miércoles, 25 de enero de 2012

LIBROS PARA PRIMEROS LECTORES (0-2 AÑOS) - 1 (I EN ROMA)

Tras colaborar a lo largo de los años con muchas editoriales españolas y portuguesas, en el año 2010 hice un trabajo para una editorial catalana cuyos responsables llevan dos años haciéndose el sueco (haciéndose el boludo por estos pagos), sin pagar lo estipulado. Aviso para navegantes, autores de textos, fotógrafos e ilustradores: editorial Somoslibros de Barcelona –o lo que es lo mismo Ediciones Bonal- NO PAGA A COLABORADORES. Son capaces de decirte y escribirte que “el hecho de que una editorial te incluya en un libro ya es una compensación” y no caérseles la cara de vergüenza (vergonya en catalán). La peligrosa autora de esta frase tiene nombre: Lola García (Mª Dolores García Rodríguez).

Perdonen la introducción pero como no hay mal que por bien no venga aquel material –no publicado- puede ver la luz en estas páginas. Fueron 31 libros para niños y niñas entre 0 y 2 años, es decir, desde el nacimiento a los 24 meses de vida. Son años –meses- que conviene rodear de afecto y de buenos libros. No es fácil, pero es una delicia ver a tu hija mirar ilustraciones con menos de un mes o pasar páginas sola con diez meses. Si en el baño tiene un libro de plástico, mejor. Si su cuna tiene libros de tela, óptimo. Si las padres fabrican con telas dibujos en formato libro, insuperable.

Portada española
Aquel trabajo no remunerado tuvo una selección de libros en gran parte ajena a mí (ya saben, la hermana de la editora que es pedagoga de desprestigio universal) que he tratado de reordenar y poner a mi gusto. Un gusto que es presentarles (fuera de programa, como dirían Les Luthiers) el libro para pequeños que más ha encantado a mi hija y a su padre. Un libro perfecto que se acompaña con una fanfarria y una nana que llenan de música unos textos muy sonoros y rítmicos, más unas ilustraciones alegres y llenas de detalles que muchas veces te descubren los lectores de estas edades. El porqué les considero lectores me parece algo por una parte obvio (reconocen imágenes, onomatopeyas, siguen una historia con el adulto y autónomamente, aprenden a dirigir su mirada de izquierda a derecha para captar todo, memorizan frases, se sientan solos con un libro que disfrutan…), pero eso queda para otra entrega.

Mesdames et Messieurs, el libro para primeros lectores (0-2 años) que más me ha gustado últimamente (pese a una adaptación discutible):

Tralalí, ¡vamos a dormir!
Texto e ilustraciones: Benjamin Chaud
Música: Laurent Sauvagnat
Adaptación: Gabriela Keselman
Editorial: Kókinos, Madrid, 2010. 12 €

Cuando un libro funciona, lo mejor es aconsejarlo y si entusiasma a tu hija de dieciocho meses, hay que difundirlo por todo el orbe literario para muy pequeños lectores. Escribo de un libro álbum que viene de Francia, de un joven autor (Haute-Alpes, 1975) que gusta llenar de colores a la cera las imágenes que van a ver e interpretar bebés a partir de pocos meses. En las Galias lo recomiendan a partir del año y la franja entre los 12 y los 24 meses puede ser la edad ideal de disfrute de una idea editorial que combina textos, ilustraciones y música.

Páginas edición francesa
La historia es sencilla: una serie de animales van haciendo sus pequeños ruidos para encontrarse en una gran fanfarria final donde primero un ángel y luego un sapo les harán dormir, este segundo con una nana. El desfile empieza con un pájaro carbonero (¿por qué no lo habrán traducido así dado el color negro del ave y su clara nominación en francés?) y sigue con un lobo, un oso, un orangután, un perro manejando un tractor y otros animales aéreos y terrestres, todos con su onomatopeya específica. El conjunto es un cuento acumulativo fácil de retener, al que ayuda la música que acompaña al libro, un Cd en el que se oye el ruido producido por cada animal en medio de un crescendo casi sinfónico. Una delicia. Imágenes y sonidos juntos hacen que el niño juegue y tararee, vea y se imagine lo que ocurre con gestos, participe y aprenda divirtiéndose.

Desfile de animales e instrumentos
Un álbum pensado y muy bien pensado, que se disfruta en compañía familiar y que lleva buena música a los oídos, buenas ilustraciones a la vista y unos textos llenos de ruiditos que fascinan. Por cierto, ¿por qué no se ha respetado el título francés original Tralali, la música de los pequeños ruidos? ¿Por qué la traducción cambia las onomatopeyas de los ruidos y las distancia de la idea original del álbum y de la música compuesta para cada animal? ¿Por qué quien traduce no tiene en cuenta que los animales caminan sobre nieve –algo obvio- y que un pequeño carbonero no hace sobre ella “crico, crico, crico”? ¿Por qué el ángel final parece una sirena en castellano –“uaaauuuu…”- cuando en francés lo que hace es un ruido de tormenta? Parece que desde los pocos años se tiene que sentir que un traductor-adaptador es un poco un traidor.

lunes, 9 de enero de 2012

UN LIBRO DE 4 METROS ¿PARA NIÑOS?

Hace poco -19 de diciembre- pude asistir a la presentación de un libro de cuatro metros. Sí, cuatro metros de libro extensible cual acordeón y reducible cual acordeón (¿será un acordeón y no un libro?).

