miércoles, 25 de enero de 2012

LIBROS PARA PRIMEROS LECTORES (0-2 AÑOS) - 2 (II EN LUTECIA)

Cada vez se publican más libros para esos bebés que se comen literalmente el mundo, libros incluidos. Libros que siendo de imágenes tienen algún hilo conductor, algún pequeño inicio de historia, algún personaje reconocible.

Para estos bebés posibles lectores menores de 12 meses aquí van 10 libros 10, alguno de tela, otros de plástico y –los más- de cartoné y esquinas redondeadas. Libros probados por este comentarista con sus retoños y que –pequeño gran problema en tierras americanas- son en su mayoría españoles.

Bob come
Autor: Guido Van Genetchen.
Ilustrador: Guido Van Genetchen.
3 páginas. 15 x 15 cm. Edelvives . Junio 2008

Los libros de tela tienen el encanto de un material dúctil y manejable que al mismo tiempo es el soporte de imágenes atrayentes para esos bebés que con seis meses están despertando al mundo de nuevas sensaciones visuales. Sensaciones como el suave tacto del algodón y figuras muy reconocibles.

Los libros de la serie “Bob” tienen este encanto, añadido al de su personaje central: un cercano y reconocible animal que hace lo mismo que un niño -come, juega, se viste o duerme- y lo hace con objetos conocidos. Bob, un perro de color blanco con manchas marrones, se pone babero y agarra un tenedor para acompañar comidas suculentas. El niño puede ver imágenes de trazos gruesos y sencillos, colores suaves que se unen a una tela que cruje y que hace al objeto libro algo divertido, lavable y próximo. Sin esfuerzo, el niño está ordenando el mundo, poniéndole nombres, jugando con palabras.

El baño de Elmer
Autor: David McKee.
Ilustrador: David McKee.
10 páginas. 14 x 16 cm. Fondo Cultura Económica. Enero 1998.

Elmer no es como los otros elefantes de su manada, grises: es multicolor, o en palabras del autor, un elefante patchwork. David McKee (Devon, Inglaterra, 1935) es un ilustrador con numerosos libros y algunos personajes que han llegado al gran y al pequeño público. Elmer es uno de ellos, un elefante que es casi un homenaje a Paul Klee, hecho de parches amarillos, naranjas, rojos, morados, azules, verdes, blancos y negros. Su personalidad es muy optimista, parece cariñoso y le gusta gastar bromas.

Todo esto se conoce por aventuras que ocurren en otros álbumes pero ya se apunta en El baño de Elmer, un libro de plástico para jugar en la bañera de casa, que permite a los bebés empezar a conocer otras estéticas, otras formas de entender el arte y agrupar los colores. Un libro que flota en el que Elmer y sus amigos invitan al niño a hacer lo mismo: remojarse divirtiéndose.

Maxibaño
Autor: Alex Sanders.
Ilustrador: Alex Sanders.
8 páginas. 10 x 10 cm. Corimbo. Mayo 2004.

Ver imágenes e interiorizar los primeros hábitos para leer un libro pueden hacerse mientras los bebés se bañan. Desde los seis meses del niño, pequeños álbumes de plástico pueden acompañar al generalmente placentero baño diario, siendo una fuente más de placer.

Libros como los del artista francés Alex Sanders (Perpiñán, 1964) que, con breves trazos, sabe conectar con un lector todo miradas. Maxibaño es un libro de plástico que empieza a verse desde la portada -una sonriente ballena-, en el que se pasan veintiséis páginas con animales y objetos relacionados con el mar y el agua -desde  sirenas o pulpos hasta flotadores o islas- para reservarse una sorpresa final: también se bañan los submarinistas. Un álbum donde todos los seres sonríen, salvo un pulpo deportista, dando el ilustrador pequeñas notas de humor. Un libro para aprender palabras en el que el niño empieza a ordenar el mundo desde su bañera.

Adivina qué es
Autor: Taro Gomi.
Ilustrador: Taro Gomi.
16 páginas. 12 x 12 cm. Fondo Cultura Económica. Noviembre 1999.

No es fácil hacer animados los álbumes para los más pequeños con un elemento tan simple como el agujero. Taro Gomi (Tokio, 1945) lo logra y repite la fórmula en media docena de álbumes de pequeñas dimensiones, con grandes posibilidades de juego y recreación. Son libros donde cada página parece ser una cosa que luego, en la siguiente, resulta ser otra. El juego de las adivinanzas hecho álbum con la ayuda de un dedo del mediador o del propio niño que asoma su dígito por un agujero que le hará divertida la lectura y le fomentará la imaginación.

La pregunta clave del libro es “¿Qué es esto?” con unas ilustraciones que invitan a pensar una cosa distinta: “¿Una serpiente?” La respuesta está a la vuelta: “No, una cuerda para saltar”. Así, entre dibujos que sintonizan con el humor general del libro, el niño aprende nombres y conceptos con el apoyo de un dedo que parece mágico, produciéndole sorpresas que quiere repetir una y otra vez.

¿Quién es?
Autor: Leo Lionni.
Ilustrador: Leo Lionni.
14 páginas. 16 x 16 cm. Kalandraka. Octubre 2009.

Frederick es uno de los personajes más poéticos y entrañables del universo de la literatura infantil. Creado en 1967 por Leo Lionni (Ámsterdam, 1910 - Toscana, 1999), es un ratón de campo que se dedica a recolectar palabras, versos e historias. Su padre literario extendió sus aventuras a otros libros, cuatro de ellos para los más chicos de la casa, donde intenta explicarles el mundo, o por lo menos cómo lo entiende su personaje cuando se le pregunta “¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Qué es? o ¿Quién es?”. Esta última cuestión es el centro de un pequeño álbum donde Frederick nos invita a conocer a los animales que viven a su alrededor.

