijo de la Saavedra). Este año 2010 el elegido ha sido Fernando Lalana por “su amplia y esmerada producción literaria”. El jurado “contempló entre sus méritos el tratarse de una obra variada, dirigida a un amplio espectro de reales y potenciales lectores entre su público, así como su permanente compromiso con la comunidad educativa y con la promoción de la lectura”. Esto de hablar de “espectros” de un escritor suena a visiones y apariciones, pero algo de ello hay en los libros de Fernando. Norabuena. (Para conocer más a Fernando nada mejor que su página web: http://www.fernandolalana.com/)


Y Cervantes se hizo interactivo

En muchos países latinoamericanos el Quijote de Cervantes sigue siendo un libro que se lee en las escuelas. Su personaje central preside muchos parques y plazas y hasta el museo más “quijotesco” en volúmenes e iconografía del mundo está en Guanajuato (México). Este preámbulo viene a cuento por una nueva iniciativa de la Biblioteca Nacional española, que ha puesto el libro original al alcance de cualquier internauta; ya es posible leer el texto en el castellano de Cervantes, su traducción a un castellano actual, a otras lenguas y jugar con sus ilustraciones. Se puede ver en: http://quijote.bne.es/libro.html

sábado, 25 de septiembre de 2010

MI ESCRITORA BRASILEÑA FAVORITA

En este mundo de la Literahartura Infantil hay unos personajes imprescindibles: los escritores. Con el tiempo, tantos años de entrevistas, lecturas, amistades y enemistades, uno tiene sus favoritos, aquellos autores que a uno le han gustado por su forma de abordar las historias, sus relatos sorprendentes, sus divertidas imaginaciones o, simplemente, porque escriben bien, literariamente muy bien. Pocos son los que están en estas predilecciones personales, pero a una de mis predilectas la pude entrevistar hace un año: LYGIA BOJUNGA NUNES.

Lygia es brasileña y ciudadana del mundo. Nació en 1932 en la pequeña ciudad brasileña de Pelotas para trasladarse a Río de Janeiro con su familia a la edad de 8 años. Allí en Río creció queriendo ser libre como un chico y enamorándose de los libros. Después comenzó la carrera de Medicina para cruzarse en su vida el teatro, formándose en el teatro Duse y actuando entre candilejas hasta llegar al mundo de la televisión. Escribe guiones y traduce piezas teatrales, pero en 1964 da un cambio a su vida abandonando la ciudad con su esposo Peter para adentrarse en una zona montañosa cercana a Río, donde durante cinco años mantienen una escuela rural.
Este contacto con los niños le anima a escribir para ellos, publicando su primer libro en 1971: Los compañeros. A este primer libro le siguen cinco más en unos años y década fecunda; una voz nueva y fresca estaba entrando en la Literatura Infantil, lo hacía con fuerza narrativa y personajes seductores, apostando por los niños y dándoles textos cercanos y complejos a la vez. La fascinación de sus obras hace que sean traducidas a varios idiomas –dieciséis- y que Lygia, con solo seis libros publicados, sea galardonada en 1982 con el hasta ahora mayor homenaje a un escritor para niños: el premio Andersen.

Lygia, escritora pausada y alejada de los ordenadores, sigue produciendo libros cada vez más simbólicos, llenos de humor y de metáforas que ayudan a los jóvenes lectores a tener una visión crítica del mundo.

En el año 2004 le conceden el Premio Astrid Lindgren, quizás reconociendo en su persona el espíritu del personaje de Pippi Langstrum de la autora sueca, quizás porque su obra “reúne de una forma profunda y original la sonrisa, la belleza poética y un humor absurdo realzando la libertad, la crítica social y una fuerte solidaridad con los niños desprotegidos”. Niños que sigue protegiendo desde su fundación brasileña, una casa que recoge la vida de la autora: http://www.casalygiabojunga.com.br/

Sus libros en castellano, clasificados por su año de edición brasileña, son:

- (1971) Los compañeros Ed. Espasa Calpe, Madrid, 1984.
- (1975) Angélica Ed. Norma, Bogotá, 1995.
- (1978) La casa de la madrina Ed. Alfaguara, Madrid, 1983.
- (1979) La cuerda floja Ed. Alfaguara, Madrid, 1982.
- (1980) El sofá estampado Ed. Espasa Calpe, Madrid, 1985.
- (1981) El bolso amarillo Ed. Espasa Calpe, Madrid, 1984.
- (1984) Adiós Ed. Alfaguara, Madrid, 1987.
- (1987) Juntos los tres Ed. Alfaguara, Madrid, 1989.
- (1987) Mi amigo el pintor Ed. Norma, Bogotá, 1989.
- (1995) El abrazo Ed. SM, 2009.
- (1995) Seis veces Lucas Ed. Norma, Bogotá, 1995.
- (1996) Hecho a mano Ed. SM, Madrid, 2009.
- (1999) La cama Ed. Norma, Bogotá, 2002.
- (2006) Zapatos de tacón Ed. SM, Madrid, 2008.