El lugar era una librería infantil de Buenos Aires (“El gato con bote”, sucursal Gurruchaga) y allí estaban sus artífices: una escritora, dos diseñadores y una empresa cooperativa de proyectos. A la escritora –Didi Grau- se le ocurrió un poema tras oír los insistentes maullidos de un gato del vecindario. Este poema fue reducido a cuatro palabras –Cuatro Gatos Negros Flacos- que con sus múltiples combinaciones (factorial de 4 con repeticiones pseudoliterarias) fue abrazado por dos diseñadores –Christian Montenegro y Laura Varsky- para dar vida a muchos metros de diseño gráfico y no gráfico. El resultado fue mostrado a unos cuantos amigos y admiradores que en número de 126 financiaron el proyecto. Una elogiosa idea de “Idéame” (www.idea.me), una empresa que permite financiar proyectos a través de pequeñas aportaciones.

Cada cuadradito del libro (20 x 20 cm.) es un ejercicio de diseño y todos los cuadraditos juntos todo un libro juego. ¿Literatura? Por ningún lado. ¿Para niños? Creo que como juguete es atractivo durante un rato, dependiendo de la edad, de la curiosidad y de la paciencia ante un engorro de muchos metros que no es fácil de entender (fácil de leer sí, solo tiene cuatro palabras). El porqué se presenta como producto infantil, en una librería para niños y con objetivos pueriles en mente es un misterio.

Uno piensa desde hace tiempo que se está utilizando la LIJ para llenar a los niños y jóvenes de otras cosas, sean estas valores, pedagogías o juegos: libros que se ven en tres dimensiones, libros que emiten sonidos, libros que generan imágenes virtuales, libros de cuatro metros sin argumento, libros sin… historias que contar.

Cuatro Gatos Negros Flacos tiene aspecto de libro, pero es un  juguete. Eso sí, una preciosidad de juguete, con un esfuerzo grande de diseño detrás y un producto final que gustará a los amantes de los habitaciones de más de cuatro metros de ancho que tengan 150 pesos argentinos (35 dólares o 30 euros) para decorarlas.

La historia de la humanidad ha dado muchos ejemplos de necesitar metros para explicarse, sean las paredes de las tumbas y templos egipcios, las columnas victoriosas romanas o las historias que templos de muchas religiones ofrecen en paredes y techos. En el mundo de la LIJ hay algunos ejemplos de metros de historia, ejemplos que suelen contar cuentos, leyendas o epopeyas. En los últimos años, dos libros de cuatro metros se han destacado, cada uno en su estilo, en el panorama editorial español.

El primero cuenta la historia de un río, una serpiente que lo recorre y lo que ocurre a su alrededor. Fue publicado en 1986 en Valencia, siendo Manuel Boix y Josep Palacios sus autores. Un libro con muchas historias visuales, muchas lecturas de pequeños personajes que bien un río, bien una serpiente une. Un lujo visual que también necesita una habitación de cuatro metros para su visión total.

El segundo es la obra de un genio de la ilustración que alterna reclusiones monacales con apariciones gráficas y literarias fulgurantes. Hablo de “El viaje de  Colonus” (Barcelona, Aura Comunicación, 1992) de Francisco Meléndez (Zaragoza, 1964). El original, expuesto en varias ciudades europeas, tiene nueve metros de largo que reducidos en un libro a menos de la mitad de su extensión pierden grandiosidad para ganar en minuciosidad. Son cientos de detalles y personajes que giran en torno al viaje de Colón, narrado por el propio Meléndez con su estilo peculiar y heterodoxo. (Se puede leer la entrevista que mi revista hizo a Meléndez en 1993 en http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/peonza-revista-de-literatura-infantil-y-juvenil--64/html/)

Conclusión: libros de cuatro metros SÍ, pero, por favor, con HISTORIAS.

Cuatro Gatos Negros Flacos
Texto: Didi Grau
Ilustraciones y Diseño: Christian Montenegro y Laura Varsky
Buenos Aires, Idéame, 2011.

La Serp, el Riu
Ilustraciones: Manel Boix y Josep Palacios
Valencia, Ediciones de la Comunidad, 1986

El viaje de Colonus
Texto e ilustraciones: Francisco Meléndez
Barcelona, Aura Comunicación, 1992.