Un álbum sin palabras donde irán desfilando animales diversos, desde la gallina de la portada hasta más compañeros ratones. Todos ellos siguen el estilo “Lionni”, ilustraciones que son un collage, con abundancia de tonos suaves y toques de color muy vivo. Pensados con la idea de entrenar la curiosidad de los niños, desarrollan también su gusto estético y sentido de la observación. Ideal para bebés mayores.

Jugando
Autora: Helen Oxenbury.
Ilustradora: Helen Oxenbury.
14 páginas. 14 x 15 cm. Juventud. Enero 1996.

La autora inglesa Helen Oxenbury (Ipswich, 1938) siempre ha querido crear libros para los prelectores, esos niños que con un año se interesan por cada rincón que les rodea, rincones que para sus hijos quiso rodear de libros. “Los libros del chiquitín” son diez pequeños álbumes de tapa y páginas duras, bordes redondeados y unas imágenes donde los colores son suaves y tenues, los niños tiernos y sonrosados, las historias sencillas.

Historias como las de un niño jugando primero con cubos, luego con un carrito, una cacerola, una caja, un oso y un libro. La imagen del objeto se acompaña en las páginas derechas con un bebé interactuando con el ya juguete, incluso si este es un libro que está “leyendo” al revés. Un pequeño álbum sin palabras, que puede explicarse o dejarse autónomamente al pequeño de la casa, que poco a poco, libro a libro, descubrirá que su mundo también puede verse reflejado en imágenes.

Miau
Autor: Antonio Rubio.
Ilustrador: Óscar Villán.
16 páginas. 16 x 16 cm. Kalandraka. Septiembre 2005.

Lo mejor para conocer los nombres de los animales es aprenderlos con una rima sencilla. “Miau miau miau / dice el gato” es el texto que en disminución y acompañado de un gato rayado sobre un montículo verde en una doble página ejemplifica un libro sobre animales para primerísimos lectores con otro aire. Un álbum de cartón duro y esquinas redondeadas en el que se juega con pequeños versos visuales que los autores llaman pictogramas poéticos o poegramas, que se ayudan de las onomatopeyas de los diversos animales que relinchan, cacarean o mugen.

Un libro que forma parte de la colección “De la cuna a la luna” que intenta “educar el ojo y endulzar el oído” de dos artistas que se conocen bien (Antonio Rubio, Puente del Arzobispo, 1953 - Óscar Villán, Orense, 1972). Álbumes para aprender colores, números o lo que hacen animales conocidos. Un disfrute colorido para el pequeño lector, que raudamente será capaz de imitar los sonidos de los animales.

Y tú ¿cómo te llamas?
Autor: Daniel Nesquens.
Ilustradora: Elisa Arguilé.
16 páginas. 17 x 17 cm. Anaya. Marzo 2002.

El reconocimiento del propio nombre se hace con pocos meses, pero empezar a sentir que significa algo es una tarea que lleva más tiempo. Un descubrimiento que te enfrenta al otro y que tiene sus instantes de curiosidad infantil: “Y tú ¿cómo te llamas?”. Una pregunta que tiene respuestas en todo un álbum de tamaño pequeño y cartoné donde el autor (Zaragoza, 1967) vuelca de forma sutil los juegos de palabras, las metáforas, las comparaciones: “Si te llamas Mar tendrás el pelo ondulado. Si te llamas Nieves te derretirás en el sol. Si te llamas Magdalena ¿qué te podrá pasar?”.

Un libro que va indisolublemente unido a las ilustraciones de Elisa Arguilé (Zaragoza, 1972), en su primera obra conjunta con el escritor, con imágenes que recuerdan a pintores como Rousseau “El aduanero” o escenas de las iglesias góticas. Esta sencillez llega al niño que, mirando las páginas, empieza a retozar con las palabras y con su nombre. Juego y humor, un buen binomio desde pequeños.

Pato está sucio
Autor: Satoshi Kitamura.
Ilustrador: Satoshi Kitamura.
12 páginas. 16,5 x 16,5 cm. Anaya. Marzo 2000.

Satoshi Kitamura (Tokio, 1956) vive en su Londres imaginando pequeñas historias para contar a esos niños que gustan de los animales y se identifican con sus aventuras. Desde borregos que no quieren dormir, al mundo de los gatos, los perros, las ardillas o los peces, todo sirve para que el lápiz del autor y sus colores al agua iluminen cada página. Sus personajes son cercanos, sus trazos sencillos, sus rasgos expresivos y sus álbumes pequeñas fábulas.

Cuentos como el del pato que feliz salió a dar su paseo sin darse cuenta de que el tiempo no estaba para ello: el viento, la lluvia y otras inclemencias lo hacen volver lleno de barro y empapelado de hojas. Menos mal que un pequeño lago le alivia sus penas, expresadas en una cara que es todo un poema visual. Un álbum con textos directos, reforzados con ilustraciones bien reconocibles que apuestan por el sentido del humor del bebé lector… con ganas de bañarse.

Todos los bebés
Autores: Alex Sanders - Pierrick Bisinski.
Ilustradores: Alex Sanders - Pierrick Bisinski.
32 páginas. 18 x 18 cm. Corimbo. Febrero 2005.

Pierrick Bisinski (Bruselas, 1961), con sus textos recortables, y Alex Sanders (Perpiñán, 1964), con sus ilustraciones, se encontraron trabajando hace ocho años para “L’École des loisirs”, una editorial parisina muy ocupada y preocupada por los álbumes infantiles. Juntos crearon una serie donde se ocupan de lo importante para un bebé: los besos, los mimos, los padres. Una serie que comienza con un libro encantador dedicado a todos los bebés posibles.