Conocí como lector a Lygia en 1982, recién leído mi trabajo de fin de carrera sobre Didáctica de la Literatura Infantil. Me fascinó el universo de sus personajes, la delicadeza con que trataba los problemas y esa fantasía poética que recorre todo el libro de La cuerda floja (Corda bamba). Después vinieron delicias lectoras como El sofá estampado, El bolso amarillo o Juntos los tres. Lygia ya era para mí entonces una de mis predilectas, una escritora que escribe desde el respeto a su propio trabajo, cuidado, personal y literariamente único. Sus libros gritan libertad en muchos idiomas.

En el año 2009 tuve el placer de conocerla y entrevistarla en Buenos Aires. Fue una charla entre pájaros y cafés colombianos que se publicó en mi revista -Peonza- en diciembre de 2009 (Nº 91). Algunas de sus palabras fueron:

- Tú has dicho que un libro necesita tiempo para crecer, como si fuera una persona. ¿Podrías explicar un poco esta idea de que los libros tienen que crecer también?

- ¡Sí! Cuando dije eso lo aplicaba a mí. Soy muy lenta para escribir. Al principio, cuando fui rotulada como escritora infanto-juvenil, todas las escuelas comenzaron a llamarme para que fuera. En Brasil siempre los niños me preguntaban: “¿Cuántos días te hacen falta para escribir un libro?”. Yo siempre les digo que meses. “¿Te lleva más de un mes escribir un libro?”. A veces me lleva más de un año. Se quedan con la boca abierta. Una vez un niño en una escuela de Alemania se quedó perplejo y me preguntó: “¿Cuántos lápices gastas para escribir un libro?”. Y yo le dije: “Muuuuchos lápices, porque el lápiz se acaba rápido; gasto a veces una docena, a veces más”. Soy muy lenta para escribir, borro mucho y después comienzo de nuevo. Creo que el libro precisa tiempo para que logre conectar con la gente. Esa presión feroz de la tecnología -rápido, rápido, rápido-, eso, es absolutamente perjudicial.


- ¿Qué les gusta más a tus lectores, el humor de tus libros, la fantasía que hay en ellos, o sentir que los problemas que cuentas son sus problemas?

- No sé si el humor… es difícil hablar de mis libros. Sé que la cosa que más me equilibra es crear personajes, lo que más me gusta. Qué van a hacer es siempre secundario. Crear un personaje, darle vida y, de repente, sentir que está respondiendo… eso me gusta. Yo nunca tengo un plan para el libro. Ahora mismo, estoy siempre pensando en los personajes que dejé en casa. Así los personajes van siempre conmigo. Por otro lado me parece que es un poco como la vida de la gente, ¿no? La gente tampo
co nunca sabe. Por más que uno administre su propia vida -y yo procuré siempre administrar la mía, siempre quise independencia- hay algo que cambia. Nosotros cambiamos, somos seres mutantes, y un buen día ves las cosas en un sentido completamente diferente: eso que me interesaba tanto ya no me interesa más, esa ciudad que amaba ya me da tedio… Encuentro que el recorrido de la escritura de un libro tiene algo de eso. Por más que uno diga “es allí donde quiero llegar, me voy a administrar así o asá”, hay personas que encontramos en el camino y que nos hacen cambiar todo. No sé si respondí bien a tu pregunta.

Una entrevista en dos idiomas que me permitió confirmar la personalidad vital y entusiasta de Lygia, su interés por los niños, las personas, los animales y los derechos de todos. Su Fundación es la continuidad de su persona. Un gusto.

Para conocer más de Lygia puede buscarse en:

* http://www.casalygiabojunga.com.br/: Su fundación y su vida.
* http://www.revistasculturales.com/articulos/33/clij-cuadernos-de-literatura-infantil-y-juvenil/119/1/lygia-bojunga-nunes-la-maga-brasilena.html: Un completísimo artículo sobre Lygia y su obra en la revista española CLIJ.
* http://www.pucrs.br/edipucrs/CILLIJ/do-texto-ao-leitor/Lygia%20bojunga%20nunes%20e%20seu%20projeto%20liter%E1rio%20OK.pdf : Un trabajo sobre el proyecto literario de Lygia en portugués.
* http://www.alma.se/upload/alma/pristagare/2004/biobibliography_portugese.pdf: Su bio-bibliografía en un amplio artículo en portugués en las páginas del Premio Astrid Lindgren.
* http://www.imaginaria.com.ar/01/1/bojunga.htm: Seis primeros capítulos de su obra Seis veces Lucas en la revista Imaginaria.