sábado, 3 de diciembre de 2011

ULISES WENSELL, EL ILUSTRADOR DE LA SENSIBILIDAD

Ulises en Santander, mi  ciudad
El pasado martes 29 de noviembre falleció en Madrid Ulises Wensell. Las noticias que iban llegando de su entorno anticipaban el desenlace y desde la distancia, como a tantos seres queridos, se siente su pérdida. Era una persona sensible y volcada en su trabajo.
Nacido en Madrid el 20 de octubre de 1945, se recibió de Ingeniero Técnico Químico al mismo tiempo que ejercía la pintura y la ilustración. En 1970 publicó su primer libro y se cuentan por varios centenares sus referencias bibliográficas, con publicaciones periódicas en España, Francia y Alemania, y traducciones en una veintena de idiomas. Premiado dentro y fuera de las fronteras españolas, tuvo en 1988 el mejor escaparate del mundo para su obra en el 25º aniversario de la Feria de Bolonia (Italia). Veinte años después fue el candidato español al premio Andersen, que no consiguió a pesar de buenas recomendaciones en varios idiomas. Quizás no convencieron sus palabras de presentación: “Dedicarse a ilustrar es algo así como aventurarse a entrar en un torbellino de distintos temas, distintos objetivos, intereses, ambientes, paisajes, épocas, vestimentas, situaciones, sentimientos y emociones”.
Ulises y Gloria Fuertes
Su larga trayectoria como ilustrador empezó con textos escolares –la conocida serie española de Senda- para pasar rápidamente a dibujar historias de todos los colores, pues tanto se aventuraba con una Caperucita como con un clásico ruso, con un libro de un amigo como con una petición de las editoriales que más le publicaron: la francesa Bayard y la alemana Ravensburger Buchverl. Ilustró libros de Gloria Fuertes que han quedado como clásicos y se aventuró a ilustrar los cuentos que su mujer Paloma Martínez le iba escribiendo. Puso imágenes a los cuentos de Fernando Alonso lo mismo que a Perrault o Antoniorrobles. Publicado también en Argentina, tuvo a María Elena Walsh como traductora en los años ochenta de algunos libros suyos editados en Francia.
Caperucita y un lobo
Pionero en los años setenta en España, sus trabajos para editoriales como Alfaguara, Altea, Miñón o Escuela Española, eran un prodigio de saber captar lo esencial de un texto, sea la vida triste de un hombrecito vestido de gris (Alfaguara, 1978) como la algarabía de Coleta, poeta y payasa (Miñón, 1982-1983). La sensibilidad estaba en los rostros de sus personajes que expresaban más que muchas palabras de escritores suecos, franceses o españoles, a los que ponía color y vida. Él decía que “hay que ilustrar el miedo, la soledad, la amistad, la alegría, la tristeza, el afecto, el brillo de la luz en el agua, la amenaza de una figura que aparece entre la niebla... Cosas así”.
En el año 2008 mi revista –Peonza- le hizo la que puede ser su última entrevista (1), en la que reflexionaba sobre casi cuarenta años de trabajo como ilustrador. Rescato como homenaje algunas de sus palabras (2):
* “He tenido la suerte de poder trabajar haciendo lo que me gusta y he ilustrado, con mayor o menor fortuna, con aciertos y errores, pero siempre con cariño, muchos libros para niños”.
* ¿Cómo ves tu trayectoria? “No podría describir mi trayectoria como una línea recta, sino más bien como una espiral en torno a un mismo centro de interés; he ido abandonando y retomando ciertos modos de hacer, ciertas características de estilo, y ciertas técnicas, pero en mis primeros libros ya había algo que sigue estando en los últimos: la intención de expresar y transmitir sentimientos y emociones, tratando de que los personajes dibujados parezcan verosímiles y capaces de experimentarlos en lugar de estilizadas abstracciones gráficas. Creo  que mi misión como ilustrador es conectar con la afectividad infantil y transmitir a los pequeños lo que hacen y sienten los personajes de las historias que ilustro. Me parece que eso facilita la identificación con ellos y que se interesen en seguir la historia narrada”.
* “Para mí cada libro es un mundo”.
* “Mi proceso creativo no ha variado mucho a lo largo del tiempo, pero ahora me interesa más la ambientación y utilizo más el ordenador para hacer bocetos a color. He ilustrado un libro empleando sólo el ordenador, y quedaba bien, pero no quiero volver a hacerlo. Me gusta trabajar con los pinceles y los colores, sobre el papel, y poder tener los originales en las manos. Lo que me preocupa es que ciertos materiales no se mantengan siempre inalterables, como el acrílico o el óleo”.
* “Siempre he intentado transmitir sensaciones, sentimientos y emociones. La alegría de un encuentro, la tristeza, la soledad, el miedo, la amenaza de una figura entre la niebla, un especial brillo de la luz en el agua y, en fin, todo lo que facilite a los niños implicarse emotivamente con lo narrado. También me interesa que los pequeños puedan ver representados los ambientes en los que transcurre la aventura, que no siempre están descritos en el texto o que no podrían imaginar con la simple lectura. A veces eso requiere cierto trabajo previo de documentación, aunque luego no se note, porque mi interpretación visual no resulta, evidentemente, realista o naturalista”.

* “Los animales me parecen tan capaces de expresar sentimientos y emociones como los seres humanos, sean niños o adultos. Y me encanta ilustrar historias en que aparezcan como protagonistas o tengan un papel importante en la narración, sean perros, gatos, patos, osos o elefantes. Creo que lo que los animales aportan a mis ilustraciones es variedad, notas de humor y cierta gracia expresiva y tierna”.
* “Después de tantos años de dedicación profesional sigo deseando crear ilustraciones con cierto encanto que puedan disfrutar los niños”.
Y parece que los niños que le estén viendo en las alturas disfrutarán con sus imágenes (3).

(1) Desde 2008 Ulises Wensell no ha tenido presencia como entrevistado en revistas especializadas. La entrevista anterior, publicada en el año 2005 y hecha en 1998, se puede leer en la revista Babar: http://revistababar.com/wp/?p=213
(2) La totalidad de la entrevista puede leerse en el número 84 de la revista –páginas 51 a 61- y verse sus ilustraciones en la cubierta y en la galería a él dedicada– páginas 101 a 108-. Todo el número puede leerse en: http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01371963233494974112257/210312.pdf?incr=1
(3) Un buen número de ilustraciones puede verse en el portal que su amigo Jaime García Padrino realizó para Cervantes Virtual. En sus páginas está todo sobre su obra. Puede verse en: http://bib.cervantesvirtual.com/bib_autor/uliseswensell/

viernes, 2 de diciembre de 2011

UN BUEN LIBRO DE AVENTURAS, ¡POR FIN!

Pocos son los libros que pueden destacarse del aluvión de novedades que se publican en la LIJ. Si la novedad es del género fantástico –muy de moda- y de aventuras en el mar, parece que encontrar una novela original, interesante y de calidad es tarea harto difícil. Pero haberlas, haylas y toparse con Camino a Aletheia es un encuentro dichoso.