Un álbum con doble lectura, bien siguiendo el orden normal, página a página, bien siguiendo las pestañas que llevan directamente a las imágenes de alguno de los catorce bebés animales y un humano contenidos en el libro. Cada bebé tiene su rima: “Bebé canguro/ ¡Viaja seguro!”, “Bebé mariquita/ ¡Es pequeñita!”. Todos tienen unas imágenes tiernas, donde sobre un solo fondo resaltan madre e hijo/s sonrientes y felices. Una obra que transmite optimismo y que lleva al niño a ampliar su universo de conocimientos y significaciones a través de sintonizar con los protagonistas, bebés como él.

LIBROS PARA PRIMEROS LECTORES (0-2 AÑOS) - 1 (I EN ROMA)

Tras colaborar a lo largo de los años con muchas editoriales españolas y portuguesas, en el año 2010 hice un trabajo para una editorial catalana cuyos responsables llevan dos años haciéndose el sueco (haciéndose el boludo por estos pagos), sin pagar lo estipulado. Aviso para navegantes, autores de textos, fotógrafos e ilustradores: editorial Somoslibros de Barcelona –o lo que es lo mismo Ediciones Bonal- NO PAGA A COLABORADORES. Son capaces de decirte y escribirte que “el hecho de que una editorial te incluya en un libro ya es una compensación” y no caérseles la cara de vergüenza (vergonya en catalán). La peligrosa autora de esta frase tiene nombre: Lola García (Mª Dolores García Rodríguez).

Perdonen la introducción pero como no hay mal que por bien no venga aquel material –no publicado- puede ver la luz en estas páginas. Fueron 31 libros para niños y niñas entre 0 y 2 años, es decir, desde el nacimiento a los 24 meses de vida. Son años –meses- que conviene rodear de afecto y de buenos libros. No es fácil, pero es una delicia ver a tu hija mirar ilustraciones con menos de un mes o pasar páginas sola con diez meses. Si en el baño tiene un libro de plástico, mejor. Si su cuna tiene libros de tela, óptimo. Si las padres fabrican con telas dibujos en formato libro, insuperable.

Portada española
Aquel trabajo no remunerado tuvo una selección de libros en gran parte ajena a mí (ya saben, la hermana de la editora que es pedagoga de desprestigio universal) que he tratado de reordenar y poner a mi gusto. Un gusto que es presentarles (fuera de programa, como dirían Les Luthiers) el libro para pequeños que más ha encantado a mi hija y a su padre. Un libro perfecto que se acompaña con una fanfarria y una nana que llenan de música unos textos muy sonoros y rítmicos, más unas ilustraciones alegres y llenas de detalles que muchas veces te descubren los lectores de estas edades. El porqué les considero lectores me parece algo por una parte obvio (reconocen imágenes, onomatopeyas, siguen una historia con el adulto y autónomamente, aprenden a dirigir su mirada de izquierda a derecha para captar todo, memorizan frases, se sientan solos con un libro que disfrutan…), pero eso queda para otra entrega.

Mesdames et Messieurs, el libro para primeros lectores (0-2 años) que más me ha gustado últimamente (pese a una adaptación discutible):

Tralalí, ¡vamos a dormir!
Texto e ilustraciones: Benjamin Chaud
Música: Laurent Sauvagnat
Adaptación: Gabriela Keselman
Editorial: Kókinos, Madrid, 2010. 12 €

Cuando un libro funciona, lo mejor es aconsejarlo y si entusiasma a tu hija de dieciocho meses, hay que difundirlo por todo el orbe literario para muy pequeños lectores. Escribo de un libro álbum que viene de Francia, de un joven autor (Haute-Alpes, 1975) que gusta llenar de colores a la cera las imágenes que van a ver e interpretar bebés a partir de pocos meses. En las Galias lo recomiendan a partir del año y la franja entre los 12 y los 24 meses puede ser la edad ideal de disfrute de una idea editorial que combina textos, ilustraciones y música.

Páginas edición francesa
La historia es sencilla: una serie de animales van haciendo sus pequeños ruidos para encontrarse en una gran fanfarria final donde primero un ángel y luego un sapo les harán dormir, este segundo con una nana. El desfile empieza con un pájaro carbonero (¿por qué no lo habrán traducido así dado el color negro del ave y su clara nominación en francés?) y sigue con un lobo, un oso, un orangután, un perro manejando un tractor y otros animales aéreos y terrestres, todos con su onomatopeya específica. El conjunto es un cuento acumulativo fácil de retener, al que ayuda la música que acompaña al libro, un Cd en el que se oye el ruido producido por cada animal en medio de un crescendo casi sinfónico. Una delicia. Imágenes y sonidos juntos hacen que el niño juegue y tararee, vea y se imagine lo que ocurre con gestos, participe y aprenda divirtiéndose.

Desfile de animales e instrumentos
Un álbum pensado y muy bien pensado, que se disfruta en compañía familiar y que lleva buena música a los oídos, buenas ilustraciones a la vista y unos textos llenos de ruiditos que fascinan. Por cierto, ¿por qué no se ha respetado el título francés original Tralali, la música de los pequeños ruidos? ¿Por qué la traducción cambia las onomatopeyas de los ruidos y las distancia de la idea original del álbum y de la música compuesta para cada animal? ¿Por qué quien traduce no tiene en cuenta que los animales caminan sobre nieve –algo obvio- y que un pequeño carbonero no hace sobre ella “crico, crico, crico”? ¿Por qué el ángel final parece una sirena en castellano –“uaaauuuu…”- cuando en francés lo que hace es un ruido de tormenta? Parece que desde los pocos años se tiene que sentir que un traductor-adaptador es un poco un traidor.

lunes, 9 de enero de 2012

UN LIBRO DE 4 METROS ¿PARA NIÑOS?