miércoles, 28 de julio de 2010

NOVEDADES SOBRE SHAKESPEARE (O COMO TOMARSE A BROMA NOTICIAS SUYAS)

En el mundo de la literahartura no infantil tambien hay noticias que parecen broma si no fueran verdad. Mis preferidas son las británicas, sean estas hace unos años las continuas perdidas de originales, robos, copias y viajes en avión de manuscritos ocupando un asiento de persona, de los libros de Harry Potter, que su autora o su agente literaria o el primo publicista transmitian a las agencias de prensa, que te daban todo lujo de detalles (V.gr.: Cómo el policia del aeropuerto neoyorquino de JFK no admitía que J.K. Rowling llevará los originales de su libro en su bolso de mano y está. ofendida, los facturaba como acompañante. La noticia parece absurda, pero su difusión mundial es más absurdo todavia). Ahora me encuentro con investigaciones sobre Shakespeare a cual más extraña si las miras con ojos de "¡qué me están contando!!!". En fin, les dejo con tres Shakespeare's news:

Sobre Shakespeare 1 (no es broma)

El mayor dramaturgo de la época isabelina, el inglés William Shakespeare (1564-1616), parece que era un criptocatólico que pasó además algunos años en Italia, según puede deducirse de varias inscripciones en un libro de peregrinos romano. El libro está firmado en 1585 por un tal Arthurus Stradfordus Wigomniensis y se menciona además en él que un tal Gulielmus Clerkue Strafordiensis llegó a Roma en 1589. Según el diario londinense The Independent, esto se descifra así: el primero es “(El compatriota) del (rey) Arturo de Stratford (en la diócesis) de Worcester” y el segundo simplemente “Guillermo el Amanuense de Stratford”. Evidentemente: Shakespeare… o el vecino de Shakespeare, o su primo segundo acompañado de un amanuense, o el alcalde de Stradford en viaje pagado por sus conciudadanos, o un bromista renacentista.

Sobre Shakespeare 2 (tampoco es broma)

En un libro reciente, la biógrafa alemana de Shakespeare, Hildegard Hammerschmidt-Hummel, se dice convencida de que el dramaturgo no fue criptocatólico como dice la noticia anterior, sino directamente católico. Apoya su afirmación en que cinco de las treinta y siete obras de teatro que escribió Shakespeare (el 13,5 %) se desarrolla en la católica Italia, siendo Romeo y Julieta abundante en “ideas y ritos católicos”. Entre el 86,5 % restante están cinco obras ambientadas en la Antigua Roma, tres en la isla de Sicilia y muchas más en la anglicana Inglaterra de la época. Proponemos a la biógrafa algo más lógico siguiendo su análisis: el origen siciliano de Shakespeare, emparentado con un noble de la Roma Antigua que descubrió que le gustaban el Arzobispo de Canterbury y la Mafia. ¿Qué opinará el biógrafo griego, dado que en su país también está ambientada alguna obra? ¿Y el chino? ¿Cómo se llamará el biógrafo chino? ¿Güi Li An?

Sobre Shakespeare 3 (sigue sin ser broma)

Sir Brian Vickers, de la Universidad de Londres, ha utilizado un programa antiplagio desarrollado por la Universidad de Maastricht para detectar trabajos copiados de los estudiantes, para comparar el lenguaje empleado por Shakespeare en El Reinado de Eduardo III, publicado en 1596, con otras obras del período. Conclusión: Shakespeare copió. Castigo: ser llamado a partir de ahora “coautor”. La tesis de Vickers de una coautoría no gusta a muchas autoridades en la obra de Shakespeare. Obvio: a partir de ahora tienen que conocer también las obras de sus copiados. El diario The Times recoge declaraciones escépticas de otros expertos, que no son unánimes: “Mira que dejarse pillar copiando”, “Para plagio el de Balzac o Víctor Hugo que pusieron a sus libros el título de Obras completas como ya habían hecho Molière o Lope de Vega”, “Mira qué callado se lo tenía el de Stratford-upon-Avon”. Hay noticias que parecen chiste.

P.D.: Las imágenes pertenecen la primera a un Shakespeare ejerciendo de criptocatólico -obsérvese cómo se oculta de las feroces admiradoras anglicanas- y al mismo escritor debatiendose sobre si copia o no copia, esa es la cuestión y no la de si soy o no soy: soy... Shakespeare.