La novela nos relata la vida de Marion, capitana del velero Ketterpilar, que huyendo de su pasado se encuentra en medio de una lucha entre una papisa tiránica y una logia de amantes de la verdad. La heroína es conocida por sus destrezas marinas, aprendidas durante años de un hombre del que al final se enamora. Marion se encuentra con  Augur, un extraño personaje que habla con los pájaros, y su vida se acelera, yendo de las cumbres al fondo del mar (en un divertido episodio donde habla y vive como lubina), del trato con marineros a las pruebas de valentía e inteligencia que tiene que afrontar en esa isla de la verdad que es Aletheia.

Un libro de aventuras que se mueve en varios planos –intrigas, búsqueda, magia milenaria, lucha del bien y el mal-, siempre con el mar como eje de unión. Un mar donde las virtudes de la protagonista se agigantan y que es el lugar de las tormentas y los misterios. Unos cuantos tiene que resolver Marion y todos esperados con pasión por un lector sorprendido por una novela como las de antes, bien escrita y con gran dominio de la acción, frenética en algunos capítulos. Y sorprende más que sea la primera obra de una autora (La Plata, Argentina, 1978) que apasiona y sabe crear un mundo fantástico que se parece mucho al mundo real, traidor incluido.

Una novela juvenil que la autora piensa continuar en otros libros, alguno ya escrito, en una saga que promete más aventuras y más coincidencias, ahora amorosas.

Camino a Aletheia
Autora: Victoria Bayona
Ilustraciones: Victoria Bayona
Editorial: Norma, Buenos Aires, 2011. $60 (sesenta pesos) (Paréntesis: ¿por qué es tan difícil saber el precio de un libro en Argentina?). 336 páginas.
Para conocer el avance publicitario del libro (y las ilustraciones de la autora) en 40 segundos:
Para conocer un poco a Victoria Bayona:

lunes, 31 de octubre de 2011

SOBRE PREMIOS Y SUS FRONTERAS

En este mundo de la Literahartura Infantil existen dos instituciones más bien europeas –una con pretensiones de mundialidad- que otorgan galardones a escritores, ilustradores e instituciones que se ocupan de los libros para niños. Hablamos del Premio Andersen y del Premio Astrid Lindgren. El primero solo sabe hablar inglés –con alguna excepción cada decenio- y el segundo recorre el mundo continente a continente, que los suecos son muy viajeros y gustan de las islas y países lejanos. El primero es honorifico y con dudas sempiternas sobre su limpieza (premiado europeo, blanquito, anglosajón y con obras que publica gente muy relacionada con la institución). El segundo está bien remunerado y sus recompensados pasan una semana de ensueño en Suecia, arenques y smörgasbord incluidos.
Y saliendo de Europa, el continente americano del norte y del sur tiene sus listas de premios anuales, curiosas ellas pues ni los norteamericanos del norte premian a los argentinos o venezolanos, ni los venezolanos se premian a sí mismos o a los argentinos. De ellos quiero hablar.

Premios con retardo
Hay dos entidades en América del Sur que todos los años premian los libros mejores del año. Una es argentina y otra venezolana. La primera –ALIJA- gusta de salir de sus fronteras para premiar libros editados en México o España, destacar libros ya premiados hace años o nombrar poeta del año a un uruguayo ilustrado por un español; nada malo si no fuera que su objetivo es potenciar los autores y editores argentinos. Suelen equivocarse de vez en cuando en los años de edición, dando galardones con retraso a libros de hasta un lustro de antigüedad. Pueden verse los galardonados en: http://www.imaginaria.com.ar/2011/04/ganadores-de-los-premios-%E2%80%9Cdestacados-de-alija-2010%E2%80%9D-argentina/

Pero en esto de retardos el campeón es el Banco del Libro venezolano que en su XXXI edición de “los mejores libros hispanoamericanos para niños” tiene un 66 % de libros que no son del año 2010. Gustan premiar a los publicados en el 2007 (un 24 %), editados en España (el 63 %) o de autores no hispanoamericanos (el 45 %). Parece que les gustan los libros de una editorial barcelonesa, dando preeminencia a lo contrario que publicitan como objetivos: ni un solo libro para bebés y un solo libro venezolano. También nombran mejores del año a libros premiados en el 2008 o a segundas ediciones. Para ver la lista de este año, anunciada el pasado 29 de abril: http://www.bancodellibro.org.ve/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=1236&Itemid=528
Es misterioso –los misterios de la LIJ- que ambas selecciones de libros no tengan una sola coincidencia y que a los venezolanos no les guste ni un solo libro argentino. A aquellos tampoco les gustan los libros editados en la propia Venezuela o los chilenos (uno sola mención para estos países). Solo les parecen agradar los libros editados en Colombia, España y México. Parece que se debería cuidar los criterios de selección de tan importantes instituciones  y la propia selección anual. Ah, y abrirse a otras culturas hispanoamericanas.

Otros premios que no coinciden con nadie

La Latino Literacy Now es una asociación neoyorquina que premia a los libros editados en el mundo latino, infantiles incluidos. Los Latino Internacional Book Award 2011 no coinciden con nadie, pero deben ser cosas de las distancias, infinitas fuera de las fronteras estadounidenses. Hay algún libro editado en España entre los galardonados (de la editorial aragonesa Cuento de Luz), que en el apartado infantil repiten recompensa los mismos nombres y editoriales. Deben ser cosas de los auspiciantes, que si son de Platino pueden hablar siete minutos en la entrega de premios, si son de Oro cuatro minutos y los “pobres” de Bronce solo dos minutos. Puede leerse todo esto en: http://www.lbff.us/international-latino-book-awards.html

sábado, 29 de octubre de 2011

ESCRITORES ARGENTINOS 1: LILIANA BODOC

Argentina tuvo –y tiene- una generación de escritoras que pensaron en los niños y les dedicaron sus mejores obras. María Elena Walsh, Ema Wolf, Graciela Montes, Laura Devetach o Graciela Cabal, nacidas en las décadas de 1930 y 1940, tienen una muy estimable sucesora en una escritora santafesina que escribe desde las serranías preandinas: Liliana Bodoc. Liliana irrumpió en la literatura con una trilogía excepcional –La saga de los confines, toda una épica fantástica- que ha continuado en una quincena de libros. Narradora excelente y gran conversadora nos abrió su mundo en una Buenos Aires llena de libros. Comienzo con ella una galería de escritores e ilustradores argentinos.