Hace poco -19 de diciembre- pude asistir a la presentación de un libro de cuatro metros. Sí, cuatro metros de libro extensible cual acordeón y reducible cual acordeón (¿será un acordeón y no un libro?).

El lugar era una librería infantil de Buenos Aires (“El gato con bote”, sucursal Gurruchaga) y allí estaban sus artífices: una escritora, dos diseñadores y una empresa cooperativa de proyectos. A la escritora –Didi Grau- se le ocurrió un poema tras oír los insistentes maullidos de un gato del vecindario. Este poema fue reducido a cuatro palabras –Cuatro Gatos Negros Flacos- que con sus múltiples combinaciones (factorial de 4 con repeticiones pseudoliterarias) fue abrazado por dos diseñadores –Christian Montenegro y Laura Varsky- para dar vida a muchos metros de diseño gráfico y no gráfico. El resultado fue mostrado a unos cuantos amigos y admiradores que en número de 126 financiaron el proyecto. Una elogiosa idea de “Idéame” (www.idea.me), una empresa que permite financiar proyectos a través de pequeñas aportaciones.

Cada cuadradito del libro (20 x 20 cm.) es un ejercicio de diseño y todos los cuadraditos juntos todo un libro juego. ¿Literatura? Por ningún lado. ¿Para niños? Creo que como juguete es atractivo durante un rato, dependiendo de la edad, de la curiosidad y de la paciencia ante un engorro de muchos metros que no es fácil de entender (fácil de leer sí, solo tiene cuatro palabras). El porqué se presenta como producto infantil, en una librería para niños y con objetivos pueriles en mente es un misterio.

Uno piensa desde hace tiempo que se está utilizando la LIJ para llenar a los niños y jóvenes de otras cosas, sean estas valores, pedagogías o juegos: libros que se ven en tres dimensiones, libros que emiten sonidos, libros que generan imágenes virtuales, libros de cuatro metros sin argumento, libros sin… historias que contar.

Cuatro Gatos Negros Flacos tiene aspecto de libro, pero es un  juguete. Eso sí, una preciosidad de juguete, con un esfuerzo grande de diseño detrás y un producto final que gustará a los amantes de los habitaciones de más de cuatro metros de ancho que tengan 150 pesos argentinos (35 dólares o 30 euros) para decorarlas.

La historia de la humanidad ha dado muchos ejemplos de necesitar metros para explicarse, sean las paredes de las tumbas y templos egipcios, las columnas victoriosas romanas o las historias que templos de muchas religiones ofrecen en paredes y techos. En el mundo de la LIJ hay algunos ejemplos de metros de historia, ejemplos que suelen contar cuentos, leyendas o epopeyas. En los últimos años, dos libros de cuatro metros se han destacado, cada uno en su estilo, en el panorama editorial español.

El primero cuenta la historia de un río, una serpiente que lo recorre y lo que ocurre a su alrededor. Fue publicado en 1986 en Valencia, siendo Manuel Boix y Josep Palacios sus autores. Un libro con muchas historias visuales, muchas lecturas de pequeños personajes que bien un río, bien una serpiente une. Un lujo visual que también necesita una habitación de cuatro metros para su visión total.

El segundo es la obra de un genio de la ilustración que alterna reclusiones monacales con apariciones gráficas y literarias fulgurantes. Hablo de “El viaje de  Colonus” (Barcelona, Aura Comunicación, 1992) de Francisco Meléndez (Zaragoza, 1964). El original, expuesto en varias ciudades europeas, tiene nueve metros de largo que reducidos en un libro a menos de la mitad de su extensión pierden grandiosidad para ganar en minuciosidad. Son cientos de detalles y personajes que giran en torno al viaje de Colón, narrado por el propio Meléndez con su estilo peculiar y heterodoxo. (Se puede leer la entrevista que mi revista hizo a Meléndez en 1993 en http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/peonza-revista-de-literatura-infantil-y-juvenil--64/html/)

Conclusión: libros de cuatro metros SÍ, pero, por favor, con HISTORIAS.

Cuatro Gatos Negros Flacos
Texto: Didi Grau
Ilustraciones y Diseño: Christian Montenegro y Laura Varsky
Buenos Aires, Idéame, 2011.

La Serp, el Riu
Ilustraciones: Manel Boix y Josep Palacios
Valencia, Ediciones de la Comunidad, 1986

El viaje de Colonus
Texto e ilustraciones: Francisco Meléndez
Barcelona, Aura Comunicación, 1992.



