lunes, 9 de enero de 2012

UN LIBRO DE 4 METROS ¿PARA NIÑOS?

Hace poco -19 de diciembre- pude asistir a la presentación de un libro de cuatro metros. Sí, cuatro metros de libro extensible cual acordeón y reducible cual acordeón (¿será un acordeón y no un libro?).

El lugar era una librería infantil de Buenos Aires (“El gato con bote”, sucursal Gurruchaga) y allí estaban sus artífices: una escritora, dos diseñadores y una empresa cooperativa de proyectos. A la escritora –Didi Grau- se le ocurrió un poema tras oír los insistentes maullidos de un gato del vecindario. Este poema fue reducido a cuatro palabras –Cuatro Gatos Negros Flacos- que con sus múltiples combinaciones (factorial de 4 con repeticiones pseudoliterarias) fue abrazado por dos diseñadores –Christian Montenegro y Laura Varsky- para dar vida a muchos metros de diseño gráfico y no gráfico. El resultado fue mostrado a unos cuantos amigos y admiradores que en número de 126 financiaron el proyecto. Una elogiosa idea de “Idéame” (www.idea.me), una empresa que permite financiar proyectos a través de pequeñas aportaciones.

Cada cuadradito del libro (20 x 20 cm.) es un ejercicio de diseño y todos los cuadraditos juntos todo un libro juego. ¿Literatura? Por ningún lado. ¿Para niños? Creo que como juguete es atractivo durante un rato, dependiendo de la edad, de la curiosidad y de la paciencia ante un engorro de muchos metros que no es fácil de entender (fácil de leer sí, solo tiene cuatro palabras). El porqué se presenta como producto infantil, en una librería para niños y con objetivos pueriles en mente es un misterio.

Uno piensa desde hace tiempo que se está utilizando la LIJ para llenar a los niños y jóvenes de otras cosas, sean estas valores, pedagogías o juegos: libros que se ven en tres dimensiones, libros que emiten sonidos, libros que generan imágenes virtuales, libros de cuatro metros sin argumento, libros sin… historias que contar.

Cuatro Gatos Negros Flacos tiene aspecto de libro, pero es un  juguete. Eso sí, una preciosidad de juguete, con un esfuerzo grande de diseño detrás y un producto final que gustará a los amantes de los habitaciones de más de cuatro metros de ancho que tengan 150 pesos argentinos (35 dólares o 30 euros) para decorarlas.

La historia de la humanidad ha dado muchos ejemplos de necesitar metros para explicarse, sean las paredes de las tumbas y templos egipcios, las columnas victoriosas romanas o las historias que templos de muchas religiones ofrecen en paredes y techos. En el mundo de la LIJ hay algunos ejemplos de metros de historia, ejemplos que suelen contar cuentos, leyendas o epopeyas. En los últimos años, dos libros de cuatro metros se han destacado, cada uno en su estilo, en el panorama editorial español.

El primero cuenta la historia de un río, una serpiente que lo recorre y lo que ocurre a su alrededor. Fue publicado en 1986 en Valencia, siendo Manuel Boix y Josep Palacios sus autores. Un libro con muchas historias visuales, muchas lecturas de pequeños personajes que bien un río, bien una serpiente une. Un lujo visual que también necesita una habitación de cuatro metros para su visión total.

El segundo es la obra de un genio de la ilustración que alterna reclusiones monacales con apariciones gráficas y literarias fulgurantes. Hablo de “El viaje de  Colonus” (Barcelona, Aura Comunicación, 1992) de Francisco Meléndez (Zaragoza, 1964). El original, expuesto en varias ciudades europeas, tiene nueve metros de largo que reducidos en un libro a menos de la mitad de su extensión pierden grandiosidad para ganar en minuciosidad. Son cientos de detalles y personajes que giran en torno al viaje de Colón, narrado por el propio Meléndez con su estilo peculiar y heterodoxo. (Se puede leer la entrevista que mi revista hizo a Meléndez en 1993 en http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/peonza-revista-de-literatura-infantil-y-juvenil--64/html/)

Conclusión: libros de cuatro metros SÍ, pero, por favor, con HISTORIAS.

Cuatro Gatos Negros Flacos
Texto: Didi Grau
Ilustraciones y Diseño: Christian Montenegro y Laura Varsky
Buenos Aires, Idéame, 2011.

La Serp, el Riu
Ilustraciones: Manel Boix y Josep Palacios
Valencia, Ediciones de la Comunidad, 1986

El viaje de Colonus
Texto e ilustraciones: Francisco Meléndez
Barcelona, Aura Comunicación, 1992.



2 comentarios:

  1. Cuando era chica, cuando no sabía leer, me gustaba ver los dibujos de los libros. También en algunas ocasiones me gustaba simular frente a mi hermano mayor (que tampoco sabía leer), que sabía y en base a los dibujos inventaba historias. Creo que un libro lleno de imagenes y juegos de palabras puede hacer que un niño lo disfrute e invente sus propias historias. Un niño y un adulto pueden abrir el libro e inventar sus historias, buscar los detalles de las imagenes.

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    1. Me parece que esto no contradice el artículo del blog: siempre es posible inventar historias, a partir de imágenes y juegos de palabras o a partir de cualquier otra cosa. Eso podemos hacerlo, niños y adultos, con un diario, un folleto explicativo y hasta el volante de la pizzería nueva del barrio. De un libro espero algo más.
      Si el libro tiene una historia que contar, eso no va a impedir a nadie imaginarse nada, y sí va a hacerlo valioso como libro.

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