 ¿Cómo surgió en ti la escritora para jóvenes, la escritora de una saga?

La verdad es que ambas cosas surgieron un poco por separado, porque, a decir verdad, cuando me puse a escribir La Saga de los Confines no pensé, no elegí conscientemente hacerlo para jóvenes. Pero parece que sí lo hice. De hecho, eso fue lo que dijo el editor, el único que se avino a “arriesgarse”, la palabra que utilizó, con La saga. A mí me puso tan contenta que empecé a pensar seriamente en la literatura infantil y juvenil, cosa que no había hecho hasta ese momento, algo que no me enseñaron a hacer en la Academia. Encontré ahí un mundo tan completo, tan impresionante y tan rico como el de la literatura sin adjetivos.

La creación de una saga es algo difícil, largo. Parece que tardaste ocho años en hacerlo. ¿Podrías contarnos cómo fue el proceso?


Foto: Fernando Calzada - Gentileza SM
Es algo complejo y también maravilloso. Si hablamos de todo lo que fue el trabajo bibliográfico previo, armar los continentes, las culturas con sus costumbres y sus modos de pensar, hasta sus “filosofías”, sí, más o menos ocho años. Es un trabajo de rompecabezas, un trabajo un poquito de demiurgo, de ir inventando un mundo. En  mi caso particular debo decir que siempre estoy muy aferrada a lo histórico, a lo cultural, a lo antropológico. A veces me dicen -y lo agradezco-  “¡cuánta imaginación!” y yo digo “cuánto robo”, cuánto hay tomado de lecturas previas.

La magia está ahí en La saga, magia buena, magia mala. ¿Qué es para ti la magia?

La verdad es que para mí la magia es una cuestión seria. Quiero más o menos explayarme en esto para que no se me malinterprete. Sé que la magia cayó, en la redada del mercado, con otro montón de cosas. Sé que el pensamiento mágico, lo que ejerce la fascinación y la intuición, están muy degradados, muy malvendidos y muy mal comprados. Sin embargo, creo que el pensamiento mágico le ha aportado cosas importantísimas a la humanidad y se las sigue aportando. Pensamiento mágico en función de esto, de lo que está aún por descubrir, de lo muchísimo que la razón no puede explicar todavía, felizmente. Me parece que es una forma de conocimiento, que la razón conoce de un modo y la intuición y la fascinación conocen de otro. Y, de alguna manera, esas dos mitades van armando algo que se parece a la verdad.

La ficción es el género que más has cultivado. Para ti tiene un potencial extraordinario. ¿Por qué lo utilizas?

Creo que a la ficción no se le puede pedir todo. A veces se le pide que cambie el mundo, y me parece que es mucho para sus pobres espaldas. Pero sí creo que se le puede pedir mucho más. Se le puede pedir mucho más en la educación, se le puede pedir mucho más en el socorro, en el amparo de niños problemáticos, desde chicos con problemas psicológicos hasta chicos con problemas de salud; se le puede pedir mucho más en las familias; se le puede pedir mucho más en la historia individual de cada uno de nosotros. Porque a mí me parece que la ficción nos foguea en la emoción. Nos pone fuerte el ánimo. Nos pone fuerte la templanza, la imaginación; nos abre ventanas, nos hace ver cosas que de otra manera no veríamos jamás. Nos hace entender cosas que de otra manera no entenderíamos jamás. Y me parece que es muy poquito lo que se le pide en contra de lo muchísimo más que nos puede ofrecer, como individuos y como sociedades.

¿Y qué se puede pedir a la ficción para niños?

A la ficción para niños se le puede pedir que los apasione. Se le puede pedir que baje el dedito admonitorio de lo que se debe y lo que no se debe. Se le puede pedir que los maraville, que los deslumbre, que los asuste, que los haga reír, que los conmueva. Y se le puede pedir, básicamente, que les permita entrar en crisis. Una crisis acorde con su realidad, con sus fuerzas, con su musculatura, pero al fin, crisis. Y obviamente, transformación.

¿Cómo ves al bien y al mal en la actualidad, en tus historias y en el mundo?

Puedo entender -y de hecho hago un trabajo por entender- que vivimos inmersos en los grises. Sé que es así, todo el tiempo es así, en mi vida, en la vida de mi vecino, en la política…  Sin embargo, hay un lugar en el que a mí me gusta plantarme. Hay un tango que dice “El bien es bien y el mal es mal” y a mí me parece que es bueno que un hombre tenga un límite que no trasponga. Me preocupa mucho que el gris nos haga creer que todo es posible.

Una frase tuya es “Hay que reconstruir las palabras”. ¿Puedes explicar un poco esta idea, sobre todo para el mundo infantil?

A mí me parece que los adultos, y especialmente los docentes, tenemos que volver a pensar en las palabras como fundantes de la condición humana. Hay que volver a apasionarse con las palabras; las palabras pronunciadas, las palabras escritas, el origen de las palabras, el cambio de las palabras, la mentira de las palabras. Creo que nos estamos olvidando de que en realidad estamos hechos de eso, en gran medida. Y me parece que a veces uno habla de la literatura sin pensar que el paso previo, indispensable, es volver a enamorarnos de nuestra lengua y de nuestras palabras.