sábado, 3 de diciembre de 2011

ULISES WENSELL, EL ILUSTRADOR DE LA SENSIBILIDAD

Ulises en Santander, mi  ciudad
El pasado martes 29 de noviembre falleció en Madrid Ulises Wensell. Las noticias que iban llegando de su entorno anticipaban el desenlace y desde la distancia, como a tantos seres queridos, se siente su pérdida. Era una persona sensible y volcada en su trabajo.
Nacido en Madrid el 20 de octubre de 1945, se recibió de Ingeniero Técnico Químico al mismo tiempo que ejercía la pintura y la ilustración. En 1970 publicó su primer libro y se cuentan por varios centenares sus referencias bibliográficas, con publicaciones periódicas en España, Francia y Alemania, y traducciones en una veintena de idiomas. Premiado dentro y fuera de las fronteras españolas, tuvo en 1988 el mejor escaparate del mundo para su obra en el 25º aniversario de la Feria de Bolonia (Italia). Veinte años después fue el candidato español al premio Andersen, que no consiguió a pesar de buenas recomendaciones en varios idiomas. Quizás no convencieron sus palabras de presentación: “Dedicarse a ilustrar es algo así como aventurarse a entrar en un torbellino de distintos temas, distintos objetivos, intereses, ambientes, paisajes, épocas, vestimentas, situaciones, sentimientos y emociones”.
Ulises y Gloria Fuertes
Su larga trayectoria como ilustrador empezó con textos escolares –la conocida serie española de Senda- para pasar rápidamente a dibujar historias de todos los colores, pues tanto se aventuraba con una Caperucita como con un clásico ruso, con un libro de un amigo como con una petición de las editoriales que más le publicaron: la francesa Bayard y la alemana Ravensburger Buchverl. Ilustró libros de Gloria Fuertes que han quedado como clásicos y se aventuró a ilustrar los cuentos que su mujer Paloma Martínez le iba escribiendo. Puso imágenes a los cuentos de Fernando Alonso lo mismo que a Perrault o Antoniorrobles. Publicado también en Argentina, tuvo a María Elena Walsh como traductora en los años ochenta de algunos libros suyos editados en Francia.
Caperucita y un lobo
Pionero en los años setenta en España, sus trabajos para editoriales como Alfaguara, Altea, Miñón o Escuela Española, eran un prodigio de saber captar lo esencial de un texto, sea la vida triste de un hombrecito vestido de gris (Alfaguara, 1978) como la algarabía de Coleta, poeta y payasa (Miñón, 1982-1983). La sensibilidad estaba en los rostros de sus personajes que expresaban más que muchas palabras de escritores suecos, franceses o españoles, a los que ponía color y vida. Él decía que “hay que ilustrar el miedo, la soledad, la amistad, la alegría, la tristeza, el afecto, el brillo de la luz en el agua, la amenaza de una figura que aparece entre la niebla... Cosas así”.
En el año 2008 mi revista –Peonza- le hizo la que puede ser su última entrevista (1), en la que reflexionaba sobre casi cuarenta años de trabajo como ilustrador. Rescato como homenaje algunas de sus palabras (2):
* “He tenido la suerte de poder trabajar haciendo lo que me gusta y he ilustrado, con mayor o menor fortuna, con aciertos y errores, pero siempre con cariño, muchos libros para niños”.
* ¿Cómo ves tu trayectoria? “No podría describir mi trayectoria como una línea recta, sino más bien como una espiral en torno a un mismo centro de interés; he ido abandonando y retomando ciertos modos de hacer, ciertas características de estilo, y ciertas técnicas, pero en mis primeros libros ya había algo que sigue estando en los últimos: la intención de expresar y transmitir sentimientos y emociones, tratando de que los personajes dibujados parezcan verosímiles y capaces de experimentarlos en lugar de estilizadas abstracciones gráficas. Creo  que mi misión como ilustrador es conectar con la afectividad infantil y transmitir a los pequeños lo que hacen y sienten los personajes de las historias que ilustro. Me parece que eso facilita la identificación con ellos y que se interesen en seguir la historia narrada”.
* “Para mí cada libro es un mundo”.
* “Mi proceso creativo no ha variado mucho a lo largo del tiempo, pero ahora me interesa más la ambientación y utilizo más el ordenador para hacer bocetos a color. He ilustrado un libro empleando sólo el ordenador, y quedaba bien, pero no quiero volver a hacerlo. Me gusta trabajar con los pinceles y los colores, sobre el papel, y poder tener los originales en las manos. Lo que me preocupa es que ciertos materiales no se mantengan siempre inalterables, como el acrílico o el óleo”.
* “Siempre he intentado transmitir sensaciones, sentimientos y emociones. La alegría de un encuentro, la tristeza, la soledad, el miedo, la amenaza de una figura entre la niebla, un especial brillo de la luz en el agua y, en fin, todo lo que facilite a los niños implicarse emotivamente con lo narrado. También me interesa que los pequeños puedan ver representados los ambientes en los que transcurre la aventura, que no siempre están descritos en el texto o que no podrían imaginar con la simple lectura. A veces eso requiere cierto trabajo previo de documentación, aunque luego no se note, porque mi interpretación visual no resulta, evidentemente, realista o naturalista”.

* “Los animales me parecen tan capaces de expresar sentimientos y emociones como los seres humanos, sean niños o adultos. Y me encanta ilustrar historias en que aparezcan como protagonistas o tengan un papel importante en la narración, sean perros, gatos, patos, osos o elefantes. Creo que lo que los animales aportan a mis ilustraciones es variedad, notas de humor y cierta gracia expresiva y tierna”.
* “Después de tantos años de dedicación profesional sigo deseando crear ilustraciones con cierto encanto que puedan disfrutar los niños”.
Y parece que los niños que le estén viendo en las alturas disfrutarán con sus imágenes (3).

(1) Desde 2008 Ulises Wensell no ha tenido presencia como entrevistado en revistas especializadas. La entrevista anterior, publicada en el año 2005 y hecha en 1998, se puede leer en la revista Babar: http://revistababar.com/wp/?p=213
(2) La totalidad de la entrevista puede leerse en el número 84 de la revista –páginas 51 a 61- y verse sus ilustraciones en la cubierta y en la galería a él dedicada– páginas 101 a 108-. Todo el número puede leerse en: http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01371963233494974112257/210312.pdf?incr=1
(3) Un buen número de ilustraciones puede verse en el portal que su amigo Jaime García Padrino realizó para Cervantes Virtual. En sus páginas está todo sobre su obra. Puede verse en: http://bib.cervantesvirtual.com/bib_autor/uliseswensell/

viernes, 2 de diciembre de 2011

UN BUEN LIBRO DE AVENTURAS, ¡POR FIN!

Pocos son los libros que pueden destacarse del aluvión de novedades que se publican en la LIJ. Si la novedad es del género fantástico –muy de moda- y de aventuras en el mar, parece que encontrar una novela original, interesante y de calidad es tarea harto difícil. Pero haberlas, haylas y toparse con Camino a Aletheia es un encuentro dichoso.

La novela nos relata la vida de Marion, capitana del velero Ketterpilar, que huyendo de su pasado se encuentra en medio de una lucha entre una papisa tiránica y una logia de amantes de la verdad. La heroína es conocida por sus destrezas marinas, aprendidas durante años de un hombre del que al final se enamora. Marion se encuentra con  Augur, un extraño personaje que habla con los pájaros, y su vida se acelera, yendo de las cumbres al fondo del mar (en un divertido episodio donde habla y vive como lubina), del trato con marineros a las pruebas de valentía e inteligencia que tiene que afrontar en esa isla de la verdad que es Aletheia.

Un libro de aventuras que se mueve en varios planos –intrigas, búsqueda, magia milenaria, lucha del bien y el mal-, siempre con el mar como eje de unión. Un mar donde las virtudes de la protagonista se agigantan y que es el lugar de las tormentas y los misterios. Unos cuantos tiene que resolver Marion y todos esperados con pasión por un lector sorprendido por una novela como las de antes, bien escrita y con gran dominio de la acción, frenética en algunos capítulos. Y sorprende más que sea la primera obra de una autora (La Plata, Argentina, 1978) que apasiona y sabe crear un mundo fantástico que se parece mucho al mundo real, traidor incluido.

Una novela juvenil que la autora piensa continuar en otros libros, alguno ya escrito, en una saga que promete más aventuras y más coincidencias, ahora amorosas.

Camino a Aletheia
Autora: Victoria Bayona
Ilustraciones: Victoria Bayona
Editorial: Norma, Buenos Aires, 2011. $60 (sesenta pesos) (Paréntesis: ¿por qué es tan difícil saber el precio de un libro en Argentina?). 336 páginas.
Para conocer el avance publicitario del libro (y las ilustraciones de la autora) en 40 segundos:
Para conocer un poco a Victoria Bayona:

lunes, 31 de octubre de 2011

SOBRE PREMIOS Y SUS FRONTERAS

En este mundo de la Literahartura Infantil existen dos instituciones más bien europeas –una con pretensiones de mundialidad- que otorgan galardones a escritores, ilustradores e instituciones que se ocupan de los libros para niños. Hablamos del Premio Andersen y del Premio Astrid Lindgren. El primero solo sabe hablar inglés –con alguna excepción cada decenio- y el segundo recorre el mundo continente a continente, que los suecos son muy viajeros y gustan de las islas y países lejanos. El primero es honorifico y con dudas sempiternas sobre su limpieza (premiado europeo, blanquito, anglosajón y con obras que publica gente muy relacionada con la institución). El segundo está bien remunerado y sus recompensados pasan una semana de ensueño en Suecia, arenques y smörgasbord incluidos.
Y saliendo de Europa, el continente americano del norte y del sur tiene sus listas de premios anuales, curiosas ellas pues ni los norteamericanos del norte premian a los argentinos o venezolanos, ni los venezolanos se premian a sí mismos o a los argentinos. De ellos quiero hablar.

Premios con retardo
Hay dos entidades en América del Sur que todos los años premian los libros mejores del año. Una es argentina y otra venezolana. La primera –ALIJA- gusta de salir de sus fronteras para premiar libros editados en México o España, destacar libros ya premiados hace años o nombrar poeta del año a un uruguayo ilustrado por un español; nada malo si no fuera que su objetivo es potenciar los autores y editores argentinos. Suelen equivocarse de vez en cuando en los años de edición, dando galardones con retraso a libros de hasta un lustro de antigüedad. Pueden verse los galardonados en: http://www.imaginaria.com.ar/2011/04/ganadores-de-los-premios-%E2%80%9Cdestacados-de-alija-2010%E2%80%9D-argentina/

Pero en esto de retardos el campeón es el Banco del Libro venezolano que en su XXXI edición de “los mejores libros hispanoamericanos para niños” tiene un 66 % de libros que no son del año 2010. Gustan premiar a los publicados en el 2007 (un 24 %), editados en España (el 63 %) o de autores no hispanoamericanos (el 45 %). Parece que les gustan los libros de una editorial barcelonesa, dando preeminencia a lo contrario que publicitan como objetivos: ni un solo libro para bebés y un solo libro venezolano. También nombran mejores del año a libros premiados en el 2008 o a segundas ediciones. Para ver la lista de este año, anunciada el pasado 29 de abril: http://www.bancodellibro.org.ve/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=1236&Itemid=528
Es misterioso –los misterios de la LIJ- que ambas selecciones de libros no tengan una sola coincidencia y que a los venezolanos no les guste ni un solo libro argentino. A aquellos tampoco les gustan los libros editados en la propia Venezuela o los chilenos (uno sola mención para estos países). Solo les parecen agradar los libros editados en Colombia, España y México. Parece que se debería cuidar los criterios de selección de tan importantes instituciones  y la propia selección anual. Ah, y abrirse a otras culturas hispanoamericanas.

Otros premios que no coinciden con nadie

La Latino Literacy Now es una asociación neoyorquina que premia a los libros editados en el mundo latino, infantiles incluidos. Los Latino Internacional Book Award 2011 no coinciden con nadie, pero deben ser cosas de las distancias, infinitas fuera de las fronteras estadounidenses. Hay algún libro editado en España entre los galardonados (de la editorial aragonesa Cuento de Luz), que en el apartado infantil repiten recompensa los mismos nombres y editoriales. Deben ser cosas de los auspiciantes, que si son de Platino pueden hablar siete minutos en la entrega de premios, si son de Oro cuatro minutos y los “pobres” de Bronce solo dos minutos. Puede leerse todo esto en: http://www.lbff.us/international-latino-book-awards.html

sábado, 29 de octubre de 2011

ESCRITORES ARGENTINOS 1: LILIANA BODOC

Argentina tuvo –y tiene- una generación de escritoras que pensaron en los niños y les dedicaron sus mejores obras. María Elena Walsh, Ema Wolf, Graciela Montes, Laura Devetach o Graciela Cabal, nacidas en las décadas de 1930 y 1940, tienen una muy estimable sucesora en una escritora santafesina que escribe desde las serranías preandinas: Liliana Bodoc. Liliana irrumpió en la literatura con una trilogía excepcional –La saga de los confines, toda una épica fantástica- que ha continuado en una quincena de libros. Narradora excelente y gran conversadora nos abrió su mundo en una Buenos Aires llena de libros. Comienzo con ella una galería de escritores e ilustradores argentinos.