“La literatura posee poderes curativos”. Explícanos esta idea tuya, solución a muchos problemas humanos.

Vamos a ir hilvanando cosas. Esto tiene que ver con el pensamiento mágico. Todo esto empezó una vez que yo, estando mal del hígado y siendo una persona propensa a asustarme mucho cuando no estoy bien de salud, tratando de apaciguarme a mí misma, además de los medicamentos, me recitaba una de las estrofas de la Oda al hígado de Neruda: “(…)/ de ti,/ monarca oscuro,/ distribuidor de mieles y venenos,/ regulador de sales,/ de ti espero justicia:/ Amo la vida: ¡Cúmpleme! ¡Trabaja!/ No detengas mi canto.” Y yo juraba y perjuraba -y sigo haciéndolo- que a mí eso me ayudó a curarme. ¿Y por qué no?

Con esto llegamos a un tema que está en tus libros: la muerte. Mostrar la muerte a los jóvenes es algo verdadero, pero de la forma que tú lo haces es darles la realidad. ¿Por qué está tan presente la muerte en algunos de tus relatos y sobre todo en Los días de la Sombra?

Se me aparece una primera respuesta, obviamente biográfica pero no por eso desdeñable, porque uno escribe desde lo que le pasó, también. Tiene que ver posiblemente con la muerte de mi mamá cuando yo era muy chica. Y esto lo voy notando a medida que pasan los años. De manera que seguro que hay un momento de muerte, que fue un punto de inflexión en mi vida, como seguramente en la de cualquier niño al que le pasa eso. Pero a mí me interesa hablar de la muerte en función de apartarla de la pura individualidad. Se muere esta forma que soy, se muere esta organización molecular, pero esta organización se transforma en otras cosas. A mí me alivia mucho pensarlo de esa manera. Claro que no es un pensamiento mío, es un pensamiento milenario, que cuesta asimilar. Uno puede decirlo, pero de ahí a sentirlo… Pero me parece que hay que hacer un ejercicio en este sentido, y recordarse a uno mismo que uno es una organización transitoria, que felizmente, nada nuestro, nada, se pierde. Todo va a volver de otra manera. Y me parece importante también presentar este concepto de la muerte a los chicos.

En tus novelas se nota mucho el trabajo que hay detrás, con muchos juegos de coincidencias a veces increíbles. ¿Te gusta esto de jugar con las coincidencias?

Sí, me parece que es uno de los encantos más grandes de la literatura. En general no me dejo llevar demasiado por el instinto. La inspiración a mí no me va, no me sirve demasiado, me sirve a ratos. A mí me gusta en cambio el trabajo analítico previo, me gusta pensar, me gusta armar estas supuestas coincidencias que van a ocurrir. Me gusta entrelazar las tramas, saber que esto que digo acá en la novela va a resultar en aquello que voy a decir más allá. Y después de todo ese trabajo -que disfruto mucho- me largo a la escritura propiamente dicha. Ahí me relajo un poco más.

Ahora que ya tienes más de diez años de obra escrita, ¿qué quieres legar a tus lectores? ¿Una visión optimista del mundo?

Sigo pensando que este mundo así no cierra. Que hay muchísimas posibilidades de que sea mejor, mucho más justo, mucho más humano. Y jamás dejo eso de lado a la hora de escribir. Jamás me desentiendo de este mundo, de la esperanza –utópica dirán muchos, y a mí me importa poco- de transformarlo. Jamás. Siempre pienso que escribir tiene que ver también con aportar para transformar el mundo.
 

Liliana Bodoc nació un día de julio de 1958 en la ciudad ribereña de Santa Fe, Argentina. A los cinco años se traslada a Mendoza, cerca de cordilleras y montañas, donde estudió y se licenció en Letras. Ejerció la docencia, tuvo dos hijos y con un libro bajo el brazo logró que en el año 2000 le fuera publicado Los días del venado, la primera parte de una trilogía que cautivó rápidamente a los lectores de novelas fantásticas que esperaban ansiosos primero Los días de la sombra (2002) y luego Los días del fuego (2004). El éxito le llevó a seguir publicando otros libros para jóvenes, con alguna pequeña aventura literaria en los campos del teatro y los cuentos ilustrados para primeros lectores. La saga de los confines, titulo de la trilogía, cruzó fronteras y ha sido editada en varios idiomas y publicada en España por Edhasa. Premio Barco de Vapor argentino 2008, sus libros son recomendados por el sistema clásico del boca a boca, ganando por este sistema miles de lectores en colegios, institutos y apasionados de la buena literatura. Candidata al premio Andersen 2010, puede recibirlo algún día cuando los jurados de las Tierras Antiguas sepan dónde están los confines de la fantasía, allá por el extremo sur de las Tierras Fértiles.

Sus libros, por año de edición:

(2000) Los Días del Venado Norma, Buenos Aires.
(2002) Los Días de la Sombra Norma, Buenos Aires.
(2003) Diciembre súper álbum Alfaguara, Buenos Aires.
(2004) Sucedió en colores Norma, Buenos Aires.
(2004) Los Días del Fuego Norma, Buenos Aires.
(2004) Adiós a las puntillas, Portantos y Doña Cata y la gitana (teatro)
(2007) La Mejor Luna Norma, Buenos Aires.
(2007) Memorias Impuras Planeta, Buenos Aires.
(2007) Reyes y Pájaros Norma, Buenos Aires.
(2008) Amigos por el Viento Alfaguara, Buenos Aires.
(2008) El mapa imposible Alfaguara, Buenos Aires.
(2008) El espejo africano SM, Buenos Aires.
(2009) Presagio de Carnaval Norma, Buenos Aires.
(2010) El rastro de la canela. Amor y libertad en mayo de 1810 Norma, Buenos Aires.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

UN ILUSTRADOR ÚNICO: ROBERTO INNOCENTI

Roberto Innocenti es uno de los ilustradores mundiales más reconocidos y con obra estudiada por especialistas, curiosamente la mayoría norteamericanos. Desde el premio Manzana de Oro 1985 de Bratislava al más reciente premio Andersen 2008, Innocenti ha visto galardonados internacionalmente cada uno de sus grandes libros que aportan una visión distinta de la literatura y del mundo. Su Cenicienta parece real o su Pinocho un toscano más. Mi revista Peonza pudo entrevistarle el pasado otoño en Alicante y este otoño –en el próximo nº 98 de octubre- saldrá una larga charla que tuvo con mi compañero Javier Sobrino, escritor y amigo. Como transcriptor y traductor grupal de sus palabras me permito ofrecer un largo extracto de lo que nos contó.

¿Cómo fue su acercamiento al mundo de la plástica, del dibujo, del arte? ¿Qué le motivó para dedicarse a la ilustración de libros?
Al inicio yo era un niño y lo vivía todo como un juego. No había televisión, ni videojuegos ni nada de esto, y lo que hacíamos era simplemente jugar y dibujar. Diseñar no era importante, solo era una profesión para vivir. Luego, pasando los años, descubrí que me gustaba diseñar, que era una cosa que me llenaba.

La ilustración de libros era una cosa que inicialmente me gustaba, pero no daba para vivir y lo más importante era la supervivencia, comer. Hice otras cosas, carteles, diseño gráfico, artístico, proyectos y descubrí que había un campo internacional en esta profesión que desconocía. Finalmente llegué a una actividad que me llenaba y durante cuarenta y dos años he hecho del libro mi profesión. No es algo casual.
¿Qué importancia le otorga a la documentación en su trabajo de ilustrador?

Depende. Si tengo que ilustrar un libro clásico lo importante es no inventar mucho, no desviarse mucho de la historia. En los cuentos de Hoffmann o en La isla del tesoro está todo especificado: año 1700, la nave es una goleta, el mapa está dibujado… no se puede hacer otra cosa. Los vestidos, Londres, Inglaterra, las costumbres de la época se conocen. Pero me gusta trabajar con el tema de la ambientación, de los vestidos, me siento un director de cine, preocupado por cada uno de los detalles.
Cuando se trata de libros de fantasía o libros donde el autor fabula, tengo libertad para decidir: puedo ser realista o no, puedo inventar un mundo y hacer todo más personal, más divertido. Cuando ilustro no sé cómo va acabar mi trabajo, tengo curiosidad por ello y cuando finalizo me gusta sentir satisfecha mi curiosidad.

¿Qué facetas o cualidades de un texto le atraen más pensando en su ilustración: los sentimientos, la acción, lo que no se cuenta…?
Cuando tengo que ilustrar un texto lo primero que hago es leerlo con interés, cómo si no tuviera que diseñarlo. Tengo que sentir la atmósfera, ver el humor o la tragedia para ponerme después a su altura. Edgar Alan Poe no puede ser cómico sino trágico, puede ser tenebroso o no, incluso alegre. Se trata de leerlo con detalle, bien. Luego me fijo en las escenas para ver las más interesantes para ilustrar, las escenas y los momentos clave, percibiendo el ambiente de la obra y anotando las imágenes que me vienen en la mente. Otros ilustradores se fijaran en otras cosas, en otras páginas, pero yo me siento muy libre frente al texto. Intento ilustrar aquello que no está escrito porque, por ejemplo, en Oliver Twist el protagonista está bien descrito, lo mismo que la ciudad, la sociedad y los personajes; pero como hice en Cuento de Navidad me siento muy libre para dar detalles sobre este u otro personaje, sobre la gente, sus caras, dando información que no tiene al lector, al joven lector, que le haga ver el libro de otra forma. Es lo que siempre he hecho.

¿Cómo se plantea su labor como ilustrador cuando aborda un texto nuevo? ¿Cuál es su proceso de trabajo?
Es un proceso arbitrario. Puedo comenzar a ilustrar un libro por cualquier parte, no es algo exacto; puedo comenzar a diseñar sin un orden predeterminado, empezar por los personajes y ver lo que demanda cada uno. Es un proceso lento que me va dando vueltas en la cabeza, entre siesta y siesta, hasta que un día u otro del mes aparece claro. Poco a poco, piano piano, va avanzando hasta llegar a tener toda la idea general. Es importante que el libro transmita una idea. ¿Cómo hacerlo? En Rosablanca la idea fue la esperanza y al descubrirla sentí que el libro estaba ya cerrado y podía ponerme a ilustrarlo finalmente. En Pinocho, la historia de un muñeco que yo conozco desde pequeño, un libro que ha tenido a Mazzanti o Chiostri como primeros ilustradores, no lo he cambiado, he sido respetuoso. Pero si lo he presentado de una forma diferente, algo que han hecho autores como Disney con su un Pinocho divertido. Para mi Pinocho es un niño pequeño, muy pequeño, que se encuentra dentro de un mundo grande, muy grande que no domina por el sencillo hecho de ser chico, muy chico. El lector se solidariza con este problema, con alguien inadaptado, desvalido ante un mundo inmenso a su a alrededor.