 ¿Cómo surgió en ti la escritora para jóvenes, la escritora de una saga?

La verdad es que ambas cosas surgieron un poco por separado, porque, a decir verdad, cuando me puse a escribir La Saga de los Confines no pensé, no elegí conscientemente hacerlo para jóvenes. Pero parece que sí lo hice. De hecho, eso fue lo que dijo el editor, el único que se avino a “arriesgarse”, la palabra que utilizó, con La saga. A mí me puso tan contenta que empecé a pensar seriamente en la literatura infantil y juvenil, cosa que no había hecho hasta ese momento, algo que no me enseñaron a hacer en la Academia. Encontré ahí un mundo tan completo, tan impresionante y tan rico como el de la literatura sin adjetivos.

La creación de una saga es algo difícil, largo. Parece que tardaste ocho años en hacerlo. ¿Podrías contarnos cómo fue el proceso?


Foto: Fernando Calzada - Gentileza SM
Es algo complejo y también maravilloso. Si hablamos de todo lo que fue el trabajo bibliográfico previo, armar los continentes, las culturas con sus costumbres y sus modos de pensar, hasta sus “filosofías”, sí, más o menos ocho años. Es un trabajo de rompecabezas, un trabajo un poquito de demiurgo, de ir inventando un mundo. En  mi caso particular debo decir que siempre estoy muy aferrada a lo histórico, a lo cultural, a lo antropológico. A veces me dicen -y lo agradezco-  “¡cuánta imaginación!” y yo digo “cuánto robo”, cuánto hay tomado de lecturas previas.

La magia está ahí en La saga, magia buena, magia mala. ¿Qué es para ti la magia?

La verdad es que para mí la magia es una cuestión seria. Quiero más o menos explayarme en esto para que no se me malinterprete. Sé que la magia cayó, en la redada del mercado, con otro montón de cosas. Sé que el pensamiento mágico, lo que ejerce la fascinación y la intuición, están muy degradados, muy malvendidos y muy mal comprados. Sin embargo, creo que el pensamiento mágico le ha aportado cosas importantísimas a la humanidad y se las sigue aportando. Pensamiento mágico en función de esto, de lo que está aún por descubrir, de lo muchísimo que la razón no puede explicar todavía, felizmente. Me parece que es una forma de conocimiento, que la razón conoce de un modo y la intuición y la fascinación conocen de otro. Y, de alguna manera, esas dos mitades van armando algo que se parece a la verdad.

La ficción es el género que más has cultivado. Para ti tiene un potencial extraordinario. ¿Por qué lo utilizas?

Creo que a la ficción no se le puede pedir todo. A veces se le pide que cambie el mundo, y me parece que es mucho para sus pobres espaldas. Pero sí creo que se le puede pedir mucho más. Se le puede pedir mucho más en la educación, se le puede pedir mucho más en el socorro, en el amparo de niños problemáticos, desde chicos con problemas psicológicos hasta chicos con problemas de salud; se le puede pedir mucho más en las familias; se le puede pedir mucho más en la historia individual de cada uno de nosotros. Porque a mí me parece que la ficción nos foguea en la emoción. Nos pone fuerte el ánimo. Nos pone fuerte la templanza, la imaginación; nos abre ventanas, nos hace ver cosas que de otra manera no veríamos jamás. Nos hace entender cosas que de otra manera no entenderíamos jamás. Y me parece que es muy poquito lo que se le pide en contra de lo muchísimo más que nos puede ofrecer, como individuos y como sociedades.

¿Y qué se puede pedir a la ficción para niños?

A la ficción para niños se le puede pedir que los apasione. Se le puede pedir que baje el dedito admonitorio de lo que se debe y lo que no se debe. Se le puede pedir que los maraville, que los deslumbre, que los asuste, que los haga reír, que los conmueva. Y se le puede pedir, básicamente, que les permita entrar en crisis. Una crisis acorde con su realidad, con sus fuerzas, con su musculatura, pero al fin, crisis. Y obviamente, transformación.

¿Cómo ves al bien y al mal en la actualidad, en tus historias y en el mundo?

Puedo entender -y de hecho hago un trabajo por entender- que vivimos inmersos en los grises. Sé que es así, todo el tiempo es así, en mi vida, en la vida de mi vecino, en la política…  Sin embargo, hay un lugar en el que a mí me gusta plantarme. Hay un tango que dice “El bien es bien y el mal es mal” y a mí me parece que es bueno que un hombre tenga un límite que no trasponga. Me preocupa mucho que el gris nos haga creer que todo es posible.

Una frase tuya es “Hay que reconstruir las palabras”. ¿Puedes explicar un poco esta idea, sobre todo para el mundo infantil?

A mí me parece que los adultos, y especialmente los docentes, tenemos que volver a pensar en las palabras como fundantes de la condición humana. Hay que volver a apasionarse con las palabras; las palabras pronunciadas, las palabras escritas, el origen de las palabras, el cambio de las palabras, la mentira de las palabras. Creo que nos estamos olvidando de que en realidad estamos hechos de eso, en gran medida. Y me parece que a veces uno habla de la literatura sin pensar que el paso previo, indispensable, es volver a enamorarnos de nuestra lengua y de nuestras palabras.

“La literatura posee poderes curativos”. Explícanos esta idea tuya, solución a muchos problemas humanos.

Vamos a ir hilvanando cosas. Esto tiene que ver con el pensamiento mágico. Todo esto empezó una vez que yo, estando mal del hígado y siendo una persona propensa a asustarme mucho cuando no estoy bien de salud, tratando de apaciguarme a mí misma, además de los medicamentos, me recitaba una de las estrofas de la Oda al hígado de Neruda: “(…)/ de ti,/ monarca oscuro,/ distribuidor de mieles y venenos,/ regulador de sales,/ de ti espero justicia:/ Amo la vida: ¡Cúmpleme! ¡Trabaja!/ No detengas mi canto.” Y yo juraba y perjuraba -y sigo haciéndolo- que a mí eso me ayudó a curarme. ¿Y por qué no?

Con esto llegamos a un tema que está en tus libros: la muerte. Mostrar la muerte a los jóvenes es algo verdadero, pero de la forma que tú lo haces es darles la realidad. ¿Por qué está tan presente la muerte en algunos de tus relatos y sobre todo en Los días de la Sombra?

Se me aparece una primera respuesta, obviamente biográfica pero no por eso desdeñable, porque uno escribe desde lo que le pasó, también. Tiene que ver posiblemente con la muerte de mi mamá cuando yo era muy chica. Y esto lo voy notando a medida que pasan los años. De manera que seguro que hay un momento de muerte, que fue un punto de inflexión en mi vida, como seguramente en la de cualquier niño al que le pasa eso. Pero a mí me interesa hablar de la muerte en función de apartarla de la pura individualidad. Se muere esta forma que soy, se muere esta organización molecular, pero esta organización se transforma en otras cosas. A mí me alivia mucho pensarlo de esa manera. Claro que no es un pensamiento mío, es un pensamiento milenario, que cuesta asimilar. Uno puede decirlo, pero de ahí a sentirlo… Pero me parece que hay que hacer un ejercicio en este sentido, y recordarse a uno mismo que uno es una organización transitoria, que felizmente, nada nuestro, nada, se pierde. Todo va a volver de otra manera. Y me parece importante también presentar este concepto de la muerte a los chicos.

En tus novelas se nota mucho el trabajo que hay detrás, con muchos juegos de coincidencias a veces increíbles. ¿Te gusta esto de jugar con las coincidencias?

Sí, me parece que es uno de los encantos más grandes de la literatura. En general no me dejo llevar demasiado por el instinto. La inspiración a mí no me va, no me sirve demasiado, me sirve a ratos. A mí me gusta en cambio el trabajo analítico previo, me gusta pensar, me gusta armar estas supuestas coincidencias que van a ocurrir. Me gusta entrelazar las tramas, saber que esto que digo acá en la novela va a resultar en aquello que voy a decir más allá. Y después de todo ese trabajo -que disfruto mucho- me largo a la escritura propiamente dicha. Ahí me relajo un poco más.

Ahora que ya tienes más de diez años de obra escrita, ¿qué quieres legar a tus lectores? ¿Una visión optimista del mundo?

Sigo pensando que este mundo así no cierra. Que hay muchísimas posibilidades de que sea mejor, mucho más justo, mucho más humano. Y jamás dejo eso de lado a la hora de escribir. Jamás me desentiendo de este mundo, de la esperanza –utópica dirán muchos, y a mí me importa poco- de transformarlo. Jamás. Siempre pienso que escribir tiene que ver también con aportar para transformar el mundo.
 

Liliana Bodoc nació un día de julio de 1958 en la ciudad ribereña de Santa Fe, Argentina. A los cinco años se traslada a Mendoza, cerca de cordilleras y montañas, donde estudió y se licenció en Letras. Ejerció la docencia, tuvo dos hijos y con un libro bajo el brazo logró que en el año 2000 le fuera publicado Los días del venado, la primera parte de una trilogía que cautivó rápidamente a los lectores de novelas fantásticas que esperaban ansiosos primero Los días de la sombra (2002) y luego Los días del fuego (2004). El éxito le llevó a seguir publicando otros libros para jóvenes, con alguna pequeña aventura literaria en los campos del teatro y los cuentos ilustrados para primeros lectores. La saga de los confines, titulo de la trilogía, cruzó fronteras y ha sido editada en varios idiomas y publicada en España por Edhasa. Premio Barco de Vapor argentino 2008, sus libros son recomendados por el sistema clásico del boca a boca, ganando por este sistema miles de lectores en colegios, institutos y apasionados de la buena literatura. Candidata al premio Andersen 2010, puede recibirlo algún día cuando los jurados de las Tierras Antiguas sepan dónde están los confines de la fantasía, allá por el extremo sur de las Tierras Fértiles.

Sus libros, por año de edición:

(2000) Los Días del Venado Norma, Buenos Aires.
(2002) Los Días de la Sombra Norma, Buenos Aires.
(2003) Diciembre súper álbum Alfaguara, Buenos Aires.
(2004) Sucedió en colores Norma, Buenos Aires.
(2004) Los Días del Fuego Norma, Buenos Aires.
(2004) Adiós a las puntillas, Portantos y Doña Cata y la gitana (teatro)
(2007) La Mejor Luna Norma, Buenos Aires.
(2007) Memorias Impuras Planeta, Buenos Aires.
(2007) Reyes y Pájaros Norma, Buenos Aires.
(2008) Amigos por el Viento Alfaguara, Buenos Aires.
(2008) El mapa imposible Alfaguara, Buenos Aires.
(2008) El espejo africano SM, Buenos Aires.
(2009) Presagio de Carnaval Norma, Buenos Aires.
(2010) El rastro de la canela. Amor y libertad en mayo de 1810 Norma, Buenos Aires.