¿Qué cree que aporta a un niño lector un libro ilustrado por usted?
Yo no pienso en el público. Tengo miedo que por pensar en el público, por llegar a más gente, tenga que conocer lo que el público quiere. Prefiero desconocerlo, no saberlo; creo que esto se puede hacer extensivo a todos los ilustradores, a todos los artistas que llevan algo dentro. Cuando finalizo un trabajo ya no estoy tan contento, me llega la autocritica, pensar si el trabajo es correcto y se puede proponer. De toda la gente que existe en el mundo solo hay una pequeña parte a la que le gusta mi trabajo, es un número de lectores que tienen mérito. Me agrada pensar que son lectores que evolucionan, que no son un público que sigue la receta del mercado. No pienso que yo tenga que ser simple porque me digan que los niños son simples o porque me digan que son complicados u otra cosa. No me interesa conocer la fórmula del best-seller. Prefiero llegar a unos miles de lectores a los que sé que les gusta mi trabajo, a los que les gusta las cosas que hago, aunque si alguna vez son cientos de miles mejor, no voy a decir que no.

Varios libros suyos se ambientan en el horror nazi, ¿a qué se debe esta  temática? ¿Por qué se centra en este hecho histórico y no en otros?
La escuela debe educar sin intentar mostrar marionetas, unos niños que no existieron. Deben conocer la historia reciente y ver cómo eran los niños alemanes, lo que ocurría aquí y en Alemania. Ocurrieron cosas tremendas de las que muchos padres solo tienen una idea difusa. Debemos ser personas de una sociedad responsable, estar juntos en la visión de que niños y jóvenes colaboraron en la propaganda de aquellos años. No hay que dramatizar la memoria, pero si conocerla.

¿Qué significa para usted hacer un álbum ilustrado? ¿Qué cree que aporta  a la literatura este tipo de obras?
Para mi hacer un álbum es un oficio que me gusta. No me hice pintor porque necesito la literatura y la literatura la puedo escribir yo o interpretar lo que otros escribieron. La intención de del álbum es ser un libro, un  buen libro que tenga su espacio. Hacerlo es todo un proceso productivo que cuando finaliza te llena, te reconforta. Es un proceso solitario, en el que se ejerce mucha paciencia, es una aventura, una película con final feliz. Ilustrar es contar historias al lector.

¿Qué le aportan los cuentos tradicionales?
¿Cómo lectura? Como lectura me pongo a esbozar mentalmente imágenes, un paisaje, un personaje. Es imposible no pasar una página sin que la imaginación funcione. Para los niños es muy fácil y deberían leer más libros sin imágenes, no periódicos, para que ejercieran esta capacidad.

¿Cómo se siente después de revisar su trayectoria como ilustrador tras recibir el premio Andersen hace tres años?
Ciertamente es una gratificación porque nadie está seguro de recibirlo. Pero es un proceso de reconocimiento, primero del IBBY italiano, luego la aceptación del comité y el resultado final. El hecho es que da un poco de seguridad. Me siento el último de una generación de autores muy preparada de la que, en Italia al menos, solo quedo yo.

Roberto Innocenti (Bagno a Ripoli, 1940) nació en una pequeña localidad toscana cercana a Florencia conocida por sus jardines e iglesias. Allí  vivió la II Guerra Mundial, algo que le marcó con sus pocos años. Dejo la escuela a los trece años para trabajar en una fundición de acero y emigrar a Roma a los 18 años para trabajar en un estudio de animación. Allí empezó a aprender el oficio de ilustrador que le permitió volver a Florencia, donde ejerció de diseñador gráfico. Un encuentro con John Alcor, artista norteamericano, le permite publicar sus primeros trabajos como ilustrador de libros. Pero fue otro encuentro, con el ilustrador suizo Étienne Delessert, el que le permite recrear una nueva Cenicienta, publicada en 1983, situada en el Londres de los locos años 20. Este primer gran trabajo le permite editar dos años más tarde la que quizás sea su obra más personal junto a su interpretación del personaje Pinocho: Rosa Blanca, la historia de una niña alemana que ve el horror del holocausto a su alrededor.

Las imágenes de Rosa Blanca impactan, en el estilo de un autor que se adapta muy bien al espíritu de cada libro. Innocenti cuida los detalles, los personajes, las arquitecturas y los ambientes; sus dibujos parecen retazos de realidad vistos con encuadres diferentes. Sus trabajos son retratos hechos con un ojo subjetivo que caracteriza escenas y las llena de recuerdos personales. Son cuadros que hablan y permiten hacer verdad que una imagen vale más que mil palabras. Todo un lujo para lectores infantiles.

Bibliografía para jóvenes (Año de edición original)
- (1978) Velas, raíles y alas de Seymour Reit. Plaza y Janes, 1981.
- (1983) La Cenicienta de Charles Perrault. Anaya, 1984. (Lumen, 2002)
- (1985) Rosa Blanca de Christophe Gallaz. Loguez, 1987.
- (1988) Las aventuras de Pinocho de Carlo Collodi. Altea, 1988 (Kalandraka, 2005)
- (1990) Cuento de Navidad de Charles Dickens. Lumen, 1990.
- (1996) El Cascanueces de E.T.A. Hoffman. Lumen, 1996.
- (2002) El último refugio de J. Patrick Lewis. F.C.E., 2003.
- (2004) Era calendimaggio de Angela Naneti. Giulio Einaudi, 2004.
- (2004) La historia de Erika de Ruth Vander Zeer. Kalandraka, 2005
- (2008) Das Medaillon de Andrea Camilleri. Rowohlt Verlag, 2008.
- (2009) La casa de Patrick Lewis. Kalandraka, 2010.
- (2011) L’Isola di tesoro de Robert L. Stevenson. Principi & Principi, 